martes, 2 de diciembre de 2014

Colección Uni2. Luz en la oscuridad: 5. Un encuentro inesperado.

Quinto capítulo de "Luz en la oscuridad", con Peter North (piloto de las fuerzas aéreas británicas durante la Segunda Guerra Mundial) tras la línea enemiga. Veamos como continua la acción tras los capítulos iniciales en esta propuesta de Alberto Bello y Vanesa Berdoy.




Luz en la oscuridad


CAPITULO V: UN ENCUENTRO INESPERADO


—Vuélvase muy, muy despacio y con las manos en alto —dijo la voz.
El agente Dufresne levantó las manos y se volvió lentamente. Vio que quién le estaba apuntando era un tipo pequeño con gafas redondas, así como con traje y sombrero negro. Llevaba ese abrigo tres cuartos de cuero inconfundible.
—Soy el agente Himmler de la Gestapo. Deberá acompañarme a la comisaría, me temo que el superintendente le querrá hacer unas preguntas. Su actitud está resultando sospechosa en las últimas semanas —dijo en tono burlón a la vez que se sonreía ligeramente.
El agente Friedrick Himmler compartía apellido con el comandante en jefe de las SS y por ende de la Gestapo, el Reichsführer-SS Heinrich Himmler, uno de los pilares principales del partido nazi. A pesar de no tener parentesco con él, alguna vez se había aprovechado de compartir apellido. En su firma escribía su apellido de forma legible y en ocasiones le había servido para abrir puertas. Mezquino y sádico, así como nazi convencido, el agente Himmler anhelaba trepar en la jerarquía de la Gestapo.
Claude sabía que de ninguna de las maneras podía acabar en el cuartel de la Gestapo. El tono del agente Himmler no le había gustado en absoluto. Sabía que les aguardaba allí a los tipos como él. Pensó en cómo podía deshacerse de él, pero estaba en clara desventaja frente al agente de la Gestapo. En ese momento vio como Peter abría sigilosamente la puerta por donde había salido del hotel, estaba justo detrás del agente. Éste no se percató de que el inglés se acercaba por su espalda.
Peter pensó en sacar su pistola y zanjar rápidamente la situación, pero un disparo en plena calle llamaría la atención. Decidió acercarse a él. La figura del agente Himmler le resultaba familiar; era como si lo hubiera visto antes en alguna otra parte.
Himmler había participado en la detención de Antoine. Había llevado casi toda la investigación. Era una de sus actuaciones más brillantes. Por supuesto no le gustó nada que Antoine decidiera suicidarse, le había preparado un minucioso “interrogatorio”.
Claude supo que debía distraer al agente para que Peter pudiera actuar.
—Quizá podamos llegar a un acuerdo —decía Claude mientras se acercaba a él y bajaba ligeramente las manos.
—¡No se mueva o le mato aquí mismo! ¡Levante las manos he dicho!
Claude se quedó parado. Supo que aquel era un tipo peligroso. «seguro que tendrá el gatillo fácil», pensó. El agente Himmler era un nazi convencido, un auténtico fanático.
Peter se encontraba muy cerca del agente. Sacó la pistola y le golpeó con la culata en la cabeza. El tipo cayó inconsciente.
—Gracias señor Lombard. Larguémonos de aquí —dijo Dufresne.
Caminaron hasta salir a una calle más ancha.
—Aquí nos despedimos. Me temo que al verme envuelto en este incidente deberé de no dejarme ver durante una temporada. Puede estar tranquilo, creo que a usted no lo habrán asociado conmigo. A pesar de todo estaremos en contacto vía telefónica.
—De acuerdo —asintió Peter mientras le estrechaba la mano.

Se quedo mirando como se alejaba el agente Dufresne calle abajo. Se dio la vuelta y comenzó a andar en sentido contrario. Pasó por la puerta del hotel y vio que el otro agente de la Gestapo todavía estaba dentro del coche ajeno a la situación. Continuó caminando y se fue a casa. Mientras caminaba iba pensando en cómo acometería la misión que le había encomendado el agente Dufresne. ¿Cómo iba a señalizar el bombardeo y neutralizar las posibles baterías antiaéreas si apenas conocía la zona? No podía pasearse por allí haciendo dibujos y anotaciones, necesitaba a alguien que conociera bien aquellos parajes, alguien que hubiera vivido allí toda su vida. De repente un nombre apareció en su cabeza: Marie. La campesina sería su mejor opción, pensó que iría a verla en los próximos días.
Le contó a sus amigos lo acontecido en su entrevista con el agente Dufresne y el plan que tenían para con las instalaciones secretas nazis. Les explicó que iría a ver a Marie.

Ya estaba bien entrado el mes de octubre de 1940 y comenzaba a hacer frío por esas latitudes. Peter se había comprado algo de ropa ahora que sabía que iba a quedarse una larga temporada en Francia, puesto que el servicio secreto no tenía un plan claro de cómo evacuarlo a Inglaterra. Además Dufresne no podía actuar a sus anchas, aunque sabía que eso no sería un problema para un agente como él.
Una tarde al salir de trabajar Peter se dirigió a la costa para tratar de hablar con Marie. Los días ya comenzaban a acortar bastante.
Esa misma mañana había leído en la prensa la reunión que Hitler había tenido en Hendaya con Franco. El Fürher había pretendido que España entrara en la guerra, pero Franco había pedido demasiadas cosas a cambio, las cuales Hitler no pudo aceptar. De todos modos las relaciones entre los dos gobiernos eran de colaboración.
Cogió la vieja camioneta Renault de Juliette y se dirigió hacia el norte. La carretera le hacía pasar cerca de la aldea de Antoine. Peter todavía recordaba el camino de su viaje anterior en autobús y había leído el nombre del pueblo en un cartel cuando todavía se sentía somnoliento a bordo del autobús que lo llevara a Amiens por primera vez. De eso hacía ya más de un mes.
Llegaba casi de noche al pueblo donde vivía el doctor. Condujo unos pocos kilómetros más y llegó a la granja. Era ya de noche, se acercó a la casa con los faros encendidos. Vio como alguien se asomaba a una de las ventanas del piso superior y se volvía a esconder. Peter paro el coche, bajó y llamó a la puerta.
Alguien corrió la mirilla de la puerta y le observó. La volvió a cerrar y le abrió. Era Marie.
—Me alegro mucho de verle, ¿Cómo está señor North?
—Estoy bien, Marie. Pensabas que no volverías a verme, ¿eh? —respondió Peter—. ¿Qué tal tu padre?
—Sobrevivió a la bala. Se encuentra bien. No puedo decir lo mismo de la granja —dijo mientras señalaba alrededor.
Peter no se había fijado, pero pudo ver que el granero había sido quemado.
—Menos mal que se quedaron contentos con quemar solo el granero. No quemaron la casa ni nos hicieron daño. Vinieron de las Waffen SS buscando a los dos guardias de la patrulla. Como no consiguieron la información que buscaban quemaron el granero. Pase por favor
Dentro de la casa se encontraban los padres de Marie. Peter los saludo cortésmente. La madre de Marie le ofreció algo de comer. Peter lo acepto, pues no había cenado.
—Bueno, ¿qué le trae por aquí señor North?, preguntó el hombre.
Peter le miró y dijo:
—Le seré sincero, la resistencia necesita de la ayuda de su hija para llevar a cabo una misión. Necesitamos a alguien que conozca esta zona y ella es la persona adecuada.
Marie, se sobresaltó y respondió:
—Si mis padres pueden prescindir de mi aquí en la granja, lo haré encantada.
—Será peligroso —dijo su madre.
—Debo hacerlo por mi país,...y por vosotros —respondió.
—Ahora sin el granero el trabajo va a ser menor, aunque también la comida. No te preocupes, sabremos salir adelante. Lo que no podremos salir adelante es si continúa mucho tiempo la ocupación nazi —habló su padre.
—Puedo alojarme en casa de los tíos en Amiens —dijo mientras miraba a su padre —este asintió.
—Señor North, le ruego pase aquí la noche —dijo la madre.
—De acuerdo. Mañana de madrugada saldremos hacia la ciudad. Así nos evitaremos mucho tráfico de unidades militares en la carretera.
Marie preparó una pequeña maleta en la que llevaba casi todas sus pertenencias y se fueron a dormir pronto.

Al día siguiente todos se levantaron temprano. Marie se despidió de sus padres y partieron rumbo a la ciudad. Al pasar por la aldea, Peter recordó que debía de llevarle una carta de Gastón al doctor Moreau. Marie le indicó donde era y pararon el coche en la puerta. Todavía no eran las 6:30 de la mañana.
Peter llamó a la puerta. No respondió nadie. Tuvo que insistir unas cuantas veces hasta que oyó la voz del doctor en el interior diciendo que ya salía. El doctor abrió la puerta con cara todavía de sueño.
—¡Señór North, qué sorpresa! Me alegra mucho el verle. Hola Marie, por favor pasad.
—Yo también estoy encantado de verle, doctor.
—¿Qué os trae por aquí? —preguntó Moreau.
—Tengo una carta para usted de parte de Gastón —dijo mientras se la entregaba.
Moreau la tomó, recogió sus gafas de un aparador cercano y la abrió.
—Nada importante —dijo dirigiendose a Peter —Señor North, me gustaría que me acompañara a visitar a un paciente ahora mismo.
—¡Debemos partir lo antes posible hacia la ciudad para evitar problemas! —apremió Peter.
—Por favor, necesito de su ayuda. El enfermo no habla francés.
—Hagámoslo, pero que sea rápido —accedió Peter.
—Iremos en mi coche —replicó el doctor.

Se subieron todos en el Citroën del doctor y se dirigieron de nuevo al norte, hacia la playa. Tras unos kilómetros llegaron a una granja. Era muy parecida a la de Marie. Al acercarse un mastín imponente les salió a recibir mientras ladraba nervioso alrededor del coche. Una mujer de mediana edad salió de la vivienda. Parecía que los estuviera esperando.
—Buenos días doctor. Le esperaba —dijo. Mientras sujetaba al perro miraba a Peter y a Marie de soslayo.
—No se preocupe, son amigos míos. Son de total confianza.
—Sean bienvenidos a mi humilde granja —les dijo la mujer a Marie y a Peter—. Entren por favor.
—¿Cómo se encuentra hoy nuestro amigo? —preguntó el doctor.
—Véalo usted mismo, le respondió mientras entraban en la casa y comenzaban a subir las escaleras.

Era una vivienda de dos pisos con un cuarto donde estaba la cocina y el hogar en la planta baja. En la parte de arriba se adivinaban las habitaciones. En la planta superior había un pasillo con habitaciones a ambos lados y una al final que tenía la puerta abierta. Entraron todos en el dormitorio del fondo. Peter lo hizo en último lugar.

Había una persona en pijama sentada en el borde de la cama y de espaldas a ellos…

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