viernes, 7 de noviembre de 2014

Colección Uni2. Freya. 5: Pagana.

Quinto capítulo de la novela de Ana Asensio "Freya". En esta ocasión se titula "Pagana" y nos trae un apasionado episodio. Seguimos con las peripecias de su protagonista en su año de prácticas en un zoo de Buenos Aires.



CAPITULO 5. Pagana.


—Chicas, las navidades se acercan, hay que sacar ya los billetes o nos van a salir mucho más caros —dijo Clara.
—Es cierto, si queréis mañana los buscamos e imprimimos desde mi casa —dijo Iris.
—Vale, estupendo. ¡Qué alegría va a darse cuando le contemos que vamos a visitarla! Podríamos decírselo en la próxima conexión de Skype  —dijo Raquel.
—¡Que ganas tengo de verla!
—¡Y yo!
—¡Y yo! Je, je.

—¿Qué tal chicas?
—Pues aquí como todos los viernes, tomándonos una copa.
—¿Qué tal está Freya? No he podido contactar con ella desde que se fue.
—Te refieres a cuando la dejaste justo dos meses antes de irse a Argentina, ¿no? —dijo Clara.
—Chicas, necesito hablar con ella, cometí un error y solo quiero verla, abrazarla y decirle que la quiero. ¿Podríais ayudarme?
—Lo siento Darío, pero esa decisión es de Freya, no nuestra.
Darío se marchó, convencido de que las chicas no iban a ayudarle. Así que tendría que hablar con alguien para que convenciera a Freya y le diera la oportunidad de hablar con él.

—¿Tendrá la cara dura de decirle eso, después de todo lo que pasó? —dijo Raquel.
—Siempre ha sido un engreído, espero que Freya sea valiente y no le de ni la oportunidad de hablar con ella —dijo Iris.

—Tranquilo Matías, no te muevas. La ambulancia está de camino.
—No soy Matías, soy César.
—¡Cesar! ¿Te encuentras bien?
—Sí, sí, la he cagado pero bien.
—Lo importante es que estás de una pieza.
Se escucharon las sirenas, la ayuda ya estaba cerca.
—Tranquilo, que de esta sales seguro —dijo Freya con una sonrisa.
Subieron  a César en la ambulancia mientras Freya les seguía con la moto detrás.
Una vez en el hospital llamo a Matías para explicarle lo ocurrido, dejándole claro que estaba bien, aunque iba a estar magullado por un tiempo. Mientras esperaba a Matías en el hospital, Erik la llamo.
—Nena, ¿dónde estás?
—Hola cariño, estoy en el hospital. Un amigo ha tenido un accidente, pero tranquilo sólo ha sido un susto. ¿Dónde estás?
—Estoy en la puerta de tu casa.
—Acércate al 9 Reinas y espérame ahí que no tardo nada.


—Freya, tan guapa como siempre…
—No seas bobo Matías, ¿qué tal va todo? Hace unos días que no nos vemos
—Nos tenés abandonados… nosotros seguimos con nuestros viajes en moto, a ver qué día te animas de nuevo. Por cierto, ¿pensaste lo de la casa rural que te comenté?
—La verdad que no me ha dado tiempo a pensar en nada Matías, no sé si me iré a Zaragoza para navidades o qué es lo que haré al final…  Bueno voy a despedirme de César y me voy para casa, que tengo que sacar a Nala, una cachorrita que tengo en casa.
Freya se despidió de los dos amigos. Dejó la moto en la calle y antes de subir a casa llamo a Erik por teléfono.
—Nene, ven para casa que cojo a Nala y bajo.
—Vale, salgo para allá.
Freya puso al día a Erik con lo que le había pasado a su amigo y el susto que se había llevado.
—Deberíamos de hacerte una copia de la llave del piso, por cualquier cosa que pudiera ocurrir.
—Es cierto.  Luego vamos a alguna ferretería por aquí.
Freya se metió a darse una ducha después de darle el paseo a Nala, mientras Erik preparaba la cena. Parecía que era lo normal, ya que los últimos días había sido todas las noches igual. Ella se relajaba del trabajo, mientras el cocinaba… berenjenas, calabacín, sepia, calamares, un revuelto de espárragos trigueros… Todo lo hacía delicioso.
Freya no conocía todavía a los amigos con los que Erik había venido a Buenos Aires. No habían hablado sobre ellos nunca y ella sacó el tema.
—¿Dónde están tus amigos, cuando tú estás aquí?
—Pues se han ido a las cataratas de Iguazú, no sé cuando volverán porque querían estar varios días allí. Cada vez que hablo con ellos me dicen que están en un pueblo perdido de la nada o en una ciudad preciosa del norte… Así que no sé cuando regresarán…
—¿Y tú, no te fuiste con ellos?
—Yo te conocí a ti, prefiero pasar el tiempo contigo y si podemos ir los dos a visitar las cataratas, el perito moreno o cualquier lugar de este país lo prefiero hacer contigo.
—Eres un encanto, Erik.
Freya se abalanzó sobre él y allí mismo en el sofá, le hizo el amor. Se sentó encima de suya, mientras le daba pequeños mordiscos por las orejas y por el cuello. Él la ayudaba a moverse, le gustaba como hacían el amor y pasarían así todo el tiempo que pasaban juntos. Disfrutaban del sexo.

Era domingo, un día lluvioso. Erik había salido a correr con Nala y Freya se quedó en casa calentita con un café con leche. Necesitaba descansar, llevaba unos días de mucho trabajo y se sentía agotada. Necesitaba la típica tarde de domingo, sofá, manta, tele y dulces.
Conectó su ipad y vio conectada a Iris.
Llamando a iris…
—¡¡¡Hola hola!!! ¿Qué tal va todo?
—Tengo que contarte algo…
—¿Qué pasa? ¿Qué es esa cara de susto?
—¡¡¡SORPRESA!!! —salieron Raquel y Clara de la nada con un salto y los billetes de avión en la mano.
—¡No me lo puedo creer! ¿Vais a venir? ¿Cuándo chicas, cuándo? ¡Jolín qué alegría!
—Tenemos los billetes desde el 22 de Diciembre hasta el 3 de Enero, vamos a poder contarnos muchas cosas y visitar lugares contigo.
—¡Claro que sí! Además casi no he visto nada fuera de la capital por el trabajo, pero tranquilas que ya estoy preparando algo para cuando estéis aquí.
En cuanto colgó la llamada, se puso a investigar lugares bonitos para ir a visitar y sitios para quedarse a dormir. Donde alquilar un coche. El orden que a ella le gustaba tener en su vida.  No quedaba mucho tiempo para que llegaran sus amigas, era ya finales de  Noviembre. En menos de un mes, estaban aquí.
—Erik, acabo de hablar con mis amigas, ¡vienen a visitarme para navidades!
—Me alegro mucho cariño —sonreía de verla tan contenta.
—¿Tienes ya algo pensado de donde podéis ir?
—No, pero seguro que entre los dos podemos mirar sitios bonitos. Tengo muchas ganas de que las conozcas, son fantásticas.

La semana siguiente pasó muy rápido, hablaba con Fede de sus amigas, de las ganas que tenía de presentárselas y de que por su puesto se fuera con ellas, ya que en principio su familia no iba a venir a visitarle.
El viernes salieron todos los compañeros que trabajaban en el zoo, fue una noche estupenda hasta donde recordaba Freya: cena, risas, bailes y por supuesto, copas.
—¡Uy qué dolor de cabeza! —pensó Freya mientras se daba la vuelta en la cama y al abrir los ojos…
—¡¡¿Qué hago con Fede en la cama?!! ¿Y en su casa? Oh dios mío, ¿qué pasó ayer?
Freya se levantó intentando no hacer ningún ruido y lo más rápida posible, quería salir de ahí.
—Pero… ¿qué demonios pasó ayer? —se sentía fatal, no recordaba nada más que estar bailando con Nahuel  y algunas chicas de otra sección del zoo y luego estar sentada en uno de los sofás de la discoteca ‘ Pagana’ con Fede.
—Solo quiero irme a casa de Erik y abrazarle –dijo Freya en voz alta.
Salió con la moto y su dolor de cabeza hacia casa de Erik. No dejaba de pensar en qué podría haber pasado y si decírselo a Erik o no. El viaje fue eterno para lo cerca que, relativamente, estaba la casa de Fede con la de Erik.

Aparcó la moto en la calle perpendicular a la casa de Erik, era el centro y no podía dejarla por cualquier acera o directamente se la llevaría la grúa. Andaba deprisa, hacía mucho calor y al girar la esquina, vio a una chica en los brazos de Erik mientras se daban un montón de besos. Freya se quedó paralizada, sus piernas no reaccionaban, notó un puñal en su corazón y sólo quería llorar. Sentía que su cuerpo pesaba cada vez más. Quería echarse a correr, pero no podía. Se metió en otro portal escondiéndose, hasta que sus piernas la dejaron andar de una manera más o menos normal.  Salió de esa calle, cogió su moto y marchó para casa.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autor del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (36. Los gemelos golpean dos veces). Además en la entrevista tendremos a Sara Garcés Carcas.

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo continúa con la llamada de teléfono que recibe Pedro. La voz femenina resultó ser de Patricia, que le pide que no le cuente a Olga que es ella quien llama. Le indica a Pedro que tiene algo que comentarle pero que prefiere hablar con él en persona, así que se citan para el día siguiente.
Mientras Olga, que continuaba su relación a dos bandas con Mario e Ian, se encontraba cenando con este último e intentando sonsacarle información para utilizar en el juicio de Pedro. Al final consigue averiguar el nombre del abogado que les lleva el caso y principal culpable de llevar hasta las últimas consecuencias la acusación a Pedro.
Al día siguiente Pedro acude puntual a su cita con Patricia en el centro comercial y tras una conversación típica de cortesía le pregunta por motivo por el que ha decidido quedar con él. Patricia le cuenta que ha recuperado ya totalmente la memoria y que recordó una conversación con Ramón en Pau que le decía que él era el padre de las gemelas y que además él mismo tenía un hermano gemelo en Estocolmo que nadie del grupo conocía, que estaba pendiente suya y que si algo le ocurría vendría en su ayuda. Pedro aturdido y ofendido por la autenticidad de su paternidad se siente confuso. Patricia le indica que con Ramón en la carcel es posible que su hermano gemelo acuda a socorrerlo, y que esté alerta por si acaso.
Pedro regresa a casa con la compra de la cena preparada a modo de escusa de su visita al centro comercial y Ana le comenta que mañana ha quedado con su hermana para ir de compras. A la mañana siguiente tras el desayuno, la joven embarazada se despide de su novio y sale a la calle al encuentro de su cuñada, y allí se quedó helada al ver en la acera de enfrente a...
¿Quién será y qué querrá de la pobre Ana? ¿Cual será el veredicto para el juicio de Pedro? ¿Cómo le irá a Ramón en prisión? ¿Aparecerá su hermano en escena? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creador es un seguidor del blog polifacético que aceptó el reto con entusiasmo, como muestra en las ganas que le pone a los proyectos que emprende. El último y por el cual se ha ganado el cariñoso apodo de "Rondallaman" (esto solo se lo digo yo, pero es suficiente, je je) es su ilusión por las cuerdas y por divertirse con un gran grupo de gente de Luceni interpretando tanto jotas como cualquier tipo de pieza musical que se ponga a su alcance. Ya lo comprobamos este verano con el conciertazo de "noches rondalleras" que ofrecieron en la plaza de la localidad. Muy divertido el haber compartido este proyecto contigo y que hayas participado en él.
Gracias a... Eduardo Casanova Tutor
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook:
https://www.facebook.com/eduardo.casanova.967?fref=ts

CONOCEMOS A...
Hoy conocemos a Sara Garcés Carcas, amiga y colaborador de Zarracatalla Editorial. Autora del capítulo XXIX de Nuestra historia titulado “Todo se complica” junto con su inseparable amiga Patricia Aznar. Así se describe ella misma:
Me llamo Sara, soy de Zaragoza (aunque prácticamente toda mi familia es de Luceni) y soy dietista. Actualmente tengo una pequeña consulta online, participo en varios sitios web de nutrición y estoy estudiando el grado de Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Zaragoza.
Me encanta todo lo relacionado con la nutrición, ciencia y en general todo lo relacionado con los alimentos.
También me gusta mucho la música, los animales y estar con mi familia y amigos J

Nos va a responder a las preguntas de nuestros seguidores:
    En qué te inspiraste para escribir este capítulo y cómo te sentiste al recibir el encargo.
o      Cuando se me propuso escribir un capítulo de “Nuestra historia” por una parte me alegré mucho de poder colaborar con este proyecto, pero por otro sentía algo de miedo e inseguridad ya que nunca antes había escrito historias así. No me inspiré en nada en concreto, simplemente mi amiga Patricia y yo queríamos un capítulo interesante con algo de intriga, comenzamos a escribir y nos salieron solas las palabras.

    Donde, cuando y cual era tu situación cuando lo escribiste
o       Lo escribí junto con Patricia en mi casa, en dos tardes de verano y nos lo pasamos muy bien escribiéndolo.

    ¿Cómo ves el proyecto Zarracatalla Editorial?
o      Me parece un proyecto genial, más que nada porque permite participar a muchísima gente y la historia tiene un pedacito de cada uno.

    ¿Escribes habitualmente? ¿Cómo te has encontrado al hacerlo?
o      Sí escribo habitualmente pero sobre nutrición y dietética en varios sitios web. Nunca había escrito historias como esta, tipo novela. Me he encontrado muy bien y mejor de lo que creía, tanto es así que no me importaría volver a participar en otro capítulo.

    Algo que no sepamos y que te gustaría compartir acerca del capítulo…
o      Me impresionó gratamente el capítulo “Cómo ha podido”.

    ¿Cómo creías que iba a continuar tu capítulo?
o      La verdad que continuó como yo esperaba y quería que continuara.

    Recomiéndanos un libro, un disco y una película
o      Un libro: los hijos de la libertad (Marc Levy), un disco: sin enchufe (M clan), una película: kill bill

    Un sitio para quedar…
o      Bar botánico del pasaje del ciclón.

    En la presentación de Colección Cupido pudimos enterarnos de que habrá edición impresa también de Nuestra historia en la que has participado. Cuéntanos tus impresiones al respecto.
o      Me parece estupendo ya que tener la edición impresa te permite leerlo más tranquilamente y todo seguido, para no perder detalle.

    ¿Cómo finalizarías Nuestra historia?

o      Me gustaría un final totalmente inesperado y fuera de la realidad.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXVI. Los gemelos golpean dos veces.

Tras el capítulo de la pasada semana (35. Juego de tronas) de Natalia Carcas Gracia, hoy la acción continúa...
El capítulo arranca con la noticia de que Patricia estaba esperando un bebé también, y que este corría peligro a causa de uno de los fuertes golpes que le propició Ramón.
Tom y Amandine acompañan hasta un vehículo que los devolvería a su casa a Mary y al pequeño Jack. La mamá les pide a los agentes que le mantengan informada de la evolución de Patricia y su bebé, ya que está muy agradecida por su gesto que le devolvió a su pequeño. Estos se comprometen a mantenerla informada.
Tres meses después Ramón permanece en prisión, acusado del secuestro de Jack, el de Ana, robo de material médico y de la paliza a Patricia. Permanecerá entre rejas 15 años y 3 meses.
Patricia por su parte se recuperó estupendamente de la fuerte paliza y su embarazo sigue adelante.
Mary y Jack recuperaron su vida anterior, más tranquilos sabiendo que Ramón permanece en prisión. Tom y Amandine los mantienen informados y hace un mes y medio estuvieron en España visitando a Patricia.
Sandra y Rafa afianzaron su relación y se decidieron a alquilar un piso cerca del de Ana y Pedro.
Ana había pasado la fase más crítica de su embarazo y comenzaba a disfrutarlo de verdad, aunque más pesada, claro. Su relación con Pedro había vuelto a la normalidad. La última ecografía desvelo que serían dos niñas (Candela y Lucía).
Ambos disfrutaban del embarazo. Pedro comenzó a leer un libro sobre paternidad que le regaló su madre: Juego de tronas. Y aprendía todo lo que podía ante la llegada de los bebés.
Una tarde, mientras preparaba la cena y Ana descansaba en el sofá, sonó el teléfono. Pedro respondió y una voz femenina contestó al otro lado del teléfono...
¿Quién será y qué querrá de la atormentada pareja? ¿Cual será el veredicto para el juicio de Pedro? ¿Cómo le irá a Ramón en prisión? No os perdáis el capítulo de hoy.



XXXVI. Los gemelos golpean dos veces.


—¿No me conoces? —respondió la voz femenina desde el otro lado del teléfono.
—Pues si no me das más pistas la verdad es que no sé quién eres.
—Soy Patricia, pero si tienes cerca a Ana no digas mi nombre, no quiero que se entere de que soy yo.
Pasaron varios segundos sin decir palabra por ambas partes, solo se escuchaba la canción de Fito de fondo. Ana, desde el sofá, le extraño tanto silencio.
—¿Pedro, quién es? —pregunto Ana.
—Es mi hermana Sandra, quiere que le de la receta de la tarta de queso que hacemos tu y yo.
—Podemos quedar para hablar, tengo algo muy importante que decirte pero por teléfono no me parece apropiado —dijo Patricia.
Pedro, se metió en su habitación con el inalámbrico y bajo la voz.
—Vale, ¿dónde podríamos vernos?
—¿Qué te parece en la cafetería del centro comercial que hay al lado del hospital, mañana a las cuatro?
—Muy bien, tengo que hacer unas compras y ya aprovechamos para hablar.
—OK, hasta mañana. Dijo Patricia.
—Hasta mañana.
Pedro colgó el teléfono y se dirigió hacia el salón pensando rápidamente en la historia que le iba a contar a Ana.
—Mi hermana, que le quiere dar una sorpresa a Rafa y le va hacer una tarta de queso.
Ana no pareció sospechar nada y así se quedó la conversación, Pedro se fue a la cocina a seguir con la cena.

Mientras tanto en estos tres meses, Olga estaba teniendo una relación a dos bandas, por un lado Mario, que el pobre no se imaginaba lo que le estaba haciendo Olga y por otro Ian, al cual le había vuelto a seducir con sus armas de mujer. Estas cosas se suelen descubrir tarde o temprano pero viniendo de Olga lo llevaba muy bien, ya que con Ian solamente estaba los fines de semana pues trabajaba fuera y no estaba el resto de la semana, así se quedaba el camino libre para estar con Mario sin que este sospechase nada.
Un sábado noche, cenando con Ian en un restaurante italiano, Olga intento sonsacar a este información sobre el accidente que había tenido Pedro con su madre y el por qué de llevarlo a juicio para sacar lo máximo posible a Pedro.
—No comprendo porque tu madre llego al extremo de ir a juicio contra ese chaval. Tanto odio le creó el accidente —preguntó Olga.
—En realidad mi madre no quería, pero el abogado que tenemos es muy  recto y le gusta llevar los casos hasta el final, de ahí que nos llevo a juicio. Pero en realidad mi madre no quería —insistió.
Olga en seguida pensó que hablando con el abogado igual conseguían algo positivo con respecto al juicio y no dudó en preguntar a Ian por él.
-¿Y qué abogado es ese que le gusta tanto ir hasta el final?
—Se llama Benito Gracia y pertenece al bufete de abogados de la compañía de seguros ADESLAS. Es muy bueno.
—Y no lo dudo… —respondió Olga, que se quedó con el nombre y la compañía para poder localizarle y hablar con él.

Al día siguiente, Pedro se busco una buena escusa para ir a comprar al centro comercial solo. Una vez allí se dirigió a la cafetería de dicho centro comercial, allí estaba ya Patricia tomando un café y mirando miles de whatsapp que tenía en el móvil sin leer. Se le veía bien y ya tenía bastante tripilla del embarazo, que tanto peligro corrió tras el secuestro de Ramón.
—Hola Patricia. ¿Qué tal estas? —preguntó Pedro acercándose a la mesa.
Patricia enseguida se levantó y se dieron dos besos.
—Pues muy bien Pedro, gracias por preguntar.
—¿Cómo llevas la recuperación de todo lo sucedido? ¿Y el embarazo, que tal lo llevas?
—Pues la verdad que tras el susto lo llevo muy bien, me he recuperado completamente de los golpes y la memoria la he ido recuperando poco a poco hasta no tener ninguna secuela. ¿Y Ana que tal lo lleva? Porque yo con una va que te va, pero ella con dos… ¿estará gordísima no?
—Sí, bueno lo normal —contestó Pedro—. Aunque no te pienses que tiene mucha mucha tripa, tiene lo normal.
Los dos rieron y comenzaron a hablar del asunto.
—Bueno Patricia, ¿qué es eso tan importante que me tienes que contar y no quieres que se entera Ana?
—Eso va relacionado con mi recuperación de la memoria. Cuando fueron pasando los días después del secuestro, recordé conversaciones que tuve con Ramón en la casa de campo de Pau.
Cuando Pedro escucho el nombre de Ramón, un escalofrío recorrió su cuerpo, ya se intuía que nada bueno le podía contar.
—Bueno, pues cada día iba recordando más y más y he llegado a recordar una conversación que iba relacionada con el embarazo de Ana. No te asustes pero te lo tengo que decir, tal y como me lo comento él.
—A ver qué es lo que te dijo el insensato ese —replicó Pedro.
—Me comentó que tenía un hermano gemelo, que vivía en Estocolmo. No lo conocía nadie por aquí del grupo de amigos, nadie nunca le había visto antes, los separaron desde muy pequeños y desde entonces están viviendo separados, pero no han perdido el contacto en ningún momento. Siempre han estado uno pendiente del otro, aunque sea en la distancia.
—¿Si bueno, y qué tiene esto que ver con el embarazo de Ana? —preguntó Pedro, intuyendo ya por donde iban los tiros.
—Pues esto claro que tiene que ver con el embarazo de Ana. Ya sabes que al principio no estaba muy claro quién era el padre, por el tema de aquel desliz de Ana con Ramón, si eras tú o era Ramón.
—Venga Patricia, no me vengas con esas ahora, quedó perfectamente claro que era yo el padre y solamente yo —aunque Pedro por dentro tenía sus pequeñas dudas pero no quería sacarlas al exterior, se las quedaba en sus adentros para que nadie sospechase nada.
—Sí Pedro, eso nadie lo duda —comentó Patricia—. Nadie excepto Ramón. Ya sabes que esto de los genes de los gemelos es hereditario, si eres gemelo tienes muchas más probabilidades de tener gemelos que uno que no lo es.
—¡Pero qué tontería es esa! —replicó Pedro ya con cierto aire de enfado y desconcierto en su voz. la verdad es que se estaba poniendo muy nervioso con todo lo que le estaba contando Patricia.
—Bueno Pedro no te enfades, yo solo te comento la conversación que tuvimos Ramón y yo en la casa de Pau, y quería decírtelo para que lo supieras.
—Lo entiendo Patricia, no es tu culpa pero es que todo este asunto me está sacando de mis casillas y no puedo más. Entre el juicio, el problema de Ramón, las gemelas…. Todo esto me está superando.
—Lo comprendo Pedro pero quería que lo supieses para que no te pille en fuera de juego. Otra de las cosas que me comentó era que si a él alguna vez le pasase algo, no dudaría en venir a buscarlo, costase lo que costase y que estaría dispuesto a hacer lo que hiciera falta para ayudarle.
—Sí bueno, ¿pero a Ramón no le ha pasado nada, no? — inquirió Pedro.
—No, no le ha pasado nada, pero te recuerdo que está en la cárcel y eso igual es motivo para que su hermano regrese. Te lo digo para que estés muy alerta, por lo que pueda pasar o venir.
—Bueno, no creo yo que por eso vaya a venir.
—Pedro, yo no estaría tan segura de eso. Ya me comentó que eran de carácter muy parecido, muy impulsivos los dos, que si se les metía una cosa en la cabeza la hacían. Mira Ramón a lo que llegó, secuestro a Ana, se fue a Inglaterra, secuestro a su hijo y lo que no sabremos.
—Bueno Patricia, muchas gracias por ponerme en antecedentes, sobre todo en este tema. Estaremos atentos por lo que pueda pasar.
—Pero sobre todo un favor te voy a pedir, no le digas a Ana que hemos tenido esta conversación, si no estoy segura que perdería su amistad para toda la vida.
—Por eso no tengas duda Patricia, este café no lo hemos tomado en la vida. Ana no se enterara de nada de todo esto, te lo prometo.
Una vez terminada la conversación y el café que ambos habían pedido, se despidieron dándose dos besos y cada uno se fue a sus asuntos.
Pedro entro en casa intentado por todos los medios que quería era que Ana no notase nada.
—Pedro… ¿Eres tú? —preguntó Ana desde el sofá en el cual descansaba plácidamente con una almohada en los pies.
Éste tomo aire y contesto.
—Sí cariño soy yo, mira lo que he comprado en el centro comercial para cenar: navajas, almejas, mejillones y gambas langostineras. Te voy a hacer la cena que tanto te gusta de picoteo.
—Gracias cariño. ¿Sabes que me ha llamado tu hermana Sandra?
—¿Sí? Y que quería. ¿No querría otra vez la receta? Pedro pasó unos instantes de angustia por si ambas habían hablado del tema de la llamada de ayer.
—No cariño, solamente hemos hablado de quedar mañana por la mañana para ir de compras.
Pedro respiro tranquilo, casi sudando.
—Muy bien cariño, así os aireáis un poco las dos.
A la mañana siguiente Pedro y Ana se levantaron a la vez y desayunaron juntos. Ana se vistió y se despidió de Pedro para ir al encuentro de su cuñada.

Ana llego a la puerta de la calle, la abrió salió a la calle y se quedó helada. No podía ser, en la acera de enfrente estaba…

sábado, 1 de noviembre de 2014

Todos los Santos.

Como somos más de aquí que de allí, vamos a celebrar como se merece el Día de Todos los Santos. Nada de Halloweenes y tradiciones de otros países impuestas a cascoporro a traves de películas, cultura yankee y lo que es peor: nuestros colegios.
En muchos países el invierno está asociado a la estación más lúgubre y fría. La "muerte" de la Naturaleza, según la tradición, se iniciaba cuarenta días después del equinoccio de otoño (22 de septiembre), precisamente con el Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Se rinde culto a los muertos y en estos días (el día 2 es el día de las almas, día de los muertos) y se vinculan con la vuelta de sus almas durante estos días y a diversas manifestaciones de su presencia.
Y como en estos días parece ser que podemos encontrarnos con estas presencias, vamos a rendir culto a la estética de esta festividad con un relato singular. Es de un amigo de 12 años que estudia 1º de la E.S.O. y que nos ha enviado su trabajo del instituto para que lo publiquemos. Así como antes les daba un palito a mis colegas profesores por dejarse llevar por otras tradiciones ajenas a nuestra sociedad, ahora voy a alabar el gusto de proponerles escribir, desarrollar su imaginación y trabajar su materia gris (bien inmaterial de incalculable valor). El profe en cuestión les proponía un texto (primer párrafo completo) que ellos debían continuar (resto del texto). Y este a sido el resultado:

Relato A
Una pareja vuelve a casa ya bien entrada la noche después de haber estado en una fiesta en casa de unos amigos. Viven en un pueblo alejado de la ciudad y para llegar a él tienen que recorrer una carretera que atraviesa un bosque. Atravesando el bosque, ven que hay un coche estrellado. El coche se ha empotrado en un árbol pero al lado del coche hay una niña ensangrentada. Se detienen en el instante. La niña está muy pálida, debido al susto del accidente piensa la pareja y no llora ni nada. Cuando inspeccionan el interior del coche para ver que tal están los ocupantes, advierten que el piloto y el copiloto están muertos, pero no parece que sea por el accidente solamente, ya que tiene una especie de corte en el cuello…
Cuando se giran para ver como está la niña ven que a desaparecido. La mujer le dice al hombre que va al coche a llamar por teléfono ya que se lo había dejado en el coche. Se dirige corriendo hacia el coche cuando empieza a llover, o eso parecía ya que la lluvia no era normal… era ceniza lo que llovía.
La mujer al levantar la vista ve a su marido y a la niña ensangrentada que la mira y le echa una sonrisa diabólica, y de repente el marido se desploma en el suelo con un corte en el cuello.
Ella asustada arranca el coche y va a comisaría para avisar de lo que ha pasado. Nadie la creía… Unas horas después la policía que fue al lugar de los hechos le dice que no había nada en esa zona.
La mujer se fue a casa a investigar lo sucedido en periódicos antiguos y en uno ponía que en ese lugar hubo un accidente, o eso quería que pareciese ya que la niña llevaba un corte en el cuello y dos puñaladas en el estómago…
La mujer cuando fue a enseñárselo a la policía, en el espejo del pasillo vio reflejado a su marido que le dijo:
—No lo hagas.
Ella asustada corrió hacia el coche. Cuando iba de camino a la comisaría apareció la niña en medio de la carretera y ella se estrelló.
Unas horas después la policía fue al sitio del accidente y en la carretera ponía en sangre:
Te dije que no lo hicieras.


David Gracia Bailón.

viernes, 31 de octubre de 2014

Colección Uni2. Tú, yo... y él. 4. Vuelta a la realidad.

Cuarto capítulo de "Tú, yo... y él", de Merche Comín titulado "Vuelta a la realidad". Seguiremos las peripecias y doble vida de Mónica. ¿Qué ocurrirá tras el apasionado encuentro del capítulo anterior?



4.      Vuelta a la realidad.


—¡Mira por dónde vas! —me increpó el ciclista mientras pasaba a dos milímetros de mis pies…
La verdad es que me daba igual, todavía estaba disfrutando de mi mensaje con una gran sonrisa de boba en la cara. En unos segundos y volviendo al mundo real, tuve que cerrar la conversación y seguir mi camino, ya casi era hora de volver al colegio a recoger a Efrén.
Llegando a casa de mis padres, me suena otra vez el móvil. Comienza la búsqueda en el bolso, y como siempre, cuando ya lo tengo en la mano, deja de sonar. Así que sin mirar quien era, toco el timbre de la puerta y guardo el móvil en el bolso. Subí y abrí la puerta.
—¡Hola! —saludé con la mejor de mis sonrisas, intentando reducir con eso el enfado que pudiesen llevar…
—¡Hola hija! —contestó mi madre con la cara un tanto extraña.
—¡Hola papá! —dije mientras entraba al salón.
La cara de mi padre, estaba desencajada. He iba empeorando  mientras me acercaba a él para darle un beso. Cuando de pronto, y antes de llegar a saludarle, vi una persona sentada en el sofá de enfrente que se levantaba conforme yo iba adentrándome en la habitación.
—¡Hola Mónica! —dijo con una voz titubeante—. Yo…
No deje ni que terminase la frase.
—Tú, ¿qué? —le reproché—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? No eres nadie…
No se describir muy bien la sensación de impotencia, rabia, odio y pena que sentí en ese momento. La situación, en verdad era muy desagradable. Mis padres allí, en medio de un problema que no era suyo, porque era mucho más que eso. Un problema de su hija y de su nieto. Tenía el cuerpo paralizado, no podía ir ni hacia delante ni hacia atrás. Deseaba abalanzarme sobre él, y no responder ante tanto asco que me producía. Asco, sí. Por fin he encontrado la palabra exacta.
—¡Que qué haces aquí, te he preguntado! ¿Me puedes contestar? —mi agresividad iba subiendo, al igual que el tono de mis palabras.
—Mónica, yo…
—Tú, ¿qué? —dije de nuevo dando un paso hacia delante. Mi madre me agarró del brazo para evitar que me acercase más a él. Y se quedó detrás de mí.
—¡Déjame que te explique! —me contestó mientras le daba una pataleta cual niño enrabietado.
—¡Explica! —gritó mi padre—. Explica y sal rápidamente de esta casa.
—No sabía a dónde ir, dónde encontraros... —volvió la cara hacia mí, y puso esa cara de pena, con esos ojos que antes conseguían engañarme—. Cambiasteis de piso y de número de teléfono. He cambiado Mónica, te lo juro. —dijo haciendo un gesto con sus brazos señalándose a sí mismo—. Vengo a por ti, y a por nuestro hijo. Dame una oportunidad, por favor.
—Nuestro hijo. Sí, cómo si el hecho de dejar embarazada a una mujer ya te diese el derecho de hacerte llamar padre. ¡Sal de aquí! —señalé la puerta estirando el brazo al máximo, consiguiendo así apartar a mi madre del camino.
—De verdad, he cambiado. Os puedo dar una buena vida. Tengo trabajo, tengo…
—¡Sal de aquí! —le grité.
—Escúchame, por favor. Dame otra oportunidad —juntó las manos a la altura de la boca, demostrando así que pedía otro favor.
—Escúchale a ella. No quiere verte más. Desaparece de su vida —dijo mi madre con un tono de súplica.
Mi padre, que estaba justo enfrente suya, y le separaba la mesita del salón, increpándole con los brazos sólo tuvo que gritar una palabra, para desatar la ira del momento.
—¡FUERA!
Agachó la cabeza, y sin más, fue andando a paso lento hacia la puerta. No sin antes, justo cuando pasaba por mi lado, y aprovechando que mi madre se había tapado la cara con las manos, dedicarme una sutil mirada de amenaza, a las que en su momento, me tenía acostumbrada.
—Mónica, yo… —volvió a cambiar su mirada mientras intentaba decir algo, que nadie supo el que, ya que todos al mismo tiempo volvimos a gritarle que se largase.
Cuando cruzó la puerta de la entrada y al fin salió de casa, mi madre se apresuró en cerrar y se puso a llorar. A mí no me salían las lágrimas. Me giré y vi a mi padre apoyado en la pared intentando relajarse. Cogí a mi madre, y al paso también agarré a mi padre. Nos sentamos en el sofá, y pasaron los minutos sin mediar palabra.
Mis padres se miraban entre sí. Y se hablaban sin necesidad de decir nada.
—Voy a buscar a Efrén. Enseguida vengo —les comenté mientras me levantaba.
—No hija, no vayas tu sola. Vamos los tres, que seguro que el chico se pone muy contento de vernos a todos allí —dijo mi madre.
Respiré hondo, y entonces entendí que durante una larga temporada no iban a dejarme sola. Y se lo agradecía infinitamente.
Salimos a la calle y ninguno dijo nada, pero todos íbamos con mil ojos, mirando a todas direcciones. Lo más probable sería que quisiese saber dónde estaba el colegio de su hijo. Así que dimos bastante vuelta, hasta llegar al coche de mis padres, y una vez montados, hicimos otro recorrido.
Llegamos al colegio muy justos de tiempo. Así que mientras ellos daban una vuelta con el coche, yo baje para recoger a mi hijo que salió como siempre con la mejor de las sonrisas, ajeno a el problema que le rodeaba.
—¡Hola yayos! —dijo mientras les plantaba los besos oportunos. ¿Qué me has hecho de comer yaya? —como siempre, no perdía el tiempo…
Mis padres y Efrén seguían hablando, y yo encontré un momento de intimidad en la parte de atrás del coche para pensar lo que me acababa de pasar… Ahí fue cuando al relajarme me cayeron las primeras lágrimas.
—¿Qué pasa mami?
—Nada cariño —contesté frotando mis ojos con las manos—. Que con este cierzo, se me ha metido algo a los ojos —mi madre se volvió y me acarició la cara evadiéndome así por un momento a la tranquilidad de no sentirme sola.
El día fue transcurriendo con toda la normalidad que aparentemente podíamos tener. Había llamado a mi trabajo de por las tardes para decirles que no me encontraba bien. Hice lo mismo con las clases de mi hijo. Así podíamos estar en casa todos juntos. Algo poco común para Efrén, ya que cuando yo no trabajaba estábamos en nuestra casa, y no en la de los abuelos. Así que para lo que mi hijo pensaba que era un día de fiesta para los demás era un infierno compartido.
A lo largo de la tarde me vino a la cabeza Izan. Y me acordé que ni siquiera le había contestado. No estaría mal que le contestase, ya habían pasado unas horas y ya le había generado esa intriga de que estuviese esperando mi respuesta. Y aunque precisamente hoy, no era el día más adecuado, quería que supiese que a mí también me había encantado pasar la noche con él.
Agarré mi móvil, hice caso omiso a las conversaciones de los grupos que me habían acumulado cientos de mensajes sin leer, y fui directamente  a la suya. Me quedé estupefacta al ver que me había seguido escribiendo. Y me quedé con una frase que me puso allá hacia el mediodía en la que me decía que si me apetecía que nos viésemos.

Antes de contestarle, quise ver la foto que tenía en su perfil. Ya que ni me había fijado. Abrí unos ojos como platos y volví a la realidad, cuando vi que en la foto de perfil estaba con la chica esa tan desagradable que me revolvió la tienda el día que lo conocí… Se me había olvidado el “pequeño detalle” de que Izan, no era sólo mío.

jueves, 30 de octubre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autora del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (35. Juego de tronas). Además en la entrevista tendremos a Lorena García Aznar.

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo arranca con la notitica de que Patricia estaba esperando un bebé también, y que este corriía peligro a causa de uno de los fuertes golpes que le propició Ramón.
Tom y Amandine acompañan hasta un vehículo que los devolvería a su casa a Mary y al pequeño Jack. La mamá les pide a los agentes que le mantengan informada de la evolución de Patricia y su bebé, ya que está muy agradecida por su gesto que le devolvió a su pequeño. Estos se comprometen a mantenerla informada.
Tres meses después Ramón permanece en prisión, acusado del secuestro de Jack, el de Ana, robo de material médico y de la paliza a Patricia. Permanecerá entre rejas 15 años y 3 meses.
Patricia por su parte se recuperó estupendamente de la fuerte paliza y su embarazo sigue adelante.
Mary y Jack recuperaron su vida anterior, más tranquilos sabiendo que Ramón permanece en prisión. Tom y Amandine los mantienen informados y hace un mes y medio estuvieron en España visitando a Patricia.
Sandra y Rafa afianzaron su relación y se decidieron a alquilar un piso cerca del de Ana y Pedro.
Ana había pasado la fase más crítica de su embarazo y comenzaba a disfrutarlo de verdad, aunque más pesada, claro. Su relación con Pedro había vuelto a la normalidad. La última ecografía desvelo que serían dos niñas (Candela y Lucía).
Ambos disfrutaban del embarazo. Pedro comenzó a leer un libro sobre paternidad que le regaló su madre: Juego de tronas. Y aprendía todo lo que podía ante la llegada de los bebés.
Una tarde, mientras preparaba la cena y Ana descansaba en el sofá, sonó el telefono. Pedro respondió y una voz femenina contestó al otro lado del teléfono...
¿Quién será y qué querrá de la atormentada pareja? ¿Cual será el veredicto para el juicio de Pedro? ¿Cómo le irá a Ramón en prisión? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creadora es una asidua al blog ya que junto a su pareja colabora escribiendo una de las novelas de Colección Uni2 (Un destino inesperado). Esperó paciente su turno, en una semana dura (la siguiente a las fiestas de Agosto y de reencuentro con sus peques en la guardería tras un mes de merecidas vacaciones), y una vez que dispuso de todo lo necesario enseguida escribió este capítulo. Tenía claro que quería introducir un salto temporal en la historia, que finalmente fue de sólo tres meses, aunque estuvo tentada de hacerlo de mayor tiempo. Esta duda y los posibles desarrollos que podría adquirir la historia la tuvieron cabilando hasta que tomó esta decisión y la desarrolló. Un placer contar de nuevo contigo...
Gracias a... Natalia Carcas Gracia
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook:
https://www.facebook.com/natalia.carcas?fref=ts



CONOCEMOS A...
Conocemos a…

Hoy conocemos a Lorena García Aznar, amiga y colaborador de Zarracatalla Editorial. Autora del capítulo XXVI de Nuestra historia titulado “Estamos contigo”, que cerró la primera temporada. Así se describe ella misma
Aprendiz de mucho, maestra de nada.

Nos va a responder a las preguntas de nuestros seguidores:
    En qué te inspiraste para escribir este capítulo y cómo te sentiste al recibir el encargo.
o      La primera impresión que tuve fue de sorpresa, seguida por una sensación de halago absoluta y para terminar aterrorizada por si no era capaz de realizar el encargo con el mismo nivel que mis predecesores.

    Donde, cuando y cual era tu situación cuando lo escribiste
o      Mi situación personal en ese momento era como la de costumbre en el último año, un caos. Me pasó de todo, la tecnología me odia. Mi conexión a Internet decidió no funcionar, después de tener todo el capítulo escrito, se borró entero y tuve que volver a reescribir.... En fin, un caos. Pero la teoría del gato panza arriba me ayudó a salir cuanto menos airosa, jeje

    ¿Cómo ves el proyecto Zarracatalla Editorial?
o      Me parece un proyecto fantástico, capaz de unir gente por un fin común. Algo digno de que siga adelante y hacerlo cada vez más grande.

    ¿Escribes habitualmente? ¿Cómo te has encontrado al hacerlo?
o      De más jovencita si que tuve un momento literata pero estos últimos tiempos lo cierto es que no. Me resultó muy emocionante descubrir que no toda mi imaginación está perdida

    Algo que no sepamos y que te gustaría compartir acerca del capítulo…
o      Como os comentaba antes, lo ocurrido entre bambalinas fue lo más estresante aunque reconozco que en más de una ocasión me dio la risa floja. No pudieron pasarme más cosas, todos los soportes informáticos con los que contaba para realizar el encargo fallaron, todos y cada uno de ellos.

    ¿Cómo creías que iba a continuar tu capítulo?
o      Lo cierto es que preferí no hacer elucubraciones sobre la continuación de mi capítulo.

    Recomiéndanos un libro, un disco y una película
o    “El ocho” de Katherine Neville, el “disco rojo” de los Rip y esto ya es más complicado pero “Dentro del laberinto” es una película que me trae muy buenos recuerdos
    Un sitio para quedar…
o      La otra (bocaus con rasmia), en el barrio de la Madalena. Cervecita buena, mojitos increíbles y muy buenos amigos

    En la presentación de Colección Cupido pudimos enterarnos de que habrá edición impresa también de Nuestra historia en la que has participado. Cuéntanos tus impresiones al respecto.
o      Me parece algo fantástico, muy contenta por la noticia y muy orgullosa por formar parte del proyecto

    ¿Cómo finalizarías Nuestra historia?
o      Prefiero que la historia me sorprenda, así que ahí no voy a entrar.

lunes, 27 de octubre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXV. Juego de tronas.

Tras el capítulo de la pasada semana (34. Amandine) de Irene Royo Gracia, hoy la acción continúa...
El capítulo anterior arranca con Patricia hospitalizada en Pau y con Amandine, una asistente social francesa contratada por la Interpol acompañando al pequeño Jack hasta el aeropuerto para el viaje de regreso a casa.
En casa de Ana y Pedro siguen desconcertados por el mensaje de Patricia y deciden esperar más noticias desde Francia. Mientras Ana les cuenta al grupo lo ocurrido con Ramón y Pedro todo el desarrollo de su juicio. Sus amigos no dan crédito. También les cuentan que esperan gemelos.
Ya en Inglaterra Jack corre a abrazar a su mamá que lo espera a pie de pista. Amandine los acompaña hasta una sala para que ambos se tranquilicen, el pequeño descanse y se relaje con su madre y coma un poquito, para después llevar a cabo un interrogatorio.
Un miembro de la policía inglesa le toma declaración al pequeño Jack que describe los hechos desde su perspectiva infantil: el secuestro, la huida oculto en el maletero del coche y la escapada surcando toda Francia, y el desenlace de la historia con Ramón desesperado propinando una tremenda paliza a Patricia.
Tom, el policía que lo interroga les dice que afortunadamente Ramón se encuentra encarcelado en España y Patricia ha despertado y está recuperándose en el hospital y pronto será trasladada también a su país para seguir la recuperación aunque le ha quedado alguna secuela: no recuerda nada de lo ocurrido y además...
¿Qué le ocurrirá a la pobre Patricia? ¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo le irá a Ramón en prisión? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el capítulo de hoy.



XXXV. Juego de tronas.


Además… Patricia estaba esperando un bebé y un desafortunado golpe que le propició Ramón había causado problemas en el embarazo. De momento no había perdido al bebé pero la situación era muy complicada, aunque los médicos estaban haciendo todo lo posible para que tanto Patricia como el bebé salieran adelante.
Tom y Amandine acompañaron a Mary y a Jack hasta una puerta en el aeropuerto donde les esperaba un coche de la policía que les llevaría hasta su casa, donde intentarían recobrar la normalidad de sus vidas pese a la amarga situación que ambos habían vivido.
Antes de que Mary subiera al coche, les dijo a los agentes que le gustaría que la mantuviesen informada acerca de la evolución de Patricia. Sin dudarlo, ambos agentes asintieron y le dijeron que no se preocupara que ellos mismos se encargarían de hacerle llegar cualquier noticia acerca del estado de salud de Patricia y de su bebé. Al fin y al cabo, Mary sentía que había recuperado a Jack gracias a Patricia y que cuando esta se encontrara mejor, debía agradecerle lo que había hecho por ella y por su hijo.
Al mismo tiempo, en España, no daban crédito de cómo Ramón había podido sobrepasar tantos límites. Primero el secuestro de Ana, luego el de Jack y por último la brutal paliza a Patricia.

Tres meses después…
Ramón permanecía en prisión. Dos semanas después del fatídico suceso de Pau, fue llamado a juicio. No tuvo mucho que hacer en su defensa. Del secuestro de Ana había claras pruebas que le delataban robando el cloroformo en el hospital y además Ana se armó de valor y declaró en su contra. Fue duro tomar la decisión porque no quería volver a verle la cara y hasta ahora había ocultado todo lo ocurrido para, de algún extraño modo, defenderlo. Pero finalmente Ana pensó que era justo que pagara por el daño que había hecho. Del secuestro de Jack había dos testigos: Patricia y el mismísimo Jack.
También le acusaron de agresión. Patricia declaró, pero también los médicos que la atendieron tras la brutal paliza y los policías que la encontraron tendida en el suelo.
La sentencia del juez propició el ingreso en prisión de Ramón durante 15 años y 3 meses.
Patricia se recuperó estupendamente de todas sus lesiones y el bebé milagrosamente no sufrió ningún tipo de daño por lo que el embarazo continuó adelante. De vez en cuando todavía sueña con el secuestro pero una patadita de su bebé le hace despertar de esas horribles pesadillas.
Mary y Jack habían vuelto a recobrar su vida anterior al suceso vivido. Todavía lo siguen recordando pero ahora que Ramón ya está en prisión, Mary se siente mucho más segura.
Tom y Amandine la mantuvieron informada sobre el estado de salud de Patricia y de su bebé durante toda la recuperación. Hace mes y medio Mary y Jack decidieron viajar a España para ver a Patricia.
Sandra y Rafa continúan afianzando su relación y han decidido alquilar un apartamento en el centro, cerca de Pedro y Ana ya que Sandra  quiere estar muy cerca suya, pero en especial… ¡de sus futuros sobrinos!
Ana ya se encontraba mucho mejor de su embarazo. Las nauseas y vómitos típicos ya hacía tiempo que habían desistido y en estos momentos Ana estaba disfrutando de su embarazo. Cada vez se sentía más pesada pero también sentía a sus dos hijos y eso la hacía sentirse la mujer más feliz del mundo.
La relación con Pedro por fin se había encauzado de tal manera que no solo Ana estaba disfrutando del embarazo, sino que Pedro sentía que estaba viviendo la etapa más feliz de  su vida. Junto a Ana y a sus dos retoños.
El juicio de Pedro todavía está visto para sentencia.
Durante estos tres meses, las vidas de todos ellos habían cambiado mucho.
La última vez que todos ellos se encontraron en el Rock&Blues, todas las noticias que se dieron fueron buenas. El piso de Sandra y Rafa, la recuperación de Patricia y de su bebé… y Ana y Pedro les contaron que en la última ecografía que le habían hecho a Ana por fin habían visto el sexo de los bebé y eran… ¡dos chicas!
Esta última noticia dio muchísimo que hablar durante aquel encuentro… Los nombres de las niñas fue el tema más debatido. Hasta que Ana y Pedro les contaron que ya tenían decidido cómo se iban a llamar: Candela y Lucia eran los nombres elegidos. Todos aplaudieron de la emoción y a la tía Sandra se le saltaron hasta las lágrimas.
Pasaron una buena velada todos juntos y decidieron que aunque sus vidas fueran a cambiar, las reuniones en el Rock&Blues tenían que ser semanales.
Después de la reunión y con una mochila llena de buenas noticias cada uno marchó hacia su casa. Al llegar Ana ya no podía  más.
—Estas niñas me agotan —le dijo a Pedro—, voy a descansar un ratito.
Y mientras Ana descansaba, Pedro empezó a leer un libro que su madre y en vistas a su futura paternidad le había regalado. Lo primero que miró fue el título: “Juego de tronas: manual para la paternidad”.
—Madre mía —pensó Pedro—. ¿Por qué se le habrá ocurrido a mi madre regalarme un libro con este título?
Comenzó a leer. El libro hablaba de la lactancia, de los cólicos y de todas las cosas de los bebés que un padre primerizo no sabe. A Pedro cada vez le gustaba más lo que estaba leyendo y tenía ganas de que Ana se levantara para contarle y explicarle todo lo que había aprendido.
Y así pasó una semana entre preparativos y compras para la llegada de las niñas. Pedro seguía asombrado de la cantidad de cosas que podían llegar a necesitar dos cositas tan pequeñas.
El  jueves por la tarde Pedro y Ana se encontraban en el sofá de su apartamento. Ana con continuas molestias por las patadas que le daban las pequeñas. Por fin a Ana le habían dado la baja en el trabajo. Cada vez se encontraba más y más pesada y el volumen de su tripa ya le impedía realizar bien su trabajo.
Ahora Pedro, tenía que mimar y cuidar mucho a Ana y así estaba cumpliendo las órdenes del ginecólogo. Estaba preparando algo para cenar y se disponían a ver una película cuando de repente sonó el teléfono:
¡¡¡¡Ring ring!!!!
—Pedro, corre cariño que a lo que me levante del sofá ya han colgado.
¡¡¡¡Ring Ring!!!!
—¡Pedroooooooooo!
Este al oír el grito de Ana salió corriendo de la cocina. Estaba inmerso en su mundo cocinando mientras escuchaba una canción de Fito a toda pastilla: “Se  me ponen si me besas….rojitas las orejas….paparabara paparabara…”
—Lo siento cariño… Estaba…
—Ya —le replicó Ana—. Estabas cantando a toda voz.
Ambos rieron. Pedro descolgó el teléfono:
—¿Sí?
—Hola —respondió una voz femenina.

—Hola —contestó Pedro esperando algún detalle más de la persona que estaba al otro lado del teléfono…

viernes, 24 de octubre de 2014

Colección Uni2. Un destino inesperado: 4. Un encuentro escurridizo.

Cuarta entrega de la novela "Un destino inesperado" de Natalia Carcas y David Carrasco. En este ocasión titulado: "Un encuentro escurridizo", que nos narra las andanzas de Esteban, nuestro protagonista indigente, ahora al lado de su nueva compañera Julia. ¿Quién llamará a la joven a gritos en el Macanaz?



CAPITULO 4. Un encuentro escurridizo.


Julia y yo nos volvimos para descubrir quién era el gritaba. A lo lejos vimos a un chico. Era alto, rubio e iba vestido con traje y corbata.
Julia palideció al verlo. Su expresión cambió y cuando se percató de que el muchacho andaba hacia donde estábamos se giró y me dijo:
—Esteban, comienza a andar…
—¿Peeeeeroooo…? ¿Qué pasa? —le pregunté muy sorprendido.
¡Esteban! —me gritó—. Te he dicho que comiences a andar. Cuando perdamos a ese de vista, te contaré que pasa.
Asentí con la cabeza y sin rechistar comencé a andar a la par de Julia a paso bastante ligero. Seguía perplejo por la situación pero la verdad es que confiaba en Julia, desde que la conocí las cosas me iban un poquico mejor.
Caminábamos muy ligeros, casi corriendo y empezamos a callejear por las estrechas vías del Arrabal. El muchacho en cuestión nos seguía. Tras diez minutos esquivándolo sin éxito, Julia me dijo:
—Corre ven, sígueme —miró hacia atrás y revolvimos una esquina—. Tenemos un pequeño margen de tiempo hasta que gire. Hay que buscar un sitio para escondernos.
De repente, de uno de los portales de la calle donde estábamos vio que salía una anciana. Julia corrió a sujetarle la puerta.
—No se preocupe señora, yo le agarro la puerta —le dijo a la señora educadamente.
—Muchas gracias amante. Ya es raro encontrar una persona joven tan considerada con nosotros los abuelicos.
—De nada señora, es un placer.
Julia agarró la puerta hasta que la mujer desapareció de nuestra vista y me gritó:
—¡Corre Esteban, entra aquí! ¡Seguro que le despistamos!
Y así fue. Nos escondimos detrás de los buzones y desde allí vimos pasar de largo al misterioso muchacho.
Nos quedamos allí durante un cuarto de hora para asegurarnos de que el chico hubiera desistido de buscarnos.
—¡Vamos! Creo que ya andará bien lejos o se habrá cansado de buscarnos —me dijo.
Sin rechistar salí detrás suyo del portal. Estuvimos un rato andando hasta que me cansé. Me volví hacia ella y le dije:
—Julia… Creo que me debes una explicación de lo ocurrido, ¿no crees?
Julia me miraba con los ojos como platos.
—Sí Esteban, vamos a buscar algo para comer  y volvemos a la cabaña. Allí te contaré quién es, por qué me conoce y por qué tenía tanto interés en encontrarme.
Asentí con la cabeza y continuamos caminando dirección a la cabaña. Julia había dicho que íbamos a conseguir algo de comida y estaba intrigado por saber como la iba a conseguir esta vez. Tras un buen rato andando y ya casi llegando a la cabaña, nos paramos en la puerta de Carrefour.
—Esteban, espérame aquí, vuelvo enseguida.
No me dio tiempo a reaccionar. Cuando fui a buscarla con la mirada ya estaba dentro del centro comercial bajando por las escaleras mecánicas. Fue un visto y no visto. De repente apareció, con una bolsa y sin decir nada comenzó a andar. Me preguntaba que habría hecho esta vez y sin darme tiempo a preguntarle me dijo con una pícara sonrisa:
—Esteban, hay que tener contactos en todos los sitios.
Sonreí, me puse a la par de ella y seguimos caminando sin mediar palabra. No sabía lo que había en la bolsa pero salía un olorcico que estaba despertando a mi estómago.
Llegamos a la cabaña y cada uno nos sentamos en un sofá. Julia sacó lo que había en la bolsa.
¡Dios mío! No me lo creía…. ¡Era un pollo asado!
Julia se echó a reír al verme la cara.
—¡Chico, chicoooooo, Estebannnnnnn, vuelveeeeee!
—¡Uy! —exclamé—. ¡Cuánto tiempo hacia que no veía, olía y cataba uno de estos! ¡Se me cae hasta la baba!
—Bueno, pues… ¡Al ataque! —gritó Julia entre risas.
Tras el festín de pollo y con la tripa llena, no pude aguantar más. La curiosidad sobre lo ocurrido por la mañana me estaba matando. Así que me armé de valor y pregunté:
— Oye Julia, sigo intrigado con lo ocurrido esta mañana con el tipo del parque. ¿Te importaría…?
—Sí, Esteban —me interrumpió—. Te voy a contar la historia. El chico que me buscaba en el parque es Óscar, mi hermano.
No me hizo falta decir nada, mi cara debía ser un poema.
—Pero… ¿tu hermano? ¿Y por qué huyes? —le pregunté.
—¿Recuerdas que te conté que había tenido problemas con las drogas?
—Sí, sí, lo recuerdo perfectamente —le contesté asintiendo con la cabeza.
—Bueno, pues cuando decidí que tenía que salir de aquel infierno fui a pedirle ayuda a mi hermano. Yo siempre he sido la oveja negra de la familia y él, el ojito derecho de todos. Terminó sus estudios, montó una empresa que afortunadamente y con los tiempos que corren  le funciona muy bien, se casó y tiene dos niñas preciosas. Es decir, es todo lo que unos padres sueñan para sus hijos. Bueno pues como te decía, acudí a él para pedirle ayuda para salir de las drogas.
—¿Y qué pasó? —le pregunté si cabe aún más intrigado.
—Pues no tuvo suficiente con negarme su ayuda que además me dijo toda una sarta de barbaridades, entre ellas que no quería volver a verme.
—¡Venga ya Julia! ¿En serio? —exclamé cada vez más alucinado.
En ese momento me paré a pensar en que yo me había quedado solo por la muerte de mi madre pero Julia estaba sola aun teniendo a gente cercana vivita y coleando.
—¿Bueno, y ahora por qué te busca? —le pregunté.
—Hace ya un par de meses que una vez a la semana se deja caer por Macanaz. Sólo he hablado con él una de esas veces. Me dijo que estaba muy arrepentido de no haberme ayudado en su momento y que me iba a ayudar en lo que necesitase.
—¿Y qué le dijiste?
—Pues que me dejara en paz, que cuando le pedí ayuda me la negó y que ahora no la necesitaba —me contó Julia mientras los ojos se le pusieron vidriosos.
Sin decirle nada, me senté a su lado en el sofá rojo, la abracé para consolarla y así nos quedamos dormidos.

No sé cuánto tiempo habíamos dormido cuando de repente…