martes, 1 de diciembre de 2015

TayTodos: 26. Rey muerto.

Abrimos hoy con la gran noticia de haber superado las 27.000 visitas al blog. Así que el próximo martes, al ser festivo no tendremos capítulo de TayTodos, pero en su lugar tendremos una publicación muy especial para celebrar este hito y el segundo aniversario del blog, precisamente el mismo día 8 de diciembre. No os lo perdáis que traeremos alguna sorpresa, seguro.
Hoy tenemos el capítulo número veintiséis de la novela colectiva que casi sin darnos cuenta está llegando a su punto álgido. Cada semana crece la intriga y la trama atrapa más a nuestros personajes hacia un oscuro destino.
A continuación os dejamos una serie de flashes para que refresquéis la memoria sobre la situación de la trama:
  • Jorge duda de que la información que les brinda el Jefe Costa sobre Carolina sea cierta. No puede ser que esa niña tan dulce sea una de las cabezas de la trama...
  • La situación ante sus superiores de Jota empieza a ser insostenible. Finalmente decide cantar y colaborar aunque así no cumpla su palabra con Carolina (algo que le agrada por otra parte ya que así ella no tendrá que cumplir su parte del trato y alejarse de su padre).
  • Luca concluye su reunión con Venancio y se instala en un hotel a la espera del momento de actuar. Su intención real es eliminar a Venancio y su mujer, nadie deja plantada de esa forma a la mafia siciliana sin pagar las consecuencias. Y por supuesto no iba a eliminar a esos desgraciados de los que Baby Face le había hablado.
  • Jorge continúa con la declaración de su hijo pero dulcifica la versión para que su chica no aparezca como la mayor culpable del asunto.
  • Venancio llama a Nerea por la que siente una enfermiza obsesión. Necesita verla. Tras ponerle al corriente de su entrevista con Il Capo es la joven la que pasa a la acción y flirtea con el gordo mafioso hasta tener una sesión de sexo con la que se asegura mantener enganchado al empresario.
  • Sergio, tras su vuelta al hogar paterno, no deja de pensar en Clara. Decide llamarla pero ella está ocupada y posponen la cita para otra ocasión. No puede sacarse a esa mujer de la cabeza.
  • El Inspector Jefe Costa, tras escuchar la declaración completa de Jorge y Jota, decide proponerles un trato...
¿De qué tratará el citado pacto? ¿Conseguirá Sergio estar con Clara finalmente? ¿Conseguirá Nerea deshacerse de Venancio? ¿Cómo actuará Il Capo, y por cual de los miembros de la familia Renovalles comenzará su particular "limpieza"? ¿Cual será el próximo paso de la policía? ¿Y de Montana, del que hace un par de capítulos que no sabemos nada y también quiere eliminar a Baby Face y huir con Mirka? Muchas incognitas por resolver...
Aquí os dejo el enlace para que podéis repasar capítulos anteriores con más detalle. En la siguiente dirección encontraréis todos los publicados hasta la fecha, incluido el del pasado martes: Taytodos

¿Quién será el creador del capítulo de la semana pasada? En esta ocasión se trata de nuevo de otra autora que tras su reconfortante experiencia del año pasado en la novela colectiva de 2014 (Nuestra historia) ha accedido a participar de nuevo este año. Como es habitual nos ofrece grandes capítulos y parece que se está especializando en introducirse de forma brillante en la mente de los personajes femeninos más complicados de cada novela. Si el año pasado nos maravilló con su visión de Olga, este año entiende como nadie a Nerea y al resto de personajes de la trama; y aunque su capítulo tiene muchísimas cosas más que destacar, me quedo con este detalle. Narra a la perfección la situación de todos los personajes, cada uno desde su prisma particular (lo que hacen y lo que sienten o piensan en cada momento).
Con estos capítulos que nos ofrece sólo nos queda por decir que es un privilegio contar con ella siempre que quiera, que esperamos que sean muchas más veces. Una gran maestra que además nos ayuda con la ortografía continuamente, y si el tiempo se lo permitiera estamos seguros de que todavía su implicación sería mayor. Gracias de nuevo a... Barbara López Díez

Ahora sí os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste. Besetes a tod@s. Nos leemos.


26. Rey muerto.

El italiano había despertado la curiosidad de Mirka, y ésta con aire inocente se acercó a Clara y le hizo saber de la visita del capo sin darle mucha importancia.
—Nunca he estado en Italia, me gusta como suena el italiano.
Clara la miró y con cara de no saber a qué venía el comentario de la polaca pero intuyendo, de forma instintiva, que no era gratuito la interpeló:
—¿El italiano?
—Sí, estaba pensando que será la próxima lengua que aprenda: polaco, inglés, español e italiano. Se me ha ocurrido al escuchar al amigo de tu marido, un italiano muy elegante, creo que le ha llamado Luca, y a juzgar por el abrazo que se han dado pensé que eran viejos amigos.
—¿Aún está en la sala?
—No sé, ¿quieres que mire?
—No. Llévate a Mario al jardín.
Clara sintió como se le encogía el estómago, conocía bien como se las gastaba la mafia siciliana y sabía perfectamente que si Luca Antonelli estaba en el salón de su casa algo importante estaba pasando, algo que Venancio no podía o no quería resolver directamente, y que seguro que tenía que ver con el NC.
Clara desconocía el pacto entre su marido y “La Jefa”, tal vez había subestimado a Nerea. Aunque también desconocía que los verdaderos objetivos del sicario eran ella y su marido.

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El brusco giro de Costa sobre el tacón de sus zapatos con un movimiento similar al de una peonza dejó sin aliento a padre e hijo, que ni siquiera podían pestañear  esperando que el inspector concretase en que podía consistir el pacto que les iba a ofrecer. ¿Qué podían tener ellos que  el inspector necesitase? Ya le habían dado toda la información de que disponían y además estaban en sus manos.

Costa, que había captado los sentimientos que Carolina despertaba en el madurito, planteo su estrategia. Él sería el cebo para llegar a Nerea a través de de la joven rubia. Jorge debía convencerla para localizar el laboratorio clandestino donde se fabricaba el compuesto, y la documentación que relacionara a Nerea con la señora y la red de distribución de Baby face, contactos, cuentas… No era tarea fácil, sobre todo porque Carolina, a la que se le daría “un trato especial” a cambio de su colaboración, se convertiría en una testigo de cargo con el riesgo que eso implicaba. Jorge era consciente de ello. Durante su exposición Costa dejó claro que la aparición del italiano en escena  podía responder a la necesidad del capo de deshacerse de la competencia, con lo que la dulce Carolina se convertía en el objetivo de Baby Face y su recién contratado asesino a sueldo y muy posiblemente de la propia Nerea, su socia tras comprobar su traición liberando a Jorge.

Los argumentos de Costa parecían no dejar otra salida. Jorge debía contactar con Carolina. Las dos generaciones de Jotas entrecruzaban sus miradas buscando el uno en el otro una respuesta, ¿Cómo habían podido llegar a esta situación?

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Montana no se separaba del móvil, se encontraba muy recuperado gracias a los cuidados de Rebeca, recibía constantemente mensajes de Mirka a los que respondía de forma inmediata. Parecía un caballo en el cajón de salida del hipódromo, inquieto, nervioso, esperando el pistoletazo para salir corriendo.
Su amigo Luis lo observaba en silencio, lo conocía bastante bien, tenía la imagen del típico cachas de gimnasio, supercolega con los tíos  y perdonavidas con las chicas. Montana no era muy listo, pero sí consciente de que no lo era, por lo que solía comportarse con  bastante precaución. No confiaba en casi nadie y había pocas cosas que despertaran su ternura y menos que le hicieran correr riesgos. Mirka despertaba en él estas emociones, sentía la necesidad de cuidarla, de protegerla, de ser mejor para ella.
Durante unos segundos Montana se quedó con la mirada perdida, dio un profundo suspiro y se levantó del sofá en dirección al dormitorio, cogió una bolsa de deporte del armario y cuando enfilaba hacia la puerta de la calle, su compañero de piso le dijo:
—¿Vas al Gimnasio? No creo que estés para eso todavía, ¿por qué no esperas unos días?
Dando por supuesto que, en la bolsa de deporte que Montana llevaba en la mano, estaba la ropa del gimnasio.
Montana sin girar la cabeza contestó a su amigo:
—Luego vengo, estoy bien.
Y salió sin más explicaciones


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    Venancio envuelto en sudor y satisfecho con su nuevo juguete sexual, intentaba recuperar el aliento mientras Nerea de un salto se ponía en pie sacudiéndose el pelo enérgicamente como si esas sacudidas la fueran a librar de la sensación de asco que la invadía mientras se decía a sí misma que aquello solo eran negocios.
—Bien, hablemos de negocios nena. ¿No tienes algo para mí?
—No te engañes socio, no soy estúpida. ¿Tengo que recordarte los términos de nuestro acuerdo? Iremos a medias, sí, por supuesto, una vez cumplas con tu parte y elimines... los cabos sueltos incluida tu mujer. Y espero que te des prisa, el tiempo pasa, y Clara también estará tomando sus medidas.

Nerea no esperó respuesta, giró sobre si misma con un gesto de suficiencia y se dirigió a la salida haciendo sonar sus tacones, de repente paró en seco y con una dulce sonrisa miró al narco y con voz aniñada le guiñó un ojo y le dijo:
—Espero tu llamada... impaciente… socio.

Venancio tardó unos minutos en procesar lo ocurrido. Le resultaba muy excitante esa narco-barbi. Permaneció en aquella nave un buen rato, hizo varias llamadas y vació una pequeña petaca plateada que llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Hasta que con gesto de haber trabajado una dura jornada se dirigió a su coche, cuando estaba frente a la puerta del vehículo un silbido cortó el aire y tras un chasquido la luna del coche se llenó de espesas salpicaduras de sangre que resbalaban por el cristal lentamente. Luego silencio, solo se oían los grillos. Unos segundos más tarde, se escuchó el sonido del motor de un coche alejándose a toda prisa. El cuerpo de Venancio se quedó tendido en el suelo casi entre las ruedas del coche, boca abajo, inmóvil.



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Nerea subió las escaleras corriendo, abrió la puerta del piso, entró y la cerró de un portazo. Sin girarse, lanzó el bolso al suelo y se dirigió al baño, abrió el grifo de la ducha y se quitó la ropa como si ésta le quemará la piel. Acto seguido se metió bajo la ducha. Permaneció allí durante casi un cuarto de hora, se enjabonó varias veces. Cuando consideró que ya no quedaba en su cuerpo ni rastro del olor de aquel baboso se envolvió en un albornoz de felpa rosa que colgaba de la percha y se fue a la cocina, necesitaba relajarse. Preparó una infusión de frutos rojos y se acurrucó en el sofá, con la taza entre la manos y aspirando profundamente su aroma como si se tratase de un perfume caro.
Tranquila, tranquila, se repetía a sí misma una y otra vez, todo saldrá bien solo queda esperar.
Sonó el toc- toc  del whatsapp,  saltó del sofá y recogió el bolso del suelo, buscando el teléfono como si en ello le fuera la vida, había un mensaje de Carolina:


“ Tenemos que hablar”


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  Estaba anocheciendo cuando sonó el timbre en la lujosa mansión de Baby face.
 Mirka jugueteaba con Mario, mientras este hacía la cobra a su madre cada vez que ésta intentaba obligarle a ponerse el pijama. Clara, en un momento de exaltación maternal, consecuencia de la angustia que le había provocado el secuestro del pequeño, había dedicado todo el día a su hijo, en exclusiva, y eso incluía hacerle la cena al pequeño, una cena para la que había desplegado todas sus dotes culinarias que lamentablemente eran muy pocas. Aun así, el chaval disfrutó de un gran tazón de crema de calabaza y un filete de ternasco un pelín chamuscado, aunque lo importante no era el menú, Mario no solía disfrutar de la compañía de su madre a la hora de cenar, casi siempre cenaba con la chica del servicio, con lo que esta cena “casi familiar” era todo un evento para Mario.
 La escena resultaba tierna incluso hacía parecer a sus protagonistas mujeres “normales”.

Mirka se lanzó hacia la puerta, se sentía segura porque “La Señora” estaba en la casa y sin comprobar quien llamaba abrió la puerta de par en par.

—Buenas noches, policía nacional, buscamos a la Señora Clara Silva, ¿se encuentra en la casa?

Los policías se identificaron mostrando su documentación, ambos tenían una estatura similar, parecían bastante jóvenes, uno de ellos miraba sobre los hombros de Mirka como buscando algo, mientras el otro, miraba fijamente a los ojos de la joven a la espera de una respuesta.
Sin dar tiempo a Mirka para responder apareció Clara a su espalda.

—Buenas tardes, soy Clara Silva. ¿Qué ocurre?
—Buenas tardes señora. Lamentablemente hemos de comunicarle que ha sido hallado un cadáver que parecer ser es el de Venancio Renovalles, su esposo, es necesario que nos acompañe.
El silencio inundó la entrada de la mansión, Clara trataba de procesar la información buscando una reacción adecuada para una sorprendida y desolada viuda. Al mismo tiempo intentaba localizar, mentalmente, entre todos los posibles interesados en acabar con la vida de su marido, que dicho sea de paso eran muchos, la opción más acertada. Estaba confusa, no podía pensar con claridad. Tras unos segundos, miró a los dos policías y con un hilo de voz dijo:

—Disculpen necesito cambiarme, Mirka por favor ocúpate de Mario y ni una palabra de esto al niño.

No había nadie más en la casa, solo Mirka y el pequeño Mario. La joven se limitó a asentir con la cabeza y siguió a Clara hasta el dormitorio en silencio  como un perrillo faldero, una vez en el dormitorio Clara cerró la puerta.
Después se dirigió al vestidor. No tardó apenas diez minutos en cambiarse de ropa, era fácil escoger, un vestido negro era lo más apropiado, satén, ¿por qué no? La prenda resbalaba por su cuerpo denunciando cada movimiento de sus caderas mientras caminaba sobre unos tacones de diez centímetros. Antes de ir al encuentro de los agentes que la esperaban en la entrada ensayó un gesto de dolor frente al espejo del tocador.

—Lista agentes, cuando quieran.
Mientras se dirigían hacia el coche Clara buscó la mirada de uno de los agentes y con voz entrecortada:

—Agente ¿puede decirme como ha muerto mi esposo?
—Señora en cuanto lleguemos  a comisaría  el teniente Lopez le explicará.


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    Sergio no estaba seguro si era buena idea continuar en casa de sus padres, no conocía las verdaderas dimensiones del follón en el que se había metido, y a pesar de todo lo vivido, no podía creer que Nerea, esa chica ordenada, metódica, que pasaba su jornada laboral rodeada de niños, juguetes y cuentos infantiles estuviese metida en algo tan sórdido.
Este pensamiento ocupaba su mente solo por unos segundos, enseguida, su imaginación le llevaba de nuevo a la fascinación que sentía por esa cuarentona que le hacía hervir la sangre, lo cierto es que ella ocupaba su pensamiento por completo, hasta el punto de no ser capaz de pensar en otra cosa.

Llegó hasta la casa familiar y entró sumido en estos pensamientos. Al entrar chocó con su padre que salía de la cocina con platos y vasos en las manos.

—Justo a tiempo hijo, la cena está lista.
—Hola papá, no tengo mucha hambre.
—Vamos, cenaremos juntos, te prometo que no habrá interrogatorios.

Sergio le sonrió, lo que menos tenía era hambre, y tampoco ganas de una sobremesa que seguramente estaría salpicada con alguna pregunta incómoda sobre su relación con Nerea, preguntas que su padre había prometido no hacer, y que dicho sea de paso, no tenía interés en contestar.

Los tres se sentaron a la mesa. Sergio para evitar una conversación profunda o un silencio incómodo, encendió la tele, con la excusa de ver las noticias mientras cenaban, aun sabiendo que a sus padres no les agradaba que durante las comidas la televisión estuviese puesta, ésta era una de esas normas sagradas que ya desde niño le inculcaron en casa. Aun así la encendió.
Sergio tenía un trozo de tomate en la boca cuando escucha:

“Ha sido hallado un cuerpo, en un polígono industrial  a la afueras de la capital. Se trata de un hombre de aproximadamente unos cincuenta años apodado Babyface, y relacionado con el tráfico de drogas, fuentes oficiales trabajan la hipótesis de que podría tratarse de un posible ajuste de cuentas”.

El tomate se quedó cruzado en su garganta y Sergio en un intento desesperado por respirar empezó a toser, los ojos le lloraban y le ardía la cara por la congestión, hasta que por fin consiguió expulsar el trozo de aquella hortaliza que por poco le cuesta la vida y recuperar el aliento.

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