martes, 9 de febrero de 2016

TayTodos: 31. Querido Mario.

Ya queda menos. Afrontamos la recta final de la novela a la par que ultimamos los detalles de la edición impresa. Tiempo de ilusión, trabajo y nervios. Aún quedan días por delante todavía, pero debéis ir reservando ya vuestros ejemplares para no quedaros sin él. Recordad que el día doce de marzo tenemos una cita en La Bóveda para la presentación de TayTodos. La cuenta atrás está en marcha... quedan treinta y dos días.
Ahora vamos a centrarnos en lo ocurrido en el capítulo anterior (30. La verdadera identidad de Marisa). A continuación os dejamos una serie de flashes para que refresquéis la memoria sobre la situación de la trama:
  • Carolina encuentra a Marisa en el cuarto de la limpieza, cuando se disponía a llamar a alguien. Le dice que tiene que contarle algo importante y que necesita su ayuda.
  • El Inspector Jefe Costa es requerido por un subordinado que ha interrogado a Nerea y le advierte de que es la creadora del NC. Costa le informa de que ella no es la asesina de Venancio, pues así lo demuestran las cámaras de seguridad, pero le insta a deternerla de todos modos. Cuando se dispone a hacerlo la joven los amenaza con volar el cinturón de explosivos que lleva bajo la ropa.
  • Carolina le confiesa a Marisa que está amenazada de muerte, y le pide ayuda. Sabe que tiene contactos con la policía. Esta ya conoce todo el caso, pues es una infiltrada por el Jefe Costa, amigo de juventud en sus inicios en el mundo de la investigación.
  • El Jefe Costa vuelve al interrogatorio con Clara. Descubre su tapadera y la detiene acusada de tráfico de drogas, trata de blancas y encubrimiento.
  • Sergio cree que ha descubierto quién es la persona que une las vidas paralelas vividas por Nerea: Luis.
El capítulo treinta es el segundo del doble capítulo ideado, como adelantamos la semana pasada, por estas dos amigas, que de nuevo lo han escrito a cuatro manos: Sara Garcés Carcas y Patricia Aznar Serrano

¿Quién será el asesino de Venancio? ¿Funcionará el pacto del Inspector Jefe Costa? ¿Continuarán las muertes como estaban pactadas, o el asesinato de Baby Face hará que se detenga el plan inicial de Nerea? ¿Conseguirá Sergio estar con Clara finalmente? ¿Cual será el próximo paso de la policía? ¿Contactará Sergio con Luis? ¿Qué ocurrirá con los explosivos que porta Nerea en su cinturón? ¿Qué papel jugará Marisa, ahora que sabemos su identidad real? ¿Qué será de Carolina, amenazada de muerte? ¿Qué ocurrirá con el plan de fuga de Montana ahora que ha implicado a Luis, e indirectamente a Rebeca y María? Muchas incógnitas por resolver...
Veamos finalmente que nos revela el capítulo de hoy. Espero que os guste. 
Besetes a tod@s. Nos leemos.


31. Querido Mario

Jorge y Jota, estaban en comisaría cuando vieron aparecer a Marisa junto a Carolina. Jota sujetó a su padre, que iba directo a hablar con la joven.
—Papá, no —Su padre hizo un amago de contestar, pero suspiró y se quedó callado—. Es lo mejor. El inspector todavía cree que no tengas nada que ver con todo este embrollo.
—Está bien hijo, pero haz todo lo que puedas por Carolina, sé que es una buena niña.

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—¿Qué hacen estas dos aquí?
—Y yo que sé —contestó Luis.
—No hagáis ruido, a ver si se van.
Transcurridos diez minutos, Rebeca y María se marcharon sin conseguir ver ni a Montana ni a Luis.
—¿Qué estarán haciendo en ese chalet?
—No lo sé María, pero algo tiene que ver con la paliza que le dieron a Montana, estoy segura…

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—Está bien —contestó Luis—, marcharos, yo me ocupo del niño.
—Eres un gran amigo.
Montana le dio un abrazo que le dejó casi sin respiración, le agradecía tanto todo lo que había hecho por él… Sabía que iban a pasar una larga temporada sin verse, ni hablarse. Cómo lo iba a echar de menos.
Mirka y Montana salieron de la casa y conforme subían al coche escucharon un potente ruido, un disparo.
—¿Qué ha sido eso? —dijo Mirka.
De repente vieron a Luis salir corriendo por el jardín, no vieron a nadie más. Estaba como un flan. No sabía que pasaba. Estaba corriendo por el jardín de una casa que desconocía tratando de huir desesperadamente. Las piernas le flaqueaban, veía la puerta de salida tan lejana, que pensaba que jamás alcanzaría la salida.
—¡Luis! —gritó Montana.
—¡Mario! —Mirka empezó a gritar y llorar desconsoladamente—.  ¡¿Dónde está Mario, Luis?!
—Ah... He... He visto…
—¿Qué has visto Luis? ¡Contesta! ¡Contesta, maldita sea!
Luis se quedó paralizado, no podía mediar palabra, estaba horrorizado.
—Tenemos que irnos Mirka, ayúdame a subirlo al coche.
—¡No puedo irme Montana! ¡Mario! ¡Mi querido Mario! Adiós Montana. Te quiero.
Mirka salió corriendo hacia la casa, entró en la habitación de Mario y ahí lo encontró, tendido en el suelo en un charco de sangre. Lo zarandeó, le gritaba, le abrazaba, lo llamaba, pero Mario no contestaba.
Sonaron sirenas. Encontraron a Mirka, envuelta en sangre, acariciando el cabello de Mario.
—Señora, levántese y ponga las manos donde yo pueda verlas.
Mirka no escuchaba nada, seguía cantándole, como si estuviese dormido. Tuvieron que sujetarla entre dos policías ya que no podían separarla del cuerpo, para poder llevarse al niño.

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 —Tenemos un aviso de un disparo en casa de Baby Face —sonó en la radio de comisaría—. Ya ha ido una patrulla para allí. Salimos la 424.
—Señorita Silva, creo que ya es el momento de que hablemos seriamente. Acabo de recibir una llamada desde su casa, ha habido un tiroteo. ¿Sabe usted quién se encontraba dentro?
—¡Mario! ¡Mi hijo! ¡Mario!
—Tranquilícese, señora. Tenemos dos patrullas de camino a su casa.
—¡Maldito italiano, mal nacido!
—¿A quién se está usted refiriendo señora? —preguntó el inspector Costa.
—¡Váyase a la mierda! ¡Quiero un abogado, y quiero salir de aquí ya mismo! No tenéis nada para tenerme encerrada.

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Nerea estaba fuera de si. El teniente López estaba intentando calmarla para evitar que salieran todos por los aires.
—Nerea, tranquila, es un delito por tráfico de drogas, no te caerán más de quince años. Con buena conducta, puedes estar fuera en ocho. ¿Crees que merece la pena todo esto?
Nerea balbuceaba. Se había vuelto loca. Quería derrumbarse, estaba cansada. Se había convertido en una mala amiga, si es que alguna vez había tenido amigas que no fuesen con interés de que le hicieran trabajos sucios, como vender drogas, sacar información a cerca de algo, etcétera; una envidiosa, rastrera. ¡Y hasta donde había llegado! A los bajos de Baby Face, ese asqueroso narco vicioso, todo por un puñado de euros. Le vino a la cabeza los momentos con Sergio, era feliz con él. ¿Por qué se había portado tan mal con él? Sólo quería su felicidad, y ella se lo pagaba intentando robarle todo lo que tenía. Le vino a la mente su padre, ese maltratador con el que tuvieron que vivir ella y su madre durante diecisiete años. Nunca había dejado que ningún hombre se metiese en su corazón o en sus sentimientos, más de lo que ella permitiera, nunca se abría, no quería que la hirieran. ¿Sería por su infancia, su mala infancia, que se había vuelto una persona sin sentimientos? Nerea empezó a llorar mientras bajaba el brazo lentamente…
—¡La tengo! ¡Estate quieta puta loca! —dijo el teniente López.
—Madre mía como está la juventud jefe…
—Y que lo digas… ¡Desactivarme esto!
—Sí, teniente.

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—¿Vas a decirme de una vez que ha pasado ahí dentro?
—No sé quien era Montana, sólo le he escuchado decir algo en italiano y seguidamente he escuchado un disparo y he salido pitando de ahí. ¿Se puede saber en qué me has metido?
—Luca… Seguro que lo llamó Baby Face para matarme tras su intento fallido. Pero, ¿por qué han matado al niño? La mafia italiana está metida en esto también. ¿Qué habrá hecho Venancio para cabrearles tanto y que se carguen a su hijo?
»Tenemos que largarnos de España, Luis. Dime que Luca, o sea, el italiano, no te ha visto la cara…
—No, yo ni si quiera llegué a entrar a la habitación. Lo escuche hablando y justo cuando me acercaba sonó el disparo y eche a correr.
—Bien, eso está bien Luis… Yo te he metido en esto y yo te sacare —pensaba Montana—. Bueno, nos vamos a ir unos días, tú podrás volver más tarde, pero yo me mantendré lejos de aquí. Podrían encontrarme, los italianos, la policía o los gorilas de Baby Face, que a saber el lío que llevarían ahora que no esta “Il Capo”.

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Llevaban dos días conduciendo. Luis estaba desesperado por salir del coche. Él no había hecho nada, absolutamente nada más que ayudar a un amigo, y se había visto envuelto en semejante locura. Llegaban a la frontera con Francia.
—Mierda, hay policía, actúa tranquilo y no hables.
Lentamente el coche se detiene ante la señal del agente.
—Buenas tardes, carnet y documentación.
—Buenas tardes señor agente, tenga.
El policía se gira hacia su compañero con la documentación en la mano.
—Carlos, identifica estos carnets y busca antecedentes, no me dan buena espina…

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