martes, 27 de octubre de 2015

TayTodos. Capítulo 21: Dios nos cría, el viento nos amontona.

Retomamos las publicaciones periódicas al blog. Esta temporada llegarán todos los martes a las 21 horas. Será el momento de estrenar capítulo de nuestra novela colectiva.
Otra de las novedades será que el resumen del capítulo anterior será más liviano. Simplemente recordará la situación en que quedaron los personajes con anterioridad. Para más detalles podéis repasar capítulos anteriores en la siguiente dirección donde encontraréis todos los publicados hasta la fecha: Taytodos

Quiero aprovechar la ocasión para recordaros el evento que tendrá lugar el jueves a las 19:30 horas en la sala de música del Palacio de los Condes de Sástago, donde nuestra amiga, colaboradora y siempre admirada Belén Gonzalvo presentará su última novela: Vértigo. Os animo a compartir ese momento a todos los que podáis asistir. Se lo merece. Detalles sobre la presentación.

En el capítulo 20 (¿Me lo explicas?), que cerró la temporada pasada nuestros personajes quedaron así:
Rebeca acude al piso de Montana para auxiliar al chico por el que siente tantas cosas. Tras practicarle una cura y recapacitar sobre su situación actual llega hasta el gimnasio sin percatarse de que se había excusado diciendo que estaba enferma para salir a socorrer a Montana. Tras su turno se dirigió de nuevo a verlo y este, más recuperado, le dice que tiene algo que contarle...
Finalmente Montana le cuenta que su amor es para Mirka, y que no parará hasta conseguir estar con ella. Conoce toda la historia completa y aun así decide ir a visitar al día siguiente al tullido. Antes de dormir recibe un mensaje de Montana que acelera su corazón. Ella se dice que ese chico no es para ella, se acuesta, pero no consigue dormir...
Al día siguiente se dirige al piso de Luis para visitar a Montana cuando descubre que ya no está allí...
Montana está en su piso necesitado de ayuda. La paliza ha sido seria. Exhausto agradece el detalle a Rebeca.
Marisa sigue con sus habituales labores de limpieza en el gimnasio.
Jorge despierta atado y comienza a recordar cómo ha llegado hasta allí. Los besos con Carolina, los últimos recuerdos... Consigue desatarse una mano y llamar a su hijo pidiendo ayuda.
Carolina entra en el habitáculo donde se encuentra Jorge y le susurra al oído que esté tranquilo, lo desata, y cuando Nerea se descuida lo saca rápidamente huyendo campo a través. Jorge, sin fuerzas se detiene y le pide explicaciones...
Ante la proximidad de la policía le explica a Jorge que conoció a Nerea en el gimnasio y se adueñó de su vida. Le tiene pánico y obedece todas sus órdenes. Se despide de él diciéndole que es lo mejor que le ha pasado últimamente y que si sobrevive le buscará.
Jota avisa a la policía (habitualmente colabora con ellos) y salen en busca de su padre. Este corta la comunicación ante la súplica de Carolina.
Mirka termina la jornada narrando un cuento al pequeño Mario y prometiéndole que nunca se irá.


Después de tanto tiempo, es justo descubrir la identidad de su creadora. Mujer polifacética donde las haya y que su participación estuvo comprometida al verse inmersa entre estudios de grabación, instrumentos y notas musicales que la acompañan y forman parte de ella. Integrante de la formación O´Carolan, donde se desenvuelve a la perfección con el arpa irlandesa y el acordeón diatónico, ha llegado afortunadamente a compartir líneas con nosotros.
Decir que ya contamos con este grupo en la celebración de las 5.000 visitas al blog y que sin duda volverán a tener su espacio (si nos lo permiten, claro está) en próximas celebraciones.
Afortunados de contar con el talento de dos hermanas que rezuman arte y cordialidad por los poros (Belén Gonzalvo Val ya participó en TayTodos y en Colección Cupido 2015), simplemente agradecer su implicación y dedicación con nosotros. Gracias a... Pilar Gonzalvo Val

Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste. Besetes a tod@s. Nos leemos.



21. Dios nos cría, el aire nos amontona.

La cabeza de Mirka maquinaba a mil por hora. La pequeña chica apaleada se estaba transformando en algo que ni ella misma alcanzaba a darse cuenta. Nada mas acostar a Mario salió de la casa del extraño matrimonio. Al gordo se le oía roncar desde el pasillo y su hedor se hacía sentir desde fuera. La Señora no estaba, estaría metida en alguna de sus trápalas. Sin hacer ruido salió de la casa, colocó una zapatilla impidiendo que la puerta se cerrara para poder entrar y cogió un taxi con rumbo al piso compartido de Montana.
Cuando su amigo abrió la puerta y la vio se quedo ojiplático, y ella entró al piso sin esperar a que le dieran permiso.
Al verlo  magullado y dolorido volvió a convertirse en la pequeña Mirka.
—Montana, cariño. ¿Qué demonios…?
—Mirka, ¿qué haces aquí? ¿Cómo es posible?
Sacó fuerzas de donde no las tenía y se incorporó a pesar de los dolores, fundiéndose en un abrazo que les pareció eterno.
—Montana, las cosas han girado por completo. Entregué al niño y…
—Tu primo está alimentando peces.
—¡¿Qué dices?!
—Los sicarios de Baby face me encontraron con Pavel y cumplieron órdenes. Estar aquí ahora es todo un milagro.
—Maldito gordo bastardo. Primero fue mi prima, ahora al desgraciado de Pavel. Tenemos que hacer que lo pague. Ahora estoy en situación de ventaja. Soy la protegida de la Señora, sólo tenemos que jugar bien nuestras cartas. Llévame a casa de Pavel, recogemos el dinero y algo con lo que defendernos y regreso a su casa.

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Ya se oían las sirenas de la policía y Jorge pensaba que todo acababa. Carolina desapareció como por arte de magia en la oscuridad y él, en medio de unas oscuras y siniestras calles de polígono, fue invadido por las dudas. En tan poco tiempo iba a estar involucrado en otro lío con la policía. Recordó que su hijo se guiaba por la señal de su móvil y entonces Jorge decidió quitar la batería. Desconectó  la tarjeta SIM y se volvió a ocultar en la oscuridad.

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—He perdido la señal GPS, Jota. Hemos perdido a tu padre.
—¡Tiene que estar cerca, cojones! ¡Vamos a encontrarlo!

Recorrieron toda la zona pero Jorge, amparado por la oscuridad, se ocultaba, y huía en dirección contraria a las sirenas y las luces.

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La navaja cortó las ataduras de las cuerdas que oprimían a Sergio. Él agarró con fuerza cada una de las nalgas de Clara y la atrajo hacia él como atraen los carroñeros la carne hacia sus fauces.
Ella no opuso resistencia y se sentó a horcajadas sobre sus muslos sin soltar la navaja de la mano.
—Está bien Clara, siento que otra vez estoy en tus manos.
Hundió su cabeza entre las perfectas tetas y no alcanzó a ver la cara de satisfacción de su compañera. Ese rostro que refleja la costumbre de salirse siempre con la suya. De un plumazo tenía un nuevo capricho sexual, que iría a juego perfectamente con la nueva polaquita que tenía en casa. Y encima Sergio iba a ser una pieza fundamental para librarse de Venancio. Tiró la navaja, relajó el cuello y simplemente se dejó hacer. Tenía al chico en sus manos y sus socias nunca sabrían la verdad, y si se enterasen seguro que sería demasiado tarde para ellas.
El elixir que hace un momento lamia de su pezón relajó sólo algunas partes del cuerpo, otras estaban como nunca las había sentido. Y mientras agarraba fuertemente su espalda, las nalgas comenzaron a dar embestidas. A cada una de ellas Clara más sonreía, más dulce le sabía el triunfo.

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Jorge seguía corriendo en la oscuridad por esos solitarios caminos. Hacía ya un rato que no se oían las sirenas ni las luces de la policía cuando se dio cuenta de que a lo lejos se intuía el ruido del motor de un coche. Vio un mini rojo a toda velocidad que aceleraba cada vez más hacia él.
El coche comenzó a darle ráfagas de luz, tropezó y cayó de bruces contra el suelo pedregoso.
Una joven desconocida salió de la puerta del copiloto. Su rostro cambió cuando vio quien era el conductor. Se trataba del camello del gimnasio, ese que le envió a casa de La Señora para que llevara ese maldito paquete al desgraciado con el que había estado atado momentos antes en el almacén.
—Hombre, a este señor lo conozco. Tranquila Mirka, es uno de los recaderos de La Señora. ¡Qué casualidad encontrarte aquí!
—No creo en las casualidades. Ya me has encontrado.
—No te estaba buscando desgraciado. ¿De quién huyes?
—De tu jefa, de la policía….
—Dios nos cría, y el aire nos amontona. Has tenido suerte de que te encontráramos nosotros primero.
—Por favor, no me delates. No me lleves con ellas. No sabéis de lo que son capaces.
—Me da la sensación de que aún necesitas sacarte un dinero extra y por el miedo de tus ojos estás metido en algo gordo. Creo que vamos a poder ayudarnos mutuamente. Vamos a dejar a Mirka y te vienes conmigo.

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Clara abandonaba el sucio almacén con su nuevo juguete de la mano. Ahora tenía trabajo: unas cuantas llamadas para hacer desaparecer a su nueva adquisición.
Poco a poco las piezas de su plan iban casando unas con otras. Atrás dejaban el almacén vacio.
«Cuando la bruja de Nerea regrese va a arder Troya», pensaba. Y para ese momento ya esperaba estar al amparo de Baby face y sus secuaces en la paz de su mansión.

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El mini rojo llegaba a toda velocidad hasta la puerta de la casa de La Señora. Jorge tembló como un niño al acercarse de nuevo a la casa en la que comenzaron sus problemas.
—Montana, déjame aquí, tengo que entrar corriendo antes de que descubran que no estoy. No quiero que las luces del coche llamen la atención del servicio y me vean entrar.
—Ten mucho cuidado Mirka. Estaremos en contacto en todo momento, no arriesgues más de lo necesario y no dejes que te toque el gordo.
Mirka salió del coche a toda velocidad con los zapatos en la mano, saltó la valla del jardín y se coló sigilosamente como un gato. Montana aceleró el mini y entonces se cruzó con un deportivo negro que aminoraba el paso.
Conducía La Señora y alguien ocupaba en el asiento del copiloto. Jorge conoció al acompañante y un escalofrío recorrió su espalda. «Será mejor mantener la boca cerrada», pensó. Aquí todo el mundo guarda cartuchos y el no iba a ser menos.

Mirka entraba por la cocina cuando el coche de La Señora abría la puerta automática, justo cuando se escuchó gritar por el pasillo…

—¿Quién anda ahí?

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