lunes, 25 de mayo de 2015

TayTodos. 16. Los celos de Nerea.

Hoy nos llega el capítulo número dieciséis de la saga "TayTodos", pero antes vamos a repasar lo ocurrido el pasado lunes.
El capítulo anterior arranca con Mario apareciendo en la mansión de Clara. Su madre ya no se despega de él y se interesa por Mirka, que lo había llevado hasta allí. Rápidamente, y tras una breve charla con la joven polaca, advierte a su marido de que el niño está sano y salvo y que actúe en consecuencia con el secuestrador que se dispone a cobrar el rescate marcándose un farol. Clara se queda prendada de la joven, y le ofrece un cambio de vida: vivirá allí con ellos mientras cuida de Mario y le enseña idiomas. Enseguida le enseña su nueva habitación, una habitación enorme con todo tipo de lujos. Tras esto Clara fue directa al grano y aprovechando el desconcierto de la joven comenzó el juego sexual que acabó con ambas exhaustas envueltas en caras sábanas. Tras una tenue luz apareció Baby face, observando a ambas.
Cuando el matrimonio salió de los aposentos de Mirka, Clara preguntó a su marido cómo había ido el tema del Polaco y Venancio le contó cómo unos búlgaros le habían zurrado bien, que Montana estaba en el ajo pero sabía que el crío volvía a casa con Mirka, lo que le salvaría la vida, y que los búlgaros harían desaparacer a Pavel en el fondo del pantano. Momentos después un bate golpeaba la cabeza del Polaco hasta dejarlo sin vida, y atado a una pesada barra de hierro se hundía en el fondo del pantano.

¿Qué intenciones tendrá Mirka al devolver al pequeño con su madre? ¿Cual será la reacción de Clara y Venancio ante tan inesperado suceso? ¿Y Jorge, podrá retomar su relación con Carolina? ¿Volverá a saber Rebeca del apuesto Montana, o este se obcecará en la promesa del Polaco sobre Mirka? ¿Sabremos algo más de Sergio y Nerea? ¿Y Jota, volverá a aparecer? No os perdáis el capítulo de hoy.

En cuanto a su creador, decir que es otra nueva incorporación en Zarracatalla Editorial durante 2015. Muy prontito participará también en Colección Cupido 2015 con "Clases de latín". Hombre inquieto por naturaleza, colabora en Radio Alagón todas las tardes de los martes, pertenece a varios clubes de lectura y tras su jubilación se dedica a lo que más le apasiona: la literatura en cualquiera de sus modalidades, pero leyendo y escribiendo, este hombre reñido con las nuevas tecnologías, encuentra la felicidad.
Intenso en su forma de escribir, nos ha dejado un gran capítulo, y esperando el momento de presentaros su relato de Colección Cupido. Desde Alagón, nuevo pueblo ganado para la causa, agradecer inmensamente su predisposición a Carlos Adé López.

Os dejo con el capítulo de hoy. Espero que os guste. Besetes a tod@s. Nos leemos.



16. Los Celos de Nerea.

Esos peces serian los que terminaran el trabajo encargado. Los búlgaros chocaron sus manos en señal de triunfo y abandonaron el embalse.
A Montana lo dejaron abandonado en el lugar en el que le habían golpeado, le habían dado tal paliza que apenas podía moverse y menos mal que los había convencido de que él nada tenía que ver con el secuestro del niño. Cuando volvió en sí, no tenia ni puñetera idea de donde se encontraba. Poco a poco se fue recuperando hasta reconocer el lugar, estaba tan cabreado, que de su boca sólo salían insultos y maldiciones hacia sus maltratadores y recordando también y no de muy buenas formas, al mal nacido del Polaco que fue el causante de semejante paliza:
—Ya te lo decía yo —exclamo—. ¡Sinvergüenza! Que los jefes tienen mucho poder y tarde o temprano se enteran de todo y ya ves cómo nos ha ido, ¡desgraciado!
Trató de incorporarse pero le fue imposible. Decidió quedarse así hasta poder reponerse del todo, lo único que sentía era tener que regresar de aquellas formas y peor aún, tener que hacerlo a pie. ¡Maldito una y mil veces Polaco!


*****

 Sergio por su parte dejó la casa de Clara al aparecer el niño junto a Mirka, apesadumbrado una vez más, ya que de nuevo su deseo de acostarse con ella se veía truncado. Esa mujer era una pesadilla, cada vez que estaban a punto de darse un buen atracón de sexo, algo se interponía para que ese momento placentero nunca llegase, y él ya no podía más con tanto calentón frustrado.
Sin darse apenas cuenta condujo hasta que llego al piso que compartía con Nerea, esta se había quedado dormida después de haber llorado durante un buen rato. Sergio no quiso despertarla ya que no tenía ganas de andar con muchas explicaciones. A pesar de su silencio al entrar al piso, Nerea como si de un resorte se tratara se despertó, y al ver a su pareja, lo que antes era todo cariño se transformó en gritos y malos modos hacia Sergio.
—¡Eres lo peor, tío! ¡Sabiendo que estamos a punto de celebrar nuestra boda, en lugar de ayudarme en la preparación, te da por ir detrás de la primera vagina caliente que te ofrecen! ¡Menuda geta tienes, nunca lo habría esperado de ti!
Sergio trato de responder pero Nerea no le dejo, y siguió con los reproches. Después de muchos gritos e insultos de todos los colores terminó diciendo:
—¡Desde luego, por mi parte, ya puedes recoger todas tus cosas y largarte! ¡No estoy dispuesta a que me pongas los cuernos con la primera que te ponga un poco caliente, y mejor haberme enterado ahora que no después de casarnos! ¡Así que ya sabes, puerta, pedazo de cabrón!
Sergio no dijo nada, se puso a recoger sus cosas y pensó: «Bueno, pues vale. A estas alturas de mi existencia no me vas a amargar la vida». Terminó de coger lo imprescindible, lo metió en la maleta, y le dijo:
—Ya vendré cuando tú no estés a recoger todo lo demás —y salió dejando a su “ex prometida” hecha un basilisco.
Lo último que llegó a sus oídos fue:
—¡Desgraciado, me has destrozado la vida!
Sergio metió la maleta en el coche y arranco sin saber muy bien su destino en un primer momento, pero después decidió dirigirse a casa de sus padres. Por ahora era la mejor decisión, ya pensaría una solución más definitiva en otro  momento. Su mente no paraba de pensar en Clara, tenía que ser suya. «¡Esa no sabe quien soy yo! ¡No es posible que me este provocando y calentando siempre, sin dejarme poseerla!», en esos pensamientos estaba cuando se dio cuenta que estaba llegando a casa de sus padres.
Pilar y José Manuel, así se llamaban sus padres, vivían en un barrio de casas unifamiliares. Aparcó el coche y cogió la maleta, buscó en su bandolera las llaves y se dirigió a la puerta. Cuando introdujo la llave, su madre que estaba cerca se sobresaltó un poco y dirigió su mirada hacia la puerta encontrándose con su hijo. Suspiró y llamó a su marido diciendo:
—¡Mira quien ha venido!
El padre que en ese momento estaba viendo la tele se levantó y fue a ver que pasaba. Cuando vio a su hijo se quedó tan sorprendido como la madre, casi a coro los dos preguntaron:
—Pero hijo, ¿qué pasa? No esperábamos tu visita —y vieron tras de Sergio la maleta que contenía sus cosas. Este se quedó mudo y no sabiendo que responder—. Responde, por favor hijo. ¿Te pasa algo? ¿Es algún problema con Nerea? ¡Dinos, estamos preocupados!
Cuando por fin Sergio se decidió a hablar, se dirigió a sus padres, y casi a media voz les dijo:
—Mirad papas, en este momento no puedo dar muchas explicaciones. Ha sido un día muy intenso, sólo preguntar si mi habitación esta disponible.
—Sí, claro, como siempre. Ya lo sabes —dijo su madre
—Gracias mamá. Pues perdonadme, voy a acostarme y mañana hablamos de lo ocurrido.
Sus padres sin saber muy bien lo que pasaba, se miraron y asintieron.
—Buenas noches hijo. Y descansa, ya sabes que aquí nos tienes para lo que necesites.
—Gracias a los dos, y por favor, tranquilos, que ya sé que puedo contar siempre con vosotros. Buenas noches.


*****

En otro lugar, Carolina no había querido responder a los mensajes que estaba recibiendo ya que se encontraba concentrada con el portátil realizando algunos trabajos, aunque no podía evitar el sobrecogerse cada vez que el típico sonido de los mensajes salía de su móvil. Fueron tantas las veces que sonó que al final se decidió a mirarlo y vio que tenía como una docena de mensajes y emoticonos de perdón por parte de Jorge.
“Perdóname, tengo que explicarme, espero que me perdones
y podamos retomar nuestra amistad, podemos quedar en nuestro bar y tomarnos unas cervezas, porfa, porfa...”
Le decía cual adolescente enamorado. Al ver estas frases, Carolina sonrío y se decidió a contestar:
“Está bien. Acepto tu invitación. Quedamos el jueves en el bar de siempre, pero tendrás que darme muchas explicaciones, no creas que te va a ser tan fácil el convencerme después de todo lo que he tenido que pasar por tu culpa.”
Jorge no podía creer que al final aquella muchacha le diese otra oportunidad. Por su parte ya no quiso estropear aquella cita y respondió con un simple:
“Ok, hablamos.”
Y tras dejar el móvil, se volvió hacia su hijo Jota y le dijo que por fin le había contestado. Su hijo sonrío y le dijo:
—Papá, ya eres mayorcito, y no soy el más indicado para dar consejos, pero por favor tómatelo con calma y sobre todo no vuelvas a cometer más errores.
Ambos se miraron y los dos se fundieron en un abrazo y una sonora carcajada.


*****

Mirka seguía alucinando en aquella habitación, en su vida había visto algo parecido. Sabía que no se había de arrepentir de haber traicionado al maldito de su primo, allí se sentía protegida. Ya nunca más tendría que soportarlo y por fin iba a ser libre de vivir su vida, aunque viendo el trato recibido de parte de Clara esperaba que esto no se convirtiera en una obligación para ella o tener que aguantar al gordo “Baby face”, y que de verdad la hubiese contratado como profesora de Mario y no por otros motivos. No quería ser tratada como objeto sexual y tener que seguir complaciendo a esa pareja tan sumamente rara y liberal según le había dicho Clara. De momento trataría de no estropear las cosas y dejaría transcurrir el tiempo lo más tranquila posible.
En estos pensamientos estaba cuando le vino a la mente que sería lo que habría pasado con Montana, sabía lo que iba a hacer con el niño y no la había llamado, y pensó: «¡Dios, que no le haya pasado nada! No podría soportarlo, ahora que las cosas parece que se me presentan bien no puedo perderlo». Tan distraída estaba que no le oyó entrar, se volvió y allí estaba el gordo “Baby face”.
—No grites —le dijo.
—No pienso gritar —respondió—. ¿Qué quieres?
—Ya sabes lo que necesito. Antes me habéis puesto a tope mi mujer y tú y necesito que me hagas otro trabajito, no puedo dormir y necesito descargar.
Mirka se mordió los labios y dijo:
—Esta bien, desnúdate.
Así lo hizo. Ella se arrodilló y comenzó a chupar mientras cerraba los ojos y dos lágrimas caían por sus mejillas. «¡Menudo porvenir! Yo que pensaba que iba a estar más tranquila, no puedo consentir esto». De repente cogió los genitales del gordo y los apretó con todas sus fuerzas, él dio un respingo y gritó
—¡Estas loca!
—¡Loco estas tú si crees que voy a ser tu puta privada! ¡De eso nada, no me he jugado la vida al traer a tu hijo a casa para que me pagues de esta forma, así que ya te estas largando si no quieres que acabe ahora mismo con tu hombría!
—¡Esta bien maldita golfa, suelta de una vez! De momento tú ganas, ya veremos más adelante.
—Por si acaso, más te vale que tu mujer no se entere de esto. No creo que le gustase mucho tu comportamiento —le advirtió ella.
El gordo salió de la habitación y ella aprovechó para cerrar con llave, se rehizo un poco y respiró profundamente. «¡Maldito asqueroso!», pensó. Después de estos sucesos decidió darse un buen baño, preparó la bañera y una vez llena echó una buena cantidad de sales y se introdujo en ella. ¡Menudo placer! Después de todo lo que había pasado en los campos gracias al maldito Pavel, como se había aprovechado de ella; «¡nunca más!», decía para sus adentros.
Que lejos estaba de saber lo que había pasado con su primo que a estas alturas debía estar sirviendo de comida para los peces, y todo por haberse querido pasar de listo pues no sabia con quien estaba tratando, a pesar de las advertencias de Montana. Una cosa era trapichear con las drogas, pero el pisar a
los capos no era un juego de niños, y así se lo habían demostrado.
Descansó un buen rato en la bañera y una vez relajada salió de ella y se secó con aquellas delicadas toallas de rizo que era como frotarse con una nube. Una vez seca se puso un delicado picardías de color negro y se dispuso a dormir en aquella magnifica cama, apagó las luces y anhelando a pasar una de las mejores noches que jamás habría imaginado.


*****

En otro lugar, Montana se había repuesto un poco y se había lavado en la orilla del embalse que era donde lo habían dejado los búlgaros. Trató de andar lo mejor que pudo pero le costaba un enorme trabajo, aun así hizo de tripas corazón y siguió adelante. Estaba ya anocheciendo cuando consiguió llegar hasta una carretera cercana, deseando que pasara algún coche que lo pudiese llevar a la ciudad, vio venir unas luces y comenzó a hacerle señas. El vehículo pasó de largo, al igual que algunos más.
—¡Malditos! —exclamó.
De pronto un coche paró en la orilla de la carretera. Cuando Montana consiguió acercarse vio que se trataba de su compañero de piso, o sea el novio de María. Al ver como llegaba a duras penas, Luis, que así era como se llamaba el tío buenorro, salió a ayudarle.
—¡Dios! ¿Qué te ha pasado Montana? Parece que te haya pasado un camión por encima.
—Déjate de historias y no me toques los cataplines, joder tío.
Salieron disparados de allí.
—Hay que llevarte a un hospital para que te curen —se ofreció Luis.
—¡No! —respondió el herido—. ¿Qué quieres, qué den parte a la policía y me enchironen? ¡Tú estas mal del coco tío! Llévame a casa y allí me ayudas a curarme.
Así lo hizo. Llegaron al piso y lo primero que hizo Montana fue darse como pudo una buena ducha para limpiarse la sangre ya seca que tenía por la cara. Llevaba un ojo inflamado y le dolían mucho las costillas. Salió de la ducha y llamó a su amigo para que le ayudase en la cura, tenia una brecha en la frente que no era muy profunda y bastantes moratones, además casi no podía respirar.
—¡Estos cabrones me han hundido alguna costilla! Tendré que ponerme un pegado de esos... Mañana cuando abran la farmacia bajas y me lo compras, no creo que tenga ganas de levantarme de la cama.
—Está bien —le respondió Luis—. Ahora acuéstate y trata de descansar.
—No sé si podré hacerlo, pero lo intentare.
—Cuando hayas descansado quiero que me cuentes qué es lo que ha pasado y qué has hecho para que te hayan puesto así.
—Te repito que no he hecho nada.
—¡Joder, pues menos mal, porque si llegas a hacerlo te matan!
En ese momento Montana recordó a Rebeca y que una vez le había dicho que tenía conocimientos de primeros auxilios y pensó en llamarla a la mañana siguiente para que fuese a ayudarle.


*****


Rebeca se había dormido un rato gracias a la borrachera, pero enseguida se despertó y no paraba de darle vueltas al comportamiento de Montana. «¿Cómo ha podido hacerme esto cuando estábamos en plena faena? ¡Menuda putada!». Así paso el resto de la noche, y sin darse cuenta ya había amanecido. Miró la hora y se percató de que debía de levantarse si no quería llegar tarde al trabajo, se metió en la ducha y al salir se encontró mucho más relajada. Estaba secándose cuando oyó sonar el teléfono.

No hay comentarios:

Publicar un comentario