martes, 3 de noviembre de 2015

TayTodos. Capítulo 22: Pacto desesperado.

Segundo capítulo de esta temporada, y número 22 de la novela colectiva que este año nos tiene enganchados.
Arrancamos con el resumen de lo acontecido la pasada semana. En el capítulo 21 (Dios nos cría, el viento nos amontona), que abrió la temporada pasada nuestros personajes quedaron así:
Rebeca acude al piso de Montana para auxiliar al chico por el que siente tantas cosas. Tras practicarle una cura y recapacitar sobre su situación actual llega hasta el gimnasio sin percatarse de que se había excusado diciendo que estaba enferma para salir a socorrer a Montana. Tras su turno se dirigió de nuevo a verlo y este, más recuperado, le dice que tiene algo que contarle...
Finalmente Montana le cuenta que su amor es para Mirka, y que no parará hasta conseguir estar con ella. Conoce toda la historia completa y aun así decide ir a visitar al día siguiente al tullido. Antes de dormir recibe un mensaje de Montana que acelera su corazón. Ella trata de convencerse de que ese chico no es para ella, se acuesta, pero no consigue dormir...
Al día siguiente se dirige al piso de Luis para visitar a Montana cuando descubre que ya no está allí...
Montana va con Mirka a dejarla en la mansión tras su visita cuando casi atropellan a un fugitivo Jorge. Lo reconoce y le ofrece ayuda. Una vez en la mansión, deja a Mirka y le advierte de que tenga cuidado con Venancio.
Marisa sigue con sus habituales labores de limpieza en el gimnasio.
Jorge oye las sirenas de la policía, así que desconecta la tarjeta del móvil para que no puedan rastrearle y se oculta entre la oscuridad del polígono.
Carolina entra en el habitáculo donde se encuentra Jorge y le susurra al oído que esté tranquilo, lo desata, y cuando Nerea se descuida lo saca rápidamente huyendo campo a través. Jorge, sin fuerzas se detiene y le pide explicaciones...
Ante la proximidad de la policía le explica a Jorge que conoció a Nerea en el gimnasio y se adueñó de su vida. Le tiene pánico y obedece todas sus órdenes. Se despide de él diciéndole que es lo mejor que le ha pasado últimamente y que si sobrevive le buscará.
Jota pierde la señal de su padre en plena búsqueda.
Mirka sale de la mansión por la noche a visitar a su amado Montana. Lo descubre mal herido y este le cuenta que Baby Face casi lo mata y que su primo Pavel ha sido asesinado. Ella jura que pagará por todo lo que le ha hecho.
Clara desata a Sergio, su nuevo juguete sexual, y en pleno almacén comienzan a hacer el amor apasionadamente. Después salen del almacén juntos dispuestos a hacerlo desaparecer para que sus socias no lo encuentren. Lleva a casa a su amante y son vistos por Montana y Jorge al dejar a Mirka.
Sergio sumiso, se entrega a los placeres que Clara le ofrece.

Aquí os dejo el enlace para que podéis repasar capítulos anteriores con más detalle. En la siguiente dirección encontraréis todos los publicados hasta la fecha, incluido el del pasado martes: Taytodos

¿Qué podríamos decir del creador del capítulo anterior? Ya he comentado tantas cosas de él que sería redundar. Zarracatallero acérrimo, amigo entregado a la causa y brillante creador de historias y pucheros. Es muy grande compartir proyecto con una persona que ve la vida con la mirada envuelta por el seductor filtro de la portentosa imaginación. Gracias de nuevo por estar ahí, por ser siempre fiel a este proyecto y por ilusionarte con mis ilusiones y hacernos partícipe de las tuyas. Gracias a Eduardo Comín Diarte

Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste. Besetes a tod@s. Nos leemos.


22. Pacto desesperado.

A Nerea, tan caótica y obsesivamente ordenada, no le gustaba dejar cabos sueltos en ninguna de las facetas de su vida: un perfecto trabajo de día, un perfecto novio desde hacía doce años, y una ambición creciente que la estaba convirtiendo de forma acelerada en una bomba de relojería al poseer una nueva droga de diseño que iba a arrasar entre la juventud. Necesitaba tener el control de la situación y en esta última noche lo había perdido por completo. Sergio había puesto fin a su relación, así que se iba al traste su plan de dejarlo limpio tras la boda y emplear toda la pasta que le pensaba sacar tras el divorcio en producir en cantidades industriales el NC
Así habían bautizado junto con su cómplice, socia y amante, Carolina, su nueva droga de diseño que tras años de investigación con animales, la veterinaria había conseguido afinar tanto que sus efectos eran impresionantes. Después llegó la prueba en humanos, y los resultados fueron tremendos. Mediante Clara, habían accedido al círculo de Venancio y sus propios hombres pasaban la mercancía a los pequeños camellos de barrio y discoteca, y así hasta el consumidor.
NC, de Nerea y Carolina, se había convertido en las últimas semanas en la sustancia de moda, y el mundillo del narco estaba expectante porque nadie sabía de donde procedía esa sustancia ni quién estaba detrás de ella. Era el momento de conseguir dinero de verdad, de producir a gran escala, de montar una red de distribución propia, de blanquear dinero y retirarse de la vida pública a vivir de las rentas. Desactivar sus múltiples tapaderas y crear otras nuevas, pero esta vez no de la clase media-trabajadora. Era el momento de instalarse en la esfera más alta de la sociedad. Pero para eso necesitaba cerrar algún que otro asunto…
Cuando comprobó que Sergio, Clara, Carolina y Jorge habían desaparecido sin dejar rastro montó en cólera. Su pequeño ejército de marionetas se había esfumado. Tres de ellos eran totalmente prescindibles, auque controlados dormiría más tranquila, si desaparecían definitivamente tampoco le iba a quitar el sueño. Pero Carolina era diferente… llevaban media vida juntas, la amaba. Además de ser la creadora de la droga y de poder arruinarle el negocio. Su traición era imperdonable.
Algo tendría que hacer… ¿Pero el qué? Necesitaba ayuda. Estaba desesperada, y aunque parecía una locura era su última baza. Se iba a jugar el todo por el todo. Concertaría una cita con él, no había otra salida…

************

Clara se apresuró a ocultar a Sergio en una de las habitaciones del sótano dispuestas para el servicio. Si alguien preguntaba debía decir que era el nuevo jardinero, aunque La Señora le había prometido sacarlo de allí a la mañana siguiente.
Se disponía a dirigirse a su lujosa habitación cuando al acceder por las escaleras a la segunda planta de la mansión, donde se encontraban las alcobas, escuchó:
—¿Quién anda ahí?
La voz de Venancio sonó amenazante.
—Soy yo, Mirka. He bajado a tomar el aire al jardín. No podía dormir…
Venancio relajó el gesto y se aproximó a la polaca, acariciando su carita angelical con su sebosa mano.
—Ya sabes que es lo mejor para relajarse, y poder dormir después —dijo en un sucio y morboso tono.
En ese instante Clara interrumpió la escena haciendo como que llegaba en ese momento, y salvando así momentáneamente a Mirka de una sesión de sexo con aquel mastodonte.
—Una valeriana es lo mejor. Eso, o beber hasta perder el sentido. Venga, todos a la cama.
Ambos se sorprendieron de su aparición, subiendo por las escaleras.
—Y tú, ¿de donde coño vienes a estas horas?
—Cariño, hace muchos años que ambos nos ahorramos las explicaciones. Nos va mejor así, no me montes una escena a estas alturas. Mirka, cielo, a tu habitación, descansa preciosa.
La joven sonrió y rápidamente se escabulló dejando al matrimonio en plena conversación. Al final, la jugada le había salido bien. Seguía allí, dentro de la mansión, contaba con el favor de La Señora y tenía totalmente accesible al gordo de Venancio, al que un día, cuando tuviera un plan de escape con Montana organizado, haría pagar por todo lo que le había hecho sufrir. Su determinación era clara. Mientras tanto, sería la sumisa niñera de Mario, al que adoraba, y de vez en cuando accedería a alguno de los juegos eróticos que la anfitriona le propusiera para tenerla enganchada. Eso sí, cuanto más pudiera evitar a su marido, mejor.
—Y tú, ¿dónde vas tan temprano? Casi no ha amanecido…
—Me acaban de llamar. El negocio se está desplomando. Voy a mi despacho a hablar con los chicos. Algo nuevo nos está arruinando, NC lo llaman. Voy a enterarme de qué demonios es eso y a ponerle solución cuanto antes.

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Luis se disponía a prepararse un suculento desayuno a base de tostadas, untadas con mantequilla y mermelada, un yogur con avena que animaba su tránsito intestinal, acompañados de zumo natural de naranjas recién exprimidas y café con leche. El desayuno continental estaba listo cuando la puerta del apartamento se abrió y junto a Montana apareció un hombre de mayor edad con cara de haber pasado la peor noche de su vida. Tras las oportunas presentaciones Montana acompañó a su huésped hasta el salón y rápidamente se dispusieron a conversar tras unas enormes tazas de café.
—La situación está jodida. No sé que coño has hecho pero en tus ojos veo el miedo del que sabe que está en problemas de los gordos. De momento puedes quedarte aquí si no te apetece volver por casa. Supongo que si te buscan será donde primero vayan, así que ahora vamos a descansar y esta tarde urdiremos un plan. Sé que conoces a La Señora, porque fui yo quién te envié a ella. Y necesitaré a alguien que me ayude a hacer desaparecer al cerdo de su marido. El otro día por poco me matan sus secuaces búlgaros. Estoy vivo de milagro. Y además pagará por todo el daño que ha causado a Mirka. Eso no se lo voy a perdonar. Todavía no sé que papel vas a jugar tú en todo esto pero soy un tío leal. Si nos quitamos de en medio a ese asqueroso tendremos una oportunidad. Podré escapar con Mirka y emprender una nueva vida, lejos, diferente, legal. Supongo que Baby Face está también detrás de tus problemas.
—En realidad no es él quien me atormenta. Ni siquiera sé a quién debo temer. La Señora estaba allí, y Carolina, pero llamaban jefa a una tal Nerea. No sé quién es, ni a qué se dedican esas tres, pero me han arruinado la vida. No sé qué hacer, ni a donde ir.
—Bueno tío, ahora descansa. Cuando despiertes hablamos. Algo tenemos que hacer, no vamos a estar huyendo de por vida.
—No soy ese tipo de hombre… No sé que esperas de mí.
—De momento nada. Ya veremos más adelante.

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Después de toda la noche rastreando el GPS de su padre, y tras una nueva colaboración con la policía, Jota llegaba a casa exhausto. Había perdido de nuevo a ese hombre que últimamente se había convertido en un auténtico desconocido para él. Era imposible reconocer a aquel arquitecto, maduro y sereno que tras la pérdida de su madre se había volcado en él, en ayudarle en sus estudios, en encargarse del abuelo. Ese hombre bueno que se volcó tanto en su hijo y en su padre que olvidó que para mantener su nivel de vida debía trabajar. Tardó en entregar varios trabajos y perdió a sus mejores clientes. Y ahora, tras tener arreglados sus temas personales que tanto le obsesionaban, con su hijo licenciado y su padre conviviendo con él, había empezado a volver al mundillo laboral con cierto auge recuperando el buen nombre que tras una vida dedicada se había labrado entre fascinantes y funcionales diseños. Justamente ahora aparecía todo este embrollo.
Tras una ducha rápida se acostó. Necesitaba descansar un par de horas para seguir tras el almuerzo con la búsqueda. Por la tarde se acercaría hasta la comisaría donde colaboraba a veces para averiguar si había alguna novedad.
No habían pasado ni diez minutos cuando el timbre del piso sonó. Aturdido llegó hasta la mirilla y vio a una joven cubierta por una gorra negra que lucía el logo de una importante marca de ropa deportiva en rosa, gafas de sol enormes y pañuelo al cuello. Era imposible reconocerla.
—¿Quién eres?
—Jota, ábreme —dijo con una sigilosa voz.
—Muéstrame quién eres.
La joven se sacó las gafas, desanudó el pañuelo y se descubrió la melena rubia, que cayó sedosa sobre sus hombros. Los cerrojos de la puerta se movieron estrepitosamente.
—Joder Carolina, pasa. ¿Dónde vas en plan agente secreto?
La joven entró.
—Verás, yo…
—¿Dónde cojones está mi padre? ¿Qué sabes de él? —interrumpió bruscamente el anfitrión una vez cerró la puerta de entrada.
—No lo sé. Jota, he venido buscando ayuda, no sé a donde ir. No llames a la policía, por favor. Juntos podremos arreglar todo este lío. Te necesito.
—¡Joder Carolina! Colaboro con la policía, llevamos toda la noche buscándole. ¿Cómo no voy a llamarles? ¡Cuéntame que sabes!
—Te contaré todo, desde el principio. Pero tienes que prometerme que una vez recuperemos a tu padre, me dejarás marchar. Sin cargos, sin denuncias, y sin rencores. Lo importante es encontrar a Jorge.
—Accedo con una única condición.
—Dime.
—Una vez que mi padre esté a salvo te dejaré marchar como tú dices. Pero será la última vez que le verás. Desde que apareciste en su vida no le has traído mas que problemas. No sé que líos os lleváis entre manos, pero no quiero que vuelvas a aparecer por nuestras vidas nunca más. ¿Entendido?
—Jota, pero es que yo amo a tu padre.
—Esa es mi condición. Si realmente lo quieres, apártate de él. Déjanos en paz.
—No sé si podré…
—O eso, o a comisaría. Tú decides bonita.
Tras unos segundos de duda, y con unas incipientes lágrimas en los ojos, Carolina ofreció su mano derecha a modo de sellar el pacto que le ofreciera la posibilidad de encontrar a Jorge.
Jota estrechó la fina mano de la joven, que rompió a llorar. Él la atrajo hacia si, e intento calmar su pesar.
—Ahora tranquilízate. Todo va a salir bien. Estoy muy bien considerado dentro de las fuerzas del estado y tengo varios contactos a los que recurrir. Pero necesito que me des toda la información. Cuéntame preciosa…

************

Venancio no paraba de dar vueltas por su lujoso despacho. Los gritos e improperios que salían por su boca mantenían a los bárbaros secuaces búlgaros como sumisos cachorros cabizbajos. La situación se estaba descontrolando. Había pagado mucho dinero por la coca que ahora no podía colocar en el mercado, ansioso y saturado de NC.
—¡Atajo de inútiles! ¡Quiero que me traigáis a este despacho al hijo de puta que está metiendo esa mierda! ¡Nos la estamos jugando pero bien!
Los búlgaros no sabían muy bien como reaccionar. No se atrevían a contestar, ni sabían que respuesta dar, ni si la reunión con el jefe del clan había finalizado.
—¡Me cago en vuestra puta vida! —ante la inacción de su pequeño ejercito—. ¡Haced lo que os he dicho, joder! ¡Lo quiero aquí en veinticuatro horas! ¡Hay que solucionar esto antes del próximo fin de semana, si no estamos jodidos!
En ese momento el teléfono sonó. Los guardianes de Baby Face se detuvieron justo en el instante que iban a abandonar el despacho al ver el gesto de su jefe que con el brazo les hacía un ademán para que se detuvieran mientras descolgaba el auricular.
—¿Quién cojones es?
Su interlocutor pronunciaba unas palabras inaudibles para ellos pero que reflejaban en el rostro de Venancio una perplejidad tal, que por primera vez pudieron ver completamente abiertos los ojos del gordinflón, medio cerrados de costumbre a consecuencia de la grasa acumulada en sus párpados.
—¿Qué el creador del NC está aquí? ¡Que suba inmediatamente!
Tras colgar el auricular, y con otro ademán, rápidamente tuvo a los búlgaros en formación ante la inminente llegada del que suponía sería un hombre despiadado y temible. Tras unos segundos de silencio, pronto se oyeron los pasos que se acercaban tras la puerta, que lentamente se abrió y tras otro de sus secuaces caucásico que flanqueó la misma, apareció la fina figura de Nerea.
Venancio relajó un poco el gesto, aunque sus secuaces no desistieron en su pose intimidatoria. Tras la enorme mesa de su despacho la observó en silencio unos segundos. Era esbelta, con un pelo moreno natural recogido en una improvisada coleta y con un llamativo flequillo que ocultaba parte de sus perfiladas cejas. Su nariz era respingona y su boca invitaba al pecado, pero sus ojos le impactaron: enormes, verdes, despiertos, audaces, sugerentes, furiosos.
Se sintió seguro, con otro gesto sus escoltas desaparecieron dejándolos solos.
—Y bien… —rompió el tenso silencio.
—Soy Nerea. Vengo a negociar contigo. Podemos llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.
—¿Tienes la poca decencia de venir a mi despacho, tú sola, y creerte que tienes la sartén por el mango? Explícame por qué no debería matarte ahora mismo y acabar con esto rápidamente.
—Porque yo no compro el NC y lo distribuyo… Yo lo fabrico, soy su creadora. Y ganarás mucho más tiempo y dinero si sigues mi juego.
—Antes de nada. ¿Qué gano yo?
—La fórmula del NC. Para ti. Podrás producir toda la que quieras. No te será difícil distribuirla con la red que ya tienes montada. Eso sí, me reservo el cincuenta por ciento del beneficio.
—Es un alto porcentaje para sólo aportar la fórmula. Tarde o temprano la averiguaré, cuento con laboratorios de producción que pronto descubrirán cuales son sus compuestos.
—Eso te retrasaría bastante. Puede que para entonces tu negocio con la coca haya quebrado. Mi gente está ampliando el mercado, podemos saturarlo a corto plazo con un muy bajo coste y hacer que la gente se olvide del polvito blanco. Será tu ruina —era el momento de jugarse el farol que se reservaba.
—Puede ser… ¿y yo qué tendré que hacer para conseguirlo?
—Muy sencillo. Solamente te pido que encuentres y hagas desaparecer a cuatro personas.
—¿Simplemente? ¿Y por qué no contratas a cualquier matón que te haga el trabajo?
—Porque una de ellas es tu esposa. Prefiero que seas tú quien solucione los problemas en su casa.
Venancio no cambió el gesto. Aunque estaba sorprendido por el desparpajo y la osadía de aquella joven. Se preparó un vaso con bourbon, se reclinó en el butacón y saboreo lentamente el whisky.
—¿Me pides que mate a mi mujer?
—Si tú no lo haces tendré que hacerlo yo. Me ha traicionado. Ella era mi mano derecha en todo esto. Siento decirte esto, pero lleva mucho tiempo conspirando contra ti. Puede incluso que ella haya ordenado que te eliminen. Piénsalo… Y todo por salvar el pellejo de mi ex, con el que por cierto te la está pegando pero bien.
—Dame la lista completa, una hora y te daré una respuesta.
—Sergio Almeida, Jorge Guardiola, Carolina Campillo y Clara Silva. A Carolina la necesito viva antes de eliminarla. Tengo que obtener una valiosa información, así que especifícaselo a tus perros de presa, no la vayan a cagar y nos arruinen el negocio.
—Descuida, veo que es un trabajo delicado. Pero cuento con el mejor.
Venancio ya había tomado una decisión. Descolgó el auricular y habló con otro de sus secuaces.
—Llama al “Capo”. Que venga inmediatamente, tenemos un trabajo para él.

******

En Sicilia el despiadado Luca Antonelli descolgaba el teléfono.
—Il Capo al aparato…

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