martes, 14 de octubre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXIII. Cómo ha podido.

Tras el extraordinario capítulo de la pasada semana (32. Ian) de Bárbara López Díez, hoy la acción continúa...
El capítulo arrancaba con las tremendas dudas que se le plantean a Olga al reencontrarse de nuevo con Ian. Esta situación la transporta a tiempos pasados, a su encuentro en el "Love boat" y a cómo, tras descubrir que las consecuencias de aquella noche de desenfreno eran un embarazo, decidió tirar para adelante y abortar. Sola, sin apoyos de nadie... excepto de Ana. Y ahora su relación está tan deteriorada...
Recuerda cómo tras resolver el asunto el destino la volvió a unir con Ian, y esta cayó locamente enamorada del pelirrojo. La relación hizo que Olga cambiara su actitud, se convirtió incluso en mejor persona. Estaba feliz, hasta que... Ian desapareció sin saber por qué. Esto provocó un fuerte dolor en el corazón de Olga y se prometió que nunca ningún hombre la haría sufrir, serían a partir de ahora un juego para ella.
Y ahora allí estaba, frente al hombre que la enamoró y le hizo pasar semejante calvario. Sus sentimientos se agolpan uno tras otro, porque al verlo todavía sientía algo por él. Cuando de repente suena su móvil. Es Pedro, presa de la ira la llama para terminar de una vez por todas con esta insana relación... ¿Y ahora qué? Pedro… Ian…
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo se desarrollará la escapada a Pau de Ramón y Patricia? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el capítulo de hoy.



XXXIII.     ¿Cómo ha podido?

¿Y ahora qué?
Por un instante Olga estaba totalmente confusa, la situación se le apoderaba, algo inhabitual en ella, pues siempre sabía qué hacer en cada momento, conseguía una respuesta rápida para cualquier dificultad que se interpusiera en su camino. Segura y decidida. Pero con la llamada de Pedro no sabía qué hacer, no le apetecía hablar con él. Optó por no cogerlo dejando sonar esa odiosa melodía “Basic tone” que siempre se le olvida cambiar hasta que Pedro desistiera de llamarla. No entendía como podía tener sentimientos hacía dos hombres a la vez. ¿Por qué Ian tenía que ser el hijo de aquella mujer? ¿Por qué él? Con lo fáciles que hubieran sido las cosas si el hijo de esa mujer fuese alguien desconocido. Seducción y atracción de mujer hacia el hombre, sin mezclar sentimientos. Así de sencillo. Pues no, tenía que ser él, Ian. ¿Y qué hacía en España?

Ian Andrews, hijo de Brian Andrews y Carmen López. Brian era un rico empresario irlandés. Su empresa gestionaba todo el transporte de mercancías en Irlanda, y esta había sido heredada de padres a hijos durante tres generaciones. La familia de Brian, además de poderosa y de las más ricas del país,  era católica, muy tradicional, como la gran mayoría de los habitantes de Irlanda. La idea del matrimonio tenía que seguir su curso: chico conoce a chica y no pueden tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, pues sería vivir en pecado y una gran traición a la familia.
Carmen López en cambio, era una española que provenía de una familia humilde sin mucho dinero para comer y menos para estudiar. Cansada de esta situación y queriendo hacer su sueño realidad, a los diecisiete años con sus ahorros decidió emprender la aventura de viajar a Irlanda. Siempre lo había deseado. No sabía por qué, pero quería ir allí. Esos ahorros sólo le llegaban para comprar el billete de ida a Irlanda, así que nada más llegar allí se tendría que buscar la vida para poder sobrevivir.
Brian y Carmen se conocieron en el mismo aeropuerto. Él se quedó embobado nada más verla. Se enamoraron y fruto de ese amor, ella se quedó embarazada de Ian. Debido a la tradicional familia Andrews, los padres de Brian no iban a aceptar esa relación, y menos a su hijo bastardo. Así que por no complicarle la vida a Brian, Carmen decidió apartarse y criar a ese hijo sola, pero fuera de Irlanda. Echaba en falta España y a su familia, pues se sentía sola. No se lo pensó dos veces y volvió a su ciudad natal.
Brian no pudo ver crecer a su hijo, pero siempre se preocupó por él y todos los meses le enviaba dinero para su educación. Ian consiguió ir a la universidad, y debido a la posición económica de su padre pudo irse de Erasmus a Estocolmo. Allí es donde conoció a Olga.

Eran la siete de la tarde cuando Mario llegaba al Rock’n Blues y encuentra a Hugo sentado en la mesa al lado del gran ventanal que caracteriza al bar. Observa que Hugo ya había pedido una jarra de cerveza, se acerca a la barra y pide otra para él.
—Vaya lío tengo que contarte —dijo Mario bastante preocupado.
—¡Desembucha guapo! —le contestó Hugo bastante impaciente.
Pasó una hora desde que Mario comenzó a contarle todo el problema en  el que estaba metida su amiga Ana y ambos seguían inmersos en la conversación.
—Es un caso que podemos ganar, no le tiene porque afectar a Ana. Podemos utilizar las grabaciones de seguridad para probar que Ana no cogió el cloroformo, sino Ramón. Y que todo lo que afirmó entonces fue un momento de confusión.
Esas palabras de Hugo calmaron a Mario.
—¡Buff! Según todo lo que está pasando Ana, no gana para disgustos. No estaría de más que todo este tema del cloroformo se arreglara cuanto antes.
Mientras conversaban iban terminando esas jarras de cerveza enormes y no dudaron en pedir otra ronda, pues tanto hablar no les calmaba la sed.
—¿Pero hay alguna denuncia del hospital hacia Ana? —Hugo le preguntó a Mario.
—Creo que no. De momento la amiga de Ana, Teresa, le dijo que iba a investigar sobre el asunto.
—Bueno, creo que antes de que le pongan denuncias, podemos hablar con esa tal Teresa y demostrarle con las grabaciones que Ana es inocente. Dile a Ana que te dé el número de teléfono de Teresa —Hugo bastante convencido de lo que decía, estaba seguro de que esta idea le iba a funcionar.
Sin dudarlo ni un segundo, llamaron a Ana y consiguieron contactar con Teresa, la cual accedió a ver esas grabaciones junto con Hugo y Mario. No fue fácil conseguirlas, pero sabía que no podía ponerle una denuncia a Ana, pues era su amiga. No se sentía capaz y por eso estaba dilatando tan difícil decisión.
Durante los días siguientes estuvieron viendo horas y horas de vídeo hasta que por fin lo encontraron.
—Ahí está, tal y como decía Ana, Ramón robó el cloroformo —Teresa se quedó tranquila viendo las imágenes ya que no tenía que interponer la denuncia. Estaba preocupada, pues las imágenes daban credibilidad a su amiga, y era bastante probable que Ramón la secuestrara. Ya sabía lo que tenía que hacer, denunciar a Ramón.
Ramón en poco tiempo, estaba siendo buscado por la Interpol  debido al secuestro de su hijo Jack y de Ana.

Ana, sabiendo todo el lío que se había montado por defender a Ramón, tenía que poner al día al resto de amigos por lo que decide invitarles a su casa y contarles todo detenidamente. Todos los problemas con Olga y el juicio de Pedro pasan a un segundo plano. Les llama uno a uno, excepto a Olga evidentemente. De todos recibe respuesta excepto de Patricia, lo que le sorprende. Aun así la cena sigue en pie.
Ana no sabía que preparar para cenar, no tenía la cabeza para pensar en recetas innovadoras, así que acudió a lo fácil: compró unas pizzas que sabía que a todos les gustaría y algo de beber.
Una vez todos sentados en el sofá, Ana comenzó a contarles toda la historia. Se quedaron boquiabiertos, ya que no esperaban que Ramón hubiera podido llegar tan lejos.
Ana comprobó su móvil de nuevo y observó que no había recibido ninguna llamada de Patricia.
—Por cierto, he llamado varias veces a Patricia y no me lo coge, ¿sabéis algo de ella? ¿Se ha ido a algún sitio?  Hace días que no la veo.
Sandra y Rafa se miran mutuamente.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —le dice Sandra a Rafa.
Todos sabían que Patricia y Ramón habían estado juntos meses atrás. Él no quería nada con ella, fue una más en su vida amorosa, pero ella sentía algo más por él que una simple amistad y sabían que si Ramón le reclamaba ayuda ella acudiría donde él quisiera.
—¿Pero tú crees que Patricia está ayudando a Ramón para solucionar alguno de sus chanchullos? —exclamó Ana indignada defendiendo a su amiga—. Conozco muy bien a Patricia y creo que es bastante sensata y no se va a involucrar en ninguna locura.
—Según lo que has contado de Ramón, lo veo capaz de todo y ha podido embaucar a Patri —dijo Rafa convencido.

Mientras tanto en Pau, a Patricia no le quedaba otra escapatoria. Tenía que hacer todo lo que quisiera Ramón, pues tenía una pistola y si había amenazado a su perro Fede, también podía amenazarla a ella.
Patricia a pesar de estar incómoda en esa casita de Pau, no podía dejar de cuidar a Jack. No lo conocía de nada, pero era un niño inocente que echaba de menos a su madre y no entendía por qué Ramón, con el que estuvo jugando todos los miércoles, de repente lo separó de su madre.
En un descuido Patricia miró su móvil y vio una larga lista de llamadas de Ana. Estaba claro que sospechaba algo… No dudo en enviarle un corto whatsapp ahora que Ramón no la vigilaba.
“Estoy en mi casa de Pau, Ramón me tiene retenida junto con su hijo Jack. Llamad a la policía. Rápido”

Un doble tic del whatsapp suena en el móvil de Ana, y ésta lo lee:
—¡Es Patricia! ¡¡La tiene retenida Ramón en Pau con su hijo Jack!! ¡Llamad a la policía!
—¿Jack? —interrumpió Sandra sorprendida—. Pero, ¿Ramón tiene hijos?
El pánico se hizo protagonista de aquel salón. Nadie entendía nada. Rafa es el que llama a la policía, pues es el único que puede contener los nervios y hablar sin que se le trabe la lengua. Marca el 091.
Una vez hecha la llamada, la policía tiene que contactar con la policía francesa, pues no puede hacer nada al ser territorio francés. Pero Ramón no era desconocido en el historial de la Interpol, pues también estaba siendo buscado por el secuestro de Jack.
Se desplegaron muchas unidades de la policía en la frontera de España y Francia para interceptarlo si trataba de volver a España.
Mary, la madre de Jack, en seguida fue informada que habían localizado a su hijo tras muchos días de búsqueda. No lo podía creer, por fin podría abrazar a su hijo. No debía haber permitido que el padre de su hijo entrara en sus vidas. No volvería a cometer ese error. Lo único que quería es que todo volviera a la normalidad, volver a la rutina con Jack y James en Londres. Era su único deseo.

Ramón estaba merodeando por los alrededores de la casa, a la vez que vigilaba a Jack y Patricia, cuando se oyen unas sirenas a lo lejos: “No puede ser…” a medida que pasan los segundos se oyen cada vez más cerca.
—¡Mierda! ¡Esa zorra ha llamado a la policía! —gritó Ramón mientras entraba en la casa y buscaba desesperado a esa mujer que le había delatado. Su cuerpo se llenó de furia. Iba directo, con el puño preparado, no se podía contener. Ahí estaba, sentada en el sofá… ¡Zas! Patricia recibió un primer puñetazo es su delicado pómulo. No paraba de recibir golpes y patadas por todo el cuerpo. Se quedó casi inconsciente, no sentía la cara, ninguna parte del cuerpo. No podía hacer nada, le pilló desprevenida. Se sentía impotente pues su cabeza se quería defender de su agresor pero su cuerpo no le respondía. Notaba que le costaba respirar, su pulso se iba debilitando hasta que dejó de latir.

—¡Policía! —se oye una voz grave tras un megáfono—. ¡Entréguese Ramón, no tiene escapatoria!...

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