viernes, 29 de marzo de 2019

AMOR KM. 0: HUBO UN TIEMPO (MARÍA JOSÉ PELLEJERO).

Última semana del mes. Es momento de publicar un nuevo texto perteneciente a AMOR KM. 0. 
Hoy os traigo el relato HUBO UN TIEMPO, de María José Pellejero (San Mateo de Gállego - Zaragoza). Viene acompañado por una ilustración de Ricardo Sanz Ibañez (Zaragoza) y engalanado como de costumbre en esta edición por la Esencia y Frase de cabecera que extrajo María Belén Mateos Galán.
Pertenece a nuestra última publicación dentro de la Colección Cupido de Zarracatalla.






Son los rituales con sabor a chocolate y caricias desmedidas las que endulzan el paso de un tiempo vivido…



“Volví a mirarme en el espejo y por primera vez en mucho tiempo, me vi “bella”, mis mejillas arreboladas por el momento vivido, daban un aspecto de frescura a mi rostro, mis ojos brillaban de placer y mis dedos agasajados por saltar entre bambalinas, aquietaron mi desbocado corazón”


HUBO UN TIEMPO…
María José Pellejero





Ricardo Sanz Ibáñez
Zaragoza





HUBO UN TIEMPO

Hubo un tiempo en el que nada valía ni me importaba. Todo pasaba de largo, sin color, resbalaban sobre mi piel hasta las emociones. Tan curtido estaba mi pensamiento, que en cuanto amenazaba algún atisbo de cambio, lo desechaba sin analizar. Mi sentimiento hibernaba junto con la ropa de colores y alegría. Bajo siete llaves guardé hasta la esperanza (y eso que es lo último que se pierde), la ilusión emigró de mi vera, porque la aborrecí o mejor, la maté a base de darle desengaños y frustraciones.
Así iban pasando los días, meses, minutos y mi vida. Vacíos. Huecos. Sin luz. Abotagada de miedos y nieblas, de inviernos primaverales y de otoños sin verano. Estaciones tan carentes de todo como mi ánimo.
¿Cuándo empezó este estado emocional, este abatimiento, esta penumbra, esta noche eterna?
Justo en el mismo momento que cumplí los cincuenta años. Mi cabeza dio un giro y mi cuerpo comenzó a hincharse. Hormonal, me dijeron. Chocolate, dije yo. Era mi alivio, mi consuelo, mi sonrisa y el mejor momento del día. Hacía un ritual. Desempapelaba la tableta, eso conllevaba a que mis dedos les ungieran con el óleo santo para mí, y con delicadeza y fruición chupaba esas partículas que quedaban pegadas a las yemas como si estuviese lamiendo esa parte masculina que requiere la misma atención. Luego partía una porción buena y a escondidas de mi conciencia, me sentaba a oscuras a darle buena cuenta al festín. Todavía relamía la comisura de mis labios y otra vez terminaba dejando hasta sin piel mis dedos para no dejar ni una pizca de ese dulce oscuro, sabroso, delirante y afrodisíaco que es el chocolate. Mi nana antes de entregarme a Morfeo.

Para consolar a mi razón, decía: total si es un trocito. Pero trocito a trocito fueron colocándose en esos lugares donde no deben, donde no caben y se hacen sitio dejando sin espacio a la ropa que cada día se ajustaba más.
Si a esto le unimos que mi cuerpo empezó a no lubricar, a secarse esas partes donde el fluido brotaba solo, que mi piel, dejó de ser tersa y que mi pelo cambió de tintada… pues... Ahí mi apatía y desorden.
Tenía necesidades, carencias, me faltaban alicientes e incentivos, a la vez sufría tentaciones e impulsos, búsquedas incesantes que amortiguaran esa quemazón que mi entrepierna reclamaba noche si y noche también. Mis pechos lánguidos, reclamaban dedos expertos que exprimieran la última gota de melancolía, y mis labios secos de otros labios, humedecidos por el carmín que apagaba la soledad, eran el reclamo de bocas clandestinas para salir del letargo invernal.
Cincuenta años. Más, mucho más de media vida y apagada cual farola rota, adormecida de sueños, ahogada en mi propio oasis, carente de riego, sin días y noches que pasaron, como pasa el tren, más callada, más silencio, más larga se me hacía la vida…
…más, un día, tras mirarme al espejo y volver a ver ese rostro mil veces dibujado en el cristal y aborrecerlo, tras secar las lágrimas del vidrio que me devolvía mi propia imagen, quedé absorta en las arrugas que dibujaba el rictus de mi boca, pasé mis dedos por ellas, y por esa cicatriz de adornaba mi pecho como medalla o condecoración de una dura batalla vencida, arranqué la toalla que sujetaba mi pelo y los rizos cayeron sobre mis hombros mojándolos. Miré mi desnudez, mis formas del chocolate y mi piel carente de brillo y caricias. Paseé mis manos por todos los recovecos de mi andadura, me entretuve en hurgar entre el vello ensortijado y los labios, acariciando despacio, lento, para pasar a entonar el ritmo de la música que provenía de la ventana que da a la calle.
Terminó la melodía y terminaron las caricias, mis muslos rezumaban placer y mis labios, contuvieron la sonrisa que brotaba como brotó la delicada afirmación de que todavía no estaba desierto el vergel, todavía el manantial fluía si se le apretaba la tecla adecuada, todavía mi piel se erizaba y mis pechos turgentes reaccionaban a las embestidas de caricias expertas.
Volví a mirarme en el espejo y por primera vez en mucho tiempo, me vi “bella”, mis mejillas arreboladas por el momento vivido, daban un aspecto de frescura a mi rostro, mis ojos brillaban de placer y mis dedos agasajados por saltar entre bambalinas, aquietaron mi desbocado corazón.
No era la mujer que entró al cuarto de baño, no era ese fantasma disfrazado de pasado, ni era la tristeza andante. Hoy, ahora, y desde hoy, quiero ser la “mujer” valiente que se enfrentó a su enfermedad, que luchó por una familia, que desabrochó el cielo para esconder allí sus lágrimas y ver como llovían.
Quiero ser la mujer niña, la “pequeña” que esconde su inocencia en una canción y la mujer adulta que encandila a un hombre, solo con la mirada. Sentirme “especial”, y acompañar en la salida.
Correr tras un sueño y realizarlo, besar las espinas de las rosas y saborear la fragancia en copa de plata. Guardar con celo ese momento que nadie vivió y rescatar la sonrisa de una noche de invierno.
Respirar el aire de la mañana. Y sobre todo vivir cada uno de los sorbos que me ofrezca la vida.
Beberme la noche y soñar el día. Sentir el amor como una reliquia, enamorarme de aquel sueño que un día se topó conmigo y se quedó pegado a mi silla.
Hubo un tiempo en el que nada valía ni me importaba. Todo pasaba de largo sin color, resbalaban sobre mi piel hasta las emociones. Aquel tiempo ya es pasado, hoy el Sol brilla y brillará mientras tú me sonrías y yo te sonría.

María José Pellejero
San Mateo de Gállego (Zaragoza)






Un nuevo texto y su ilustración se publicarán en el blog el próximo miércoles 24 de abril. No esperes hasta entonces, hazte con él ya y descubre todo lo bueno que te trae lo nuevo de COLECCIÓN CUPIDO.
Antología de relatos y poemas en la que participan más de 50 personas.
AMOR KM. 0
Varios autores.
Colección Cupido.
Primera edición: febrero 2017
ISBN: 978-84-617-8393-9
Depósito legal: Z 182-2017
180 PÁGINAS 
Incluye ilustraciones y fotografías a color. 
Pide tu ejemplar a través de nuestro correo electrónico y te lo enviamos a casa.
Precio: 13€

Besetes a tod@s.

Nos leemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario