jueves, 23 de octubre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autora del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (34. Amandine).

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo arranca con Patricia hospitalizada en Pau y con Amandine, una asistente social francesa contratada por la Interpol acompañando al pequeño Jack hasta el aeropuerto para el viaje de regreso a casa.
En casa de Ana y Pedro siguen desconcertados por el mensaje de Patricia y deciden esperar más noticias desde Francia. Mientras Ana les cuenta al grupo lo ocurrido con Ramón y Pedro todo el desarrollo de su juicio. Sus amigos no dan crédito. También les cuentan que esperan gemelos.
Ya en Inglaterra Jack corre a abrazar a su mamá que lo espera a pie de pista. Amandine los acompaña hasta una sala para que ambos se tranquilicen, el pequeño descanse y se relaje con su madre y coma un poquito, para después llevar a cabo un interrogatorio.
Un miembro de la policía inglesa le toma declaración al pequeño Jack que describe los hechos desde su perspectiva infantil: el secuestro, la huida oculto en el maletero del coche y la escapada surcando toda Francia, y el desenlace de la historia con Ramón desesperado propinando una tremenda paliza a Patricia.
Tom, el policía que lo interroga les dice que afortunadamente Ramón se encuentra encarcelado en España y Patricia ha despertado y está recuperándose en el hospital y pronto será trasladada también a su país para seguir la recuperación aunque le ha quedado alguna secuela: no recuerda nada de lo ocurrido y además...
¿Qué le ocurrirá a la pobre Patricia? ¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo le irá a Ramón en prisión? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creadora es una fiel seguidora de Nuestra historia desde el principio y tuve que insistir bastante hasta que conseguí hacerla participar. Esta joven estudiante de apenas dieciocho añitos nos
sigue cada semana y era de las que pedían capítulos más largos o incluso dos por semana. Desde que le tocó enfrentarse al reto de escribir uno ha desistido en sus peticiones... ¿por qué sera? Salió airosa de la prueba y resultó ser otra semana intensa de comunicaciones vía redes sociales. Parezco más un "personal coach" que un administrador del blog, pero conseguí picar su orgullo y que sacara todo para entregar el capítulo casi a tiempo, je je. Y como todos los mensajes no van a ser en una dirección, también tengo que decir que puede hacer "lo que le de la gana" ya que es la alumna más aventajada del "artículo 34" y con esa sonrisa y poniendo morritos puede conseguir lo que quiera. Que precisamente es lo que hacemos los guapillos... Me he divertido muchísimos atornillándote un poquito el cerebro y compartiendo este proyecto entre otros contigo.
Gracias a... Irene Royo Gracia
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook:
https://www.facebook.com/irene.royogracia?fref=ts



CONOCEMOS A...
Hoy conocemos a Vanesa Giménez Borobia, amiga y colaboradora de Zarracatalla Editorial. Autora del capítulo XIX de Nuestra historia titulado “Dime que no es un sueño”. Así se describe ella misma:
Bueno es un poco difícil describirse a una misma, porque cada persona te puede ver de muchas maneras diferente, pero yo me considero una persona simpática, risueña, muy habladora, nerviosa, a veces algo cabezona, colaboradora… No sé que mas puedo decir sobre mí, creo que las personas que me conocen ya saben cómo soy. ¡Ah, se me olvidaban dos cosas! La primera es que soy súper aficionada a la JOTA. Me pegaría todo el día cantando jota y lo que no es jota. En resumidas cuentas, me encanta la música. Y la segunda es que soy muy muy LUCENERA (estoy deseando que sea viernes para salir de trabajar, coger el coche y rumbo al pueblo).

Nos va a responder a las preguntas de nuestros seguidores:
    En qué te inspiraste para escribir este capítulo y cómo te sentiste al recibir el encargo.
o      La verdad es que desde el primer momento cada lunes estoy a la espera de cada capítulo. Me enganche desde el primer momento ha esta historia. Y cuando recibí el encargo de que si quería escribir un capitulo, me puse muy nerviosa y lo primero que pensé es que no sería capaz de escribir, veía mucho nivel y esa misma noche empecé a escribir sin saber cómo iban a continuar el siguiente capítulo que David me iba  mandar. La verdad es que me tire a la piscina pero me salió bien la jugada. En lo que me inspire no lo sé muy bien, me fueron saliendo las ideas solas, solo quería que fuera una historia feliz.

    Donde, cuando y cual era tu situación cuando lo escribiste
o      Lo escribí en dos veces y en dos lugares diferentes. La primera vez fue en mi piso en Zaragoza con mi patata de portátil, en mi habitación y encima de la cama. Empecé a escribir como he dicho antes sin saber cómo iba a continuar la historia. Y la segunda vez fue en  mi casa en Luceni, cuando llegue a mi casa y encendí mi ordenador de mesa leí el capítulo y empecé a modificar cosas y acabar mi capítulo. Eran por lo menos las 2 de mañana, toda casa en silencio y hasta que no lo acabe no me acosté.

    ¿Cómo ves el proyecto Zarracatalla Editorial?
o      Veo un proyecto genial, me encanta.

    ¿Escribes habitualmente? ¿Cómo te has encontrado al hacerlo?
o      Escribir jajajaja, no. La verdad que no se me hizo muy difícil, me salían las idea solas, pero volví loco a mi novio, él era el que me lo corregía.

    Algo que no sepamos y que te gustaría compartir acerca del capítulo…
o      Pues me sorprendí mucho al leer el capítulo de esta semana porque era una de mis ideas. Ramón, Teresa, Ana, el cloroformo y las cámaras de seguridad.

    ¿Cómo creías que iba a continuar tu capítulo?
o      Pues continuo como yo quería, que Ana estaba embarazada de gemelos.

    Recomiéndanos un libro, un disco y una película
o      Pues un libro, no soy mucho de leer pero el último libro que paso por mis manos fue Colección Cupido de Zarracatalla Editorial..
o      De discos, cualquiera es bueno ya que me encanta la música.
o      Películas, la verdad es que no soy muy amiga de las pelis, pero la ultima que vi fue “8 apellidos vascos”. Pero si tengo que recomendar películas, cualquiera de Disney (me encantan).

    Un sitio para quedar…
o      Cualquier sitio de LUCENI.

    En la presentación de Colección Cupido pudimos enterarnos de que habrá edición impresa también de Nuestra historia en la que has participado. Cuéntanos tus impresiones al respecto.
Mi impresión es que me parece una idea fantástica. Ya tengo ganas de tenerlo en mis manos.

    ¿Cómo finalizarías Nuestra historia?
o      Un final FELIZ.

lunes, 20 de octubre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXIV. Amandine.

Tras el fantástico capítulo capítulo de la pasada semana (33. Cómo ha podido) de Lara Garijo Labanda, hoy la acción continúa...
El capítulo pasado continúa la acción y Olga decide no coger la llamada de Pedro mientras observa llena de dudas a Ian.
Ian Andrews hijo de padre adinerado y tradicional irlandés y madre humilde española que se conocen de jóvenes y ella queda embarazada. Para evitar problemas con la familia de su padre, su madre decide criarlo sola y regresa a España. Al pequeño no le faltaría nunca nada ya que su padre siempre se encargó de ello. Cuando fue mayor esto le permitió irse de Erasmus a Estocolmo y allí conoció a Olga.
Mario había quedado en el Rock and Blues con Hugo (abogado amigo suyo) para explicarle todo el lío en que su amiga Ana se encontraba inmersa. Este le explica que las cámaras de seguridad demostrarán que su amiga es inocente y que deben hablar con Teresa para que no presente denuncia y demostrar su teoría. Así lo hacen, Teresa accede a visionar las cintas con ellos y comprueban como el cloroformo lo roba Ramón. Así que la propia Teresa se quita un peso de encima al no tener que denunciar a su amiga y acto seguido interpone la citada denuncia contra Ramón que acumula otra más a la de secuestro de su propio hijo.
Ana, ante el lío que se produce ante la noticia y para explicar por qué estaba defendiendo a Ramón, decide invitar a sus amigos (excepto a Olga) a una cena para exponer la situación. De todos obtiene respuesta excepto de Patricia. Una vez en su casa, acomodados en el sofá comienza a explicar lo ocurrido. No dan crédito de cómo ha podido Ramón llegar tan lejos secuestrando a Ana.
Ana les pregunta sobre la situación de Patricia, que extrañamente no ha contestado a la cita (raro en ella), y Rafa y Sandra instintivamente intuyen que puede que esté ayudando a Ramón en alguno de sus chanchullos embaucada por este que sabe que la joven alberga alguna esperanza sentimental.
Patricia mientras en Pau aprovecha un descuido de Ramón para avisar a Ana de su situación junto a Jack. Esta lo comunica al grupo y rápidamente Rafa da parte a la policía.
Los cuerpos de seguridad rodean en un momento la casa y Ramón comprende que Patricia ha dado el aviso. Enfurecido entra en la vivienda y golpea salvajemente a la joven hasta dejarla tendida inconsciente. La policía desde el exterior le sugiere que se entregue, no tiene escapatoria...
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Podrá Ramón escapar de la policía? ¿Patricia ha fallecido? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el capítulo de hoy.



XXXIV.     Amandine.



Abrí los ojos y me desperté confusa.
Oía lluvia fuera, parecía una tormenta fuerte con mucho viento. El sonido me resultaba conocido, como si ya hubiera vivido alguna de esas tormentas tiempo atrás. Eran muy típicas allí en Pau. Al momento reconocí el lugar donde me encontraba, tiempo atrás había estado visitando a un amigo de mis padres que estaba hospitalizado, a pesar de tener alguna laguna de que hacia allí. Intenté incorporarme pero los goteros me lo impidieron. La puerta de la habitación se abrió y mamá corrió a abrazarme.
Mientras, la Interpol contactó con un asistente social francés que sería quien acompañara a Jack hasta Londres para el tan esperado encuentro con su madre. Desde la casa de Patricia en Pau hasta el aeropuerto no había mucho, apenas unos 7 kilómetros al noroeste que con el coche de la policía se hicieron más amenos, ya que desde pequeñito siempre había querido ser policía, y le hacía mucha ilusión montarse en uno. Un impresionante avión blanco y azul de la compañía Rynair sería la encargada de hacerles cruzar el Canal de la Mancha para llegar por fin a casa.

En casa de Ana y Pedro todavía seguían sin dar crédito a lo ocurrido, sin nadie que les informara de novedades no podían parar de hablar del mensaje de Patricia, olvidando realmente el motivo por el que habían quedado a cenar. Así que Pedro y Ana decidieron ponerles al día de sus vidas hasta que tuvieran más noticias desde Francia. Ana ya había contado toda la historia de Ramón y los chicos aún seguían sin dar crédito permaneciendo boquiabiertos, Pedro tomo el mando de la conversación ahora contando lo ocurrido en el juicio con la ayuda de Sandra y Rafa. Y entre tanta historia mala, la pareja también tenía una noticia buena que darles, que hasta Sandra desconocía.
—Chicos, con todos estos líos que tenemos ahora se nos ha pasado por alto deciros algo. No solo vamos a ser tres en la familia, ¡estoy embarazada de gemelos! —era Ana la encargada de comunicarles esta buena noticia.
Todos se pusieron como locos y corrieron a darles la enhorabuena a la pareja. Tomaron café y alguna que otra copilla.
Ya se hacía tarde y Ana estaba agotada (no nos podemos hacer a la idea de lo que debe de ser tener a dos retoños dando mal en el vientre…). Todos se marcharon y después de bastante insistir Pedro consiguió que Ana le dejara quedarse a hablar de lo ocurrido con Olga.


Al bajar del avión, ni siquiera espere a recoger la maleta, corrí hasta encontrar a mamá, estaba seguro de que Amandine la recogería por mí. Amandine era la chica que me había acompañado hasta Londres, lo poco que había podido conocerla me pareció encantadora, a pesar de toda la información que intentó que le contara sobre lo ocurrido en casa de Patricia, pero yo solo quería ver a mi madre y contárselo a ella.
Así que nada más llegar allí y abrazar a mamá nos trasladaron a una sala apartada del aeropuerto de Londres en la que me dejaron un ratito a solas con ella. La habitación era rectangular, bastante grande, había una mesa central que ocupaba todo lo largo de la sala, tenía un color blanco roto que desprendía tranquilidad, aunque igual era que por fin estaba con mamá y realmente era eso lo que me producía la tranquilidad. En un rinconcito de la sala había un sofá de cuero muy cómodo junto a una mesa pequeña con un montón de comida, fue toda una alegría ya que desde antes de lo ocurrido con mi padre no había llevado nada a la boca más que un mísero zumo de naranja en el avión. Empecé por el queso curado, me priva el queso fuerte, también comí algo de jamón serrano que estaba buenísimo, en efecto “me puse las botas”. Mamá no paraba de mirarme con orgullo mientras se le escapaba alguna lagrimilla cada vez que pensaba que me podría haber perdido o que me podría haber ocurrido algo malo. No se lo hubiera perdonado jamás.
—Todo saldrá bien hijo, ahora van a venir unos miembros de la policía para que les cuentes todo lo ocurrido allí desde el momento que Ramón se te llevo de casa —me dijo mamá mientras me agarraba fuerte de la mano.
—Pero mamá, yo no quiero que le hagan nada malo a Ramón, el sólo quería estar conmigo.
—Cariño, es necesario y tienes que hacerlo, Ramón no quería estar contigo. Si sólo hubiera sido eso yo le hubiera dejado, pero lo que él quería era separarnos, y yo eso jamás se lo voy a permitir a nadie.
La puerta se abrió y aparecieron un señor muy alto vestido de traje y corbata y Amandine que se mostro contenta al verme ya con Mary. Ella parecía también ya más relajada, tenía pinta de haberse podido dar una ducha y cambiarse de ropa. Tenía otro color.
—Hola Jack, soy Tom, encantado. Soy miembro del cuerpo de la policía inglesa, seré el encargado de llevar tu caso. Para eso te tienes que portar bien y contarme todo lo ocurrido desde que Ramón te secuestró hasta lo ocurrido en Pau. Sentémonos en la mesa, así podremos tomar nota de todo para que no se nos escape nada.
Mamá me acompaño hasta la mesa y se sentó a mi derecha sin separarse de mí y para apoyarme, enfrente nuestro se sentaron Tom y Amandine.
—¿Qué es lo que te dijo para convencerte de que te montaras en el coche cuando te secuestro en tu casa? —leyó Tom de un ordenador portátil que traía con él.
—No recuerdo mucho. Me sentó en el asiento trasero de su coche y sin dar tiempo a más arranco. Yo no paraba de preguntar por mi madre, y él me mandaba callar. Me decía que todo iría bien.
—¿A dónde fuisteis después de que se te llevara?
—Estuvimos parados un buen rato en un sitio, no se donde estábamos ya que me oculté en el maletero, supongo que seria para esconderme de algo o de alguien. De allí cogimos un tren hasta Francia y fuimos atravesándolo pasando siempre por pueblecitos pequeñitos para que nadie sospechara. Aunque yo empecé a confiar en él ya que era lo único que podía hacer y parecíamos un padre y un hijo sin nada que ocultar. Después de muchas horas de viaje llegamos a un pueblecito llamado Pau, allí nos estaba esperando una mujer. Empecé a cogerle cariño, cuando ella se dio cuenta de lo que estaba pasando y de quién era yo, buscó por todos los medios encontrar la escapatoria para que ambos saliéramos de allí vivos. Estaba súper asustado y nervioso, se me paso por la cabeza mi madre y si la volvería a ver —Jack comenzó a llorar al recordar todo lo ocurrido.
Mary abrazó a Jack para intentar tranquilizarlo. Amandine se levanto y le sirvió un vaso de agua del botellero que había junto a la puerta. Bebió sorbo a sorbo hasta que se lo acabo. Tom le dijo si prefería dejarlo para dentro de un rato, pero Mary decidió que lo mejor era acabar cuanto antes e irse a casa con Jack.
—Está bien —dijo Tom—. ¿En ese momento llego la policía? —continuó con la entrevista.
—Sí, al esconderme y oír a Patricia como lloraba comencé a oír las sirenas de la policía y a Ramón como gritaba y corría hasta dentro de la casa en busca de Patricia sin parar de insultarla. Cuando por fin dio con ella empezó a golpearla fuertemente. Yo sólo oía gritos. Me escondí como pude debajo de una cama, al cabo de unos minutos deje de oír los chillidos. Una voz muy fuerte se oyó a lo lejos por él bosque. Ramón se detuvo unos segundos, imagino que sería mientras pensaba que hacer, si entregarse o escapar. Comenzó a correr saliendo de casa dando un fuerte portazo. La policía se monto en los coches y lo persiguió hasta que en el pueblo más próximo, Gelos, consiguieron cogerlo. En cuanto Ramón se fue dos agentes de policía entraron en la casa y se quedaron con nosotros. Llamaron a un helicóptero, ya que Patricia apenas respiraba. En escasos diez minutos el helicóptero con todos los medios desplegados para reanimar a Patricia estaba allí. Se la llevaron rápidamente y ya desconozco lo ocurrido a partir de aquí —terminó Jack.

—Para vuestra tranquilidad, Ramón esta en España en la cárcel a la espera de juicio para entrar a prisión. Patricia ha despertado y se encuentra favorablemente recuperándose, posiblemente sea trasladada a España para continuar la recuperación —Tom los pone al corriente, a pesar de que no todo son buenas noticias—. Le ha quedado alguna secuela, sufrió algún fuerte golpe en la cabeza y no recuerda nada de lo ocurrido, además…

jueves, 16 de octubre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autora del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (33. Cómo ha podido).

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo continúa la acción y Olga decide no coger la llamada de Pedro mientras observa llena de dudas a Ian.
Ian Andrews hijo de padre adinerado y tradicional irlandés y madre humilde española que se conocen de jóvenes y ella queda embarazada. Para evitar problemas con la familia de su padre, su madre decide criarlo sola y regresa a España. Al pequeño no le faltaría nunca nada ya que su padre siempre se encargó de ello. Cuando fue mayor esto le permitió irse de erasmus a Estocolmo y allí conoció a Olga.
Mario había quedado en el Rock and Blues con Hugo (abogado amigo suyo) para explicarle todo el lío en que su amiga Ana se encontraba inmersa. Este le explica que las cámaras de seguridad demostrarán que su amiga es inocente y que deben hablar con Teresa para que no presente denuncia y demostrar su teoría. Así lo hacen, Teresa accede a visionar las cintas con ellos y comprueban como el cloroformo lo roba Ramón. Así que la propia Teresa se quita un peso de encima al no tener que denunciar a su amiga y acto seguido interpone la citada denuncia contra Ramón que acumula otra más a la de secuestro de su propio hijo.
Ana, ante el lío que se produce ante la noticia y para explicar por qué estaba defendiendo a Ramón, decide invitar a sus amigos (excepto a Olga) a una cena para exponer la situación. De todos obtiene respuesta excepto de Patricia. Una vez en su casa, acomodados en el sofá comienza a explicar lo ocurrido. No dan crédito de cómo ha podido Ramón llegar tan lejos secuestrando a Ana.
Ana les pregunta sobre la situación de Patricia, que extrañamente no ha contestado a la cita (raro en ella), y Rafa y Sandra instintivamente intuyen que puede que esté ayudando a Ramón en alguno de sus chanchullos embaucada por este que sabe que la joven alberga alguna esperanza sentimental.
Patricia mientras en Pau aprovecha un descuido de Ramón para avisar a Ana de su situación junto a Jack. Esta lo comunica al grupo y rápidamente Rafa da parte a la policía.
Los cuerpos de seguridad rodean en un momento la casa y Ramón comprende que Patricia ha dado el aviso. Enfurecido entra en la vivienda y golpea salvajemente a la joven hasta dejarla tendida inconsciente. La policía desde el exterior le sugiere que se entregue, no tiene escapatoria...
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Podrá Ramón escapar de la policía? ¿Patricia ha fallecido? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creadora voy a decir que ha sacado adelante un gran capítulo. Esta joven soriana que estudia en Zaragoza, aunque actualmente la tenemos de erasmus por Swansea, equivocó la carrera. Gran capítulo para una mente privilegiada que estudia matemáticas en U.K. Llegó a este proyecto a través de nuestras amigas Sara Garcés y Patricia Aznar y las tres, que forman un grupo increible junto con otras compañeras han colaborado brillantemente a Nuestra historia con tres grandes capítulos. Además se incorporó al proyecto a últimisima hora cubriendo una vacante y sobre la marcha nos deleitó con este capítulo. Ha continuado la historia perfectamente a la par que nos ha presentado brevemente pero con suficiencia las circunstancias que rodean al personaje de Ian. Perfecto, además teniendo en cuenta el poco tiempo que tuvo para prepararlo. Un placer enorme sumar a más gente nueva a nuestra Zarracatalla de amigos. El círculo crece y se expande. Un placer contar con tu participación.
Gracias a... Lara Garijo Labanda
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook:
https://www.facebook.com/lara.garijolabanda?fref=ts



CONOCEMOS A...
Hoy conocemos a Carlos López Carcas, amigo y colaborador de Zarracatalla Editorial. Autor del capítulo XXI de Nuestra historia titulado “Mary, soy Ramón”. Así se describe el mismo:
Persona sencilla, social y que disfruta cada rato que esta con sus amigos o familia. No me gusta darme mucho mal por las cosas y pensar en lo positivo. Amante de los deportes y del mundo taurino, casado y padre de un peque que me tiene loco.

Nos va a responder a las preguntas de nuestros seguidores:
    En qué te inspiraste para escribir este capítulo y cómo te sentiste al recibir el encargo.
o      Un marrón. Sabia que tarde o temprano me iba a llegar, ya que te comentaba mucho que me tenia muy pillado la historia.

    Donde, cuando y cual era tu situación cuando lo escribiste
o      Sentadico en el sofá de casa por la noche con la calma de tener al terremoto durmiendo.

    ¿Cómo ves el proyecto Zarracatalla Editorial?
o      La verdad que es un proyecto que me gusta mucho, ya que mantiene la intriga de los capítulos, todos los lunes esperando la publicación y con las historias de mucha gente a cada cual con sus pensamientos y sus ideas.

    ¿Escribes habitualmente? ¿Cómo te has encontrado al hacerlo?
o      No, es la primera vez. Con mucha responsabilidad porque quería estar a la altura del proyecto

    Algo que no sepamos y que te gustaría compartir acerca del capítulo…
o      Me atasqué un poco y recibí una pequeña ayuda externa.

    ¿Cómo creías que iba a continuar tu capítulo?
o      La verdad que no se puede saber ya que es un sinfín de sorpresas.

    Recomiéndanos un libro, un disco y una película
o      Libros suelo leer biografías o algún libro recomendado
Musica toda: Menos el rock duro o el famoso bacalao pum pum todo, desde rancheras, baladas, pop todo. Me quedo con grupos como El Ultimo de la Fila, Mana, Sabina Amaral y un largo etc.
Pelicula: Braveheart y la vida es bella


    Un sitio para quedar…
o      Jardines debajo del puente de Brooklyn de ensueño, mas cerca, orillas del Ebro da mucha paz y desasosiego


    En la presentación de Colección Cupido pudimos enterarnos de que habrá edición impresa también de Nuestra historia en la que has participado. Cuéntanos tus impresiones al respecto.
o      Una genial idea, y sobre todo saber que participo en ella.

    ¿Cómo finalizarías Nuestra historia?
o      Buah, con las vueltas que da la historia semana a semana no tengo ni idea, y al que le toque cerrar la historia tendrá que darle vueltas a todos los temas abiertos.

martes, 14 de octubre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXIII. Cómo ha podido.

Tras el extraordinario capítulo de la pasada semana (32. Ian) de Bárbara López Díez, hoy la acción continúa...
El capítulo arrancaba con las tremendas dudas que se le plantean a Olga al reencontrarse de nuevo con Ian. Esta situación la transporta a tiempos pasados, a su encuentro en el "Love boat" y a cómo, tras descubrir que las consecuencias de aquella noche de desenfreno eran un embarazo, decidió tirar para adelante y abortar. Sola, sin apoyos de nadie... excepto de Ana. Y ahora su relación está tan deteriorada...
Recuerda cómo tras resolver el asunto el destino la volvió a unir con Ian, y esta cayó locamente enamorada del pelirrojo. La relación hizo que Olga cambiara su actitud, se convirtió incluso en mejor persona. Estaba feliz, hasta que... Ian desapareció sin saber por qué. Esto provocó un fuerte dolor en el corazón de Olga y se prometió que nunca ningún hombre la haría sufrir, serían a partir de ahora un juego para ella.
Y ahora allí estaba, frente al hombre que la enamoró y le hizo pasar semejante calvario. Sus sentimientos se agolpan uno tras otro, porque al verlo todavía sientía algo por él. Cuando de repente suena su móvil. Es Pedro, presa de la ira la llama para terminar de una vez por todas con esta insana relación... ¿Y ahora qué? Pedro… Ian…
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo se desarrollará la escapada a Pau de Ramón y Patricia? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el capítulo de hoy.



XXXIII.     ¿Cómo ha podido?

¿Y ahora qué?
Por un instante Olga estaba totalmente confusa, la situación se le apoderaba, algo inhabitual en ella, pues siempre sabía qué hacer en cada momento, conseguía una respuesta rápida para cualquier dificultad que se interpusiera en su camino. Segura y decidida. Pero con la llamada de Pedro no sabía qué hacer, no le apetecía hablar con él. Optó por no cogerlo dejando sonar esa odiosa melodía “Basic tone” que siempre se le olvida cambiar hasta que Pedro desistiera de llamarla. No entendía como podía tener sentimientos hacía dos hombres a la vez. ¿Por qué Ian tenía que ser el hijo de aquella mujer? ¿Por qué él? Con lo fáciles que hubieran sido las cosas si el hijo de esa mujer fuese alguien desconocido. Seducción y atracción de mujer hacia el hombre, sin mezclar sentimientos. Así de sencillo. Pues no, tenía que ser él, Ian. ¿Y qué hacía en España?

Ian Andrews, hijo de Brian Andrews y Carmen López. Brian era un rico empresario irlandés. Su empresa gestionaba todo el transporte de mercancías en Irlanda, y esta había sido heredada de padres a hijos durante tres generaciones. La familia de Brian, además de poderosa y de las más ricas del país,  era católica, muy tradicional, como la gran mayoría de los habitantes de Irlanda. La idea del matrimonio tenía que seguir su curso: chico conoce a chica y no pueden tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, pues sería vivir en pecado y una gran traición a la familia.
Carmen López en cambio, era una española que provenía de una familia humilde sin mucho dinero para comer y menos para estudiar. Cansada de esta situación y queriendo hacer su sueño realidad, a los diecisiete años con sus ahorros decidió emprender la aventura de viajar a Irlanda. Siempre lo había deseado. No sabía por qué, pero quería ir allí. Esos ahorros sólo le llegaban para comprar el billete de ida a Irlanda, así que nada más llegar allí se tendría que buscar la vida para poder sobrevivir.
Brian y Carmen se conocieron en el mismo aeropuerto. Él se quedó embobado nada más verla. Se enamoraron y fruto de ese amor, ella se quedó embarazada de Ian. Debido a la tradicional familia Andrews, los padres de Brian no iban a aceptar esa relación, y menos a su hijo bastardo. Así que por no complicarle la vida a Brian, Carmen decidió apartarse y criar a ese hijo sola, pero fuera de Irlanda. Echaba en falta España y a su familia, pues se sentía sola. No se lo pensó dos veces y volvió a su ciudad natal.
Brian no pudo ver crecer a su hijo, pero siempre se preocupó por él y todos los meses le enviaba dinero para su educación. Ian consiguió ir a la universidad, y debido a la posición económica de su padre pudo irse de Erasmus a Estocolmo. Allí es donde conoció a Olga.

Eran la siete de la tarde cuando Mario llegaba al Rock’n Blues y encuentra a Hugo sentado en la mesa al lado del gran ventanal que caracteriza al bar. Observa que Hugo ya había pedido una jarra de cerveza, se acerca a la barra y pide otra para él.
—Vaya lío tengo que contarte —dijo Mario bastante preocupado.
—¡Desembucha guapo! —le contestó Hugo bastante impaciente.
Pasó una hora desde que Mario comenzó a contarle todo el problema en  el que estaba metida su amiga Ana y ambos seguían inmersos en la conversación.
—Es un caso que podemos ganar, no le tiene porque afectar a Ana. Podemos utilizar las grabaciones de seguridad para probar que Ana no cogió el cloroformo, sino Ramón. Y que todo lo que afirmó entonces fue un momento de confusión.
Esas palabras de Hugo calmaron a Mario.
—¡Buff! Según todo lo que está pasando Ana, no gana para disgustos. No estaría de más que todo este tema del cloroformo se arreglara cuanto antes.
Mientras conversaban iban terminando esas jarras de cerveza enormes y no dudaron en pedir otra ronda, pues tanto hablar no les calmaba la sed.
—¿Pero hay alguna denuncia del hospital hacia Ana? —Hugo le preguntó a Mario.
—Creo que no. De momento la amiga de Ana, Teresa, le dijo que iba a investigar sobre el asunto.
—Bueno, creo que antes de que le pongan denuncias, podemos hablar con esa tal Teresa y demostrarle con las grabaciones que Ana es inocente. Dile a Ana que te dé el número de teléfono de Teresa —Hugo bastante convencido de lo que decía, estaba seguro de que esta idea le iba a funcionar.
Sin dudarlo ni un segundo, llamaron a Ana y consiguieron contactar con Teresa, la cual accedió a ver esas grabaciones junto con Hugo y Mario. No fue fácil conseguirlas, pero sabía que no podía ponerle una denuncia a Ana, pues era su amiga. No se sentía capaz y por eso estaba dilatando tan difícil decisión.
Durante los días siguientes estuvieron viendo horas y horas de vídeo hasta que por fin lo encontraron.
—Ahí está, tal y como decía Ana, Ramón robó el cloroformo —Teresa se quedó tranquila viendo las imágenes ya que no tenía que interponer la denuncia. Estaba preocupada, pues las imágenes daban credibilidad a su amiga, y era bastante probable que Ramón la secuestrara. Ya sabía lo que tenía que hacer, denunciar a Ramón.
Ramón en poco tiempo, estaba siendo buscado por la Interpol  debido al secuestro de su hijo Jack y de Ana.

Ana, sabiendo todo el lío que se había montado por defender a Ramón, tenía que poner al día al resto de amigos por lo que decide invitarles a su casa y contarles todo detenidamente. Todos los problemas con Olga y el juicio de Pedro pasan a un segundo plano. Les llama uno a uno, excepto a Olga evidentemente. De todos recibe respuesta excepto de Patricia, lo que le sorprende. Aun así la cena sigue en pie.
Ana no sabía que preparar para cenar, no tenía la cabeza para pensar en recetas innovadoras, así que acudió a lo fácil: compró unas pizzas que sabía que a todos les gustaría y algo de beber.
Una vez todos sentados en el sofá, Ana comenzó a contarles toda la historia. Se quedaron boquiabiertos, ya que no esperaban que Ramón hubiera podido llegar tan lejos.
Ana comprobó su móvil de nuevo y observó que no había recibido ninguna llamada de Patricia.
—Por cierto, he llamado varias veces a Patricia y no me lo coge, ¿sabéis algo de ella? ¿Se ha ido a algún sitio?  Hace días que no la veo.
Sandra y Rafa se miran mutuamente.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —le dice Sandra a Rafa.
Todos sabían que Patricia y Ramón habían estado juntos meses atrás. Él no quería nada con ella, fue una más en su vida amorosa, pero ella sentía algo más por él que una simple amistad y sabían que si Ramón le reclamaba ayuda ella acudiría donde él quisiera.
—¿Pero tú crees que Patricia está ayudando a Ramón para solucionar alguno de sus chanchullos? —exclamó Ana indignada defendiendo a su amiga—. Conozco muy bien a Patricia y creo que es bastante sensata y no se va a involucrar en ninguna locura.
—Según lo que has contado de Ramón, lo veo capaz de todo y ha podido embaucar a Patri —dijo Rafa convencido.

Mientras tanto en Pau, a Patricia no le quedaba otra escapatoria. Tenía que hacer todo lo que quisiera Ramón, pues tenía una pistola y si había amenazado a su perro Fede, también podía amenazarla a ella.
Patricia a pesar de estar incómoda en esa casita de Pau, no podía dejar de cuidar a Jack. No lo conocía de nada, pero era un niño inocente que echaba de menos a su madre y no entendía por qué Ramón, con el que estuvo jugando todos los miércoles, de repente lo separó de su madre.
En un descuido Patricia miró su móvil y vio una larga lista de llamadas de Ana. Estaba claro que sospechaba algo… No dudo en enviarle un corto whatsapp ahora que Ramón no la vigilaba.
“Estoy en mi casa de Pau, Ramón me tiene retenida junto con su hijo Jack. Llamad a la policía. Rápido”

Un doble tic del whatsapp suena en el móvil de Ana, y ésta lo lee:
—¡Es Patricia! ¡¡La tiene retenida Ramón en Pau con su hijo Jack!! ¡Llamad a la policía!
—¿Jack? —interrumpió Sandra sorprendida—. Pero, ¿Ramón tiene hijos?
El pánico se hizo protagonista de aquel salón. Nadie entendía nada. Rafa es el que llama a la policía, pues es el único que puede contener los nervios y hablar sin que se le trabe la lengua. Marca el 091.
Una vez hecha la llamada, la policía tiene que contactar con la policía francesa, pues no puede hacer nada al ser territorio francés. Pero Ramón no era desconocido en el historial de la Interpol, pues también estaba siendo buscado por el secuestro de Jack.
Se desplegaron muchas unidades de la policía en la frontera de España y Francia para interceptarlo si trataba de volver a España.
Mary, la madre de Jack, en seguida fue informada que habían localizado a su hijo tras muchos días de búsqueda. No lo podía creer, por fin podría abrazar a su hijo. No debía haber permitido que el padre de su hijo entrara en sus vidas. No volvería a cometer ese error. Lo único que quería es que todo volviera a la normalidad, volver a la rutina con Jack y James en Londres. Era su único deseo.

Ramón estaba merodeando por los alrededores de la casa, a la vez que vigilaba a Jack y Patricia, cuando se oyen unas sirenas a lo lejos: “No puede ser…” a medida que pasan los segundos se oyen cada vez más cerca.
—¡Mierda! ¡Esa zorra ha llamado a la policía! —gritó Ramón mientras entraba en la casa y buscaba desesperado a esa mujer que le había delatado. Su cuerpo se llenó de furia. Iba directo, con el puño preparado, no se podía contener. Ahí estaba, sentada en el sofá… ¡Zas! Patricia recibió un primer puñetazo es su delicado pómulo. No paraba de recibir golpes y patadas por todo el cuerpo. Se quedó casi inconsciente, no sentía la cara, ninguna parte del cuerpo. No podía hacer nada, le pilló desprevenida. Se sentía impotente pues su cabeza se quería defender de su agresor pero su cuerpo no le respondía. Notaba que le costaba respirar, su pulso se iba debilitando hasta que dejó de latir.

—¡Policía! —se oye una voz grave tras un megáfono—. ¡Entréguese Ramón, no tiene escapatoria!...

sábado, 11 de octubre de 2014

Celebramos las 19.000 visitas con Los jaques de la Sierra.

Ya hemos superado las 19.000 visitas, y como veis el blog ha recuperado la rutina con sus publicaciones. Cada semana un nuevo capítulo de Nuestra historia y también de Colección Uni2 y la sección Conocemos a...
Ayer se publicó el cuarto capítulo de "Luz en la oscuridad" y los próximos viernes llegarán nuevas entregas de "Un destino inesperado" y "Tu, yo... y él" que junto con "Freya" cerrarán los cuartos capítulos respectivamente de sus novelas.
Nuestra historia por su parte ha adquirido velocidad de crucero y va como una seda hacia el desenlace final, pero antes nos deparará muchas sorpresas, ya veréis.

Nuestra historia. Edición impresa.
Se acerca poco a poco el final de un proyecto que ha liderado las publicaciones y entradas en el blog. El principio activo por el cual se creó esta fantástica aventura creativa. En breves comenzaremos a trabajar de pleno en dicha publicación y con la celebración de las 20.000 visitas os desvelaremos grandes secretos que os van a interesar. Hoy para comenzar con las noticias y primicias acerca de la edición impresa os adelantamos la siguiente:
¡Quieres conocer antes que nadie el final de Nuestra historia! Adelántate a todos y lee los tres últimos capítulos antes que nadie. Si reservas tu ejemplar podrás tenerlo disponible para el acto de presentación que tendrá lugar el sábado 6 de diciembre, cuando todavía falten los tres capítulos finales por aparecer en este blog. Es una ventaja que concedemos a todos los que confiáis en nosotros y como premio por colaborar apoyando este proyecto adquiriendo uno de nuestros libros.
El plazo de reserva de ejemplares se abre desde ya hasta el 11 de noviembre. Tenéis un mes para hacerlo, no os quedéis sin él. Sabéis que trabajamos bajo pedido y que luego si no lo has reservado puede que te quedes sin él. Envíanos un mensaje a nuestro perfil de facebook:
https://www.facebook.com/zarracatalla.editorial
O un email a zarracatalla@gmail.com
En breves podremos adelantar más novedades.

Y como estamos de celebración y en plenas fiestas pilaristas, vamos a hacerlo como lo solemos festejar en el blog: con música. Hoy nos llega un duo padrísimo, "Los jaques de la Sierra" y su tema "Huracán de la Rambla". Recientemente presentaron su disco con el mismo título.
Desde lo más profundo del Sistema Ibérico, desde las hondas vales de la Sierra de Pardos llegan los Jaques de la Sierra a cantarnos historias de su pueblos y sus gentes.
Al más puro estilo norteño mexicano son capaces de trasladarnos a escenarios de atracos, persecuciones, ajustes de cuentas y crímenes de contrabando. Historias reales, leyendas urbanas y tradición oral unidas en un mismo trabajo para el disfrute de oídos sin prejuicios.
Acordeón y guitarra (además de sus curtidas voces) es lo único que necesitan estos dos jaques para liarla. Corridos y rancheras aderezadas con piezas instrumentales de aquí y de allá.
Desde la Sierra de Pardos a la de Sinaloa. Desde Valderregacho al Espinazo del Diablo. ¡Un viaje que a nadie dejará indiferente!
Enlace al vídeo en youtube de la canción y un par de imágenes de los protagonistas. Besetes a tod@s, nos leemos.

viernes, 10 de octubre de 2014

Colección Uni2. Luz en la oscuridad: 4. Hotel Amiens.

Cuarto capítulo de "Luz en la oscuridad", con Peter North (piloto de las fuerzas aéreas británicas durante la Segunda Guerra Mundial) tras la línea enemiga. Tras los descubrimientos de este en una base alemana la acción continúa. Veamos como continua la acción tras tres tremendos capítulos iniciales en esta propuesta de Alberto Bello y Vanesa Berdoy.




Luz en la oscuridad


CAPITULO IV: HOTEL AMIENS

Entró en el pequeño pasillo con cuidado. De súbito salió un hombre de la cocina. Era un tipo alto y corpulento. Quizá de la misma edad que Peter. Sin tiempo para que nuestro amigo pudiera reaccionar se dirigió a él:
—¡Tú, como tienes vergüenza de venir por aquí! —dijo. Y le propinó un violento puñetazo en la cara. Seguidamente desapareció por la puerta del apartamento.
Peter cayó derribado y quedó noqueado en el suelo por unos instantes. Cuando se repuso fue a la cocina. Allí se encontraba Juliette llorando en un rincón. Peter se enterneció y se acercó a ella.
—Es un animal —dijo entre sollozos.
Peter la abrazó y esperó a que se tranquilizase un poco. Le preparó una tila y se la acercó.
—¿Quién era? —preguntó Peter.
—Es Didier. Trabajó conmigo una temporada y estuvimos saliendo en un pasado cercano. Luego se fue al frente y decidimos dejarlo. Ya no estamos juntos, pero parece que él no termina de asimilarlo. Me ha reprochado que estés viviendo aquí conmigo. Ha sido muy violento —decía mientras todavía se le escapaba algún sollozo—. Pensaba que me iba a pegar, pero gracias a Dios no ha sido así.
Peter la abrazó de nuevo. Juliette era muy vulnerable en ese momento. El instinto de protección de Peter afloraba. No se le pasó por la cabeza, en ningún momento, aprovecharse de la situación.
—Es muy terco y no dejará que esto termine así. Me temo que nos hemos creado un enemigo —dijo Juliette.
Peter pensaba para si que ni siquiera tenía una relación con Juliette, aunque deseara con todas sus fuerzas que así fuera y que ya se había creado un enemigo por esa razón. “Empiezo las cosas por el final”, pensó.
—¡Ah!, casi me olvido. He hablado esta tarde por teléfono con el agente Dufresne. Quiere que comas con él mañana a la una en el hotel Amiens. Me ha dicho que es importante.
Británico de ascendencia canadiense, el agente Claude Dufresne era el contacto del servicio de espionaje británico en la zona. Tenía un trabajo tapadera en la embajada estadounidense. De vez en cuando se comunicaban con él. En la Francia ocupada trabajaban ya varios miles de agentes británicos, estos se jugaban la vida a cada momento, casi más que los soldados de infantería en el frente.
Terminó de consolar a Juliette. Le contó lo que había visto aquella noche en el bosque y finalmente cada uno se fue a dormir a su habitación.
A Peter le costó conciliar el sueño. No dejaba de pensar en que lo único que les faltaba era el crearse enemigos y que no podían revelar a nadie sus auténticas identidades, ni aunque eso pudiera apaciguar los ánimos de Didier. Pero estaba claro que no conocía a Didier y eso no le haría cambiar de opinión. También pensaba que esto era lo que podía haber hecho a Juliette reaccionar de forma extraña a su beso. ¡Dios mío, Didier la tenía aterrorizada!, concluyó mientras se sobresaltaba en sus pensamientos. También le rondaba por la cabeza que es lo que le tenía que contar el agente Dufresne, que era tan importante que no podía esperar. También pensaba en las pruebas de los nazis en el bosque.
Había sido un día muy intenso, casi tanto como cuando en su aeródromo de Londres tenía que realizar una misión de interceptación tras otra sin apenas tiempo para echar un pequeño sueño.
Con todas estas ideas rondándole por la cabeza finalmente se durmió, aunque tuvo pesadillas en las cuales grandes bombarderos seguidos de largas lenguas de fuego devastaban las ciudades británicas y él no podía hacer nada. Aquellos bombarderos parecían blindados y las balas de su Spitfire rebotaban una y otra vez.

Al día siguiente se dirigió a trabajar a Le parisien. Le contó a Gastón todo lo que había visto, el incidente con Didier así como su cita pendiente con el agente Dufresne. Gastón le pidió que hablara con Dufresne sobre que hacer con su descubrimiento. También le dijo que tuviera cuidado con Didier. Él lo conocía y sabía que no era trigo limpio.

Peter salió a las 12:30 hacia el hotel Amiens para encontrarse con el agente Dufresne. Faltaban unos pocos minutos para la una cuando llegaba al edificio. Se encontraba en la Rue de la Republique. El hotel Amiens había sido uno de los mejores de la ciudad. Aunque con marcas de metralla en la fachada principal, el edificio de corte neoclásico, se encontraba en buen estado. Estaba formado por un bloque de siete plantas en el que se dejaban notar las cicatrices de la invasión pero sin grandes desperfectos. De hecho el hotel aún conservaba parte de su grandeza anterior. Contaba con uno de los pocos restaurantes donde la carta era bastante completa a pesar de las circunstancias.
Peter se disponía a entrar cuando un botones le abrió la puerta. Entro en un enorme hall. Se acercó al mostrador de la recepción y preguntó por el restaurante. La muchacha que allí se encontraba le acompaño hasta el restaurante y allí le recibió el maître:
—Buenos días, tengo una reserva a nombre de Claude Dufresne.
—Acompáñeme —respondió.
El restaurante se componía de un gran salón con unos grandes ventanales con cortinas que proporcionaban intimidad con respecto del exterior. Se encontraban al fondo.
El maître le acompañó a una mesa junto a la ventana.
—Aquí es. No creo que el señor Dufresne se retrase.
A los pocos minutos apareció el agente Dufresne. Era un tipo más o menos de su misma edad. Vestía traje y sombrero gris además de una gabardina beige, ya se había terminado el verano y comenzaba  a hacer frío en esas latitudes. Habló con el maître de forma amigable mientras éste recogía su gabardina, parecía que se conocieran de otras ocasiones. Se acercó a la mesa.
—Señor Lombard, supongo —inquirió.
A Peter todavía le costaba reaccionar ante su nuevo nombre.
—Sí, soy yo —respondió.
—Encantado, soy el agente Claude Dufresne.
Tomó asiento y continuó hablando.
—Voy a ir al grano. Estoy al tanto de su verdadera identidad. El mando de la RAF sabe que usted se encuentra con vida y quiere que regrese a toda costa a Inglaterra. La RAF necesita pilotos experimentados como usted.
—Sí, supongo. Aunque creo que aquí también podría hacer un buen trabajo, de hecho hemos hecho unos descubrimientos importantes de los que le quiero hablar —respondió Peter.
—Me temo que la respuesta debe de ser no. Deje eso en manos de la resistencia. Usted es necesario en los cielos británicos y ahora más que en ningún otro momento. No tenemos ningún plan claro de cómo sacarle de aquí pero trabajaremos para conseguirlo.
—De acuerdo —asintió Peter.
Sabía que era su obligación y que era un buen piloto pero por otro lado estaba Juliette. No podía irse sin más, debía de intentar conquistar el corazón de aquella mujer. Se intentó convencer a sí mismo de que intentaría posponer su vuelta a Inglaterra y que del lado de la resistencia francesa también podía hacer la guerra contra Alemania. Que paradoja, hace unos días estaba deseando volver a Inglaterra y en este momento que el agente Dufresne se lo estaba pidiendo, el estaba pensando en no hacerlo.
—¿Qué es eso tan importante que han descubierto? —preguntó Dufresne.
Peter le explicó todo lo que había visto en aquel claro en el bosque.
—Debemos de retrasar todo lo posible ese proyecto. Esas instalaciones han de ser neutralizadas —dijo Dufresne.
—Me temo que será difícil de desbaratar desde dentro en un atentado. No podremos destruir toda la base. He pensado que necesitamos una operación a gran escala —dijo Peter.
—¿Que está insinuando señor Lombard? —preguntó.
—He pensado en una incursión de aviones de la RAF que pueda convertir la zona en un infierno de forma que el área de ensayos quede totalmente inservible —expuso Peter.
—¡Pero usted sabe tan bien como yo lo debilitada que está la RAF! Estamos en medio de una gran batalla aérea que dura ya varios meses. La empresa que me plantea es muy complicada. No se si podremos convencer al alto mando. ¡Dios mío!, tampoco se siquiera si dispondríamos de bombarderos para una misión así.
—Será necesario convencerlos. Lo mejor sería realizar bombardeos de precisión, pero la autonomía de estos aviones puede no ser suficiente y con toda seguridad no llegarían hasta aquí con garantías —dijo Peter.
—¿Ha pensado en dejarlo en manos de la Royal Navy? Las instalaciones no se encuentran lejos de la costa y los acorazados las podrían alcanzar con facilidad.
—También lo he pensado, desde luego que dos o tres impactos directos de uno de nuestros acorazados no dejarían ni rastro de la base alemana, pero los bombardeos navales carecen de precisión. Por otro lado las aguas del canal están infestadas de submarinos alemanes, por no hablar de las baterías costeras y de las minas. Incluso de la Luftwafe. Sería un suicidio.
—No hay elección —respondió Dufresne.
—Sería suficiente un par de escuadrones de bombarderos medios tipo Wellington. Algo parecido a lo que se hizo cuando se bombardeo Berlín unas semanas atrás. Mis compañeros y yo marcaremos la zona de bombardeo con bengalas desde el suelo.
Le había sonado raro referirse a sus amigos franceses por primera vez como sus compañeros. Esperó que Dufresne no notara su entusiasmo por permanecer en Francia.
La RAF había echado el resto unas semanas atrás bombardeando Berlín coincidiendo con la visita del ministro de asuntos exteriores soviético. Los alemanes había firmado un pacto de no agresión con la Unión Soviética en 1939. A raíz de este pacto se habían repartido Polonia entre ambos con la invasión de 1939 y el comienzo de la guerra. La Unión Soviética también había acabado ocupando una parte de Finlandia y los paises bálticos. Pretendían que los soviéticos se unieran a la causa aludiendo que Gran Bretaña estaba casi vencida, pero el tener que entrevistarse en un bunker antiaéreo no apoyaba esa afirmación. La Unión Soviética seguía siendo neutral, a pesar de haberse aprovechado de la situación.
El camareró los interrumpió:
—¿Que van a tomar los señores?
—Permita que le recomiende la especialidad de la casa —dijo Dufresne.
—De acuerdo, pida usted para los dos —replicó Peter.
El camarero se fue y continuaron su conversación.
—Creo que queda claro como actuaremos. Le iré informando periódicamente en que situación nos encontramos. Usted deberá de aportar la señalización de la zona de bombardeo. Además intenten neutralizar las posibles baterías antiaéreas. Tampoco olvide que queremos que vuelva a Inglaterra a la mayor brevedad —dijo Dufresne.
Peter recordó que no había visto baterías antiaéreas en sus dos visitas anteriores a la zona.
El camarero les trajo el primer plato en ese momento.
—Tengo otra noticia que darle, señor Lombard. Me temo que es personal y no le va a gustar escucharla.
Peter no se esperaba esto. Esperaba hablar de su vuelta a Inglaterra y de cómo desmantelar la base secreta. Se puso nervioso.
—Es sobre su padre. No se si sabrá que su padre ha estado trabajando como guardia de un refugió en Londres, poniendo a la gente en lugar seguro durante los bombardeos alemanes.
—Sí, lo sabía. El siempre ha sido un soldado —añadió Peter.
—Debo decirle que hace unos pocos días falleció durante un bombardeo. Fue sepultado por los cascotes proyectados por una explosión en un edificio cercano. Su madre ha ido a vivir a Southampton con su hermana. Lo siento —le dijo mientras le tocaba el hombro.
A Peter le cayeron unas pocas lágrimas por los ojos pero permaneció entero. La vida y la muerte no tenían en aquel tiempo el mismo valor que podían tener en tiempos de paz, aunque siempre era doloroso cuando se trataba de una persona cercana. Recordó en silencio todos los buenos momentos que había vivido con el viejo. Pensó que para su madre ya había sido muy duro haber perdido a Marcus poco tiempo atrás y ahora esto. Se prometió a si mismo que no se dejaría matar.
—Les dije que abandonaran Londres, pero mi padre no quiso. Quería ayudar para ganar esta maldita guerra. Esa era su forma de arrimar el hombro.
Continuaron comiendo. El camarero trajo el segundo plato. Dufresne espero a que Peter volviera a encontrarse sereno para seguir hablando.
—Espero poder seguir manteniendo comunicación periódica con ustedes, desde los últimos días creo que me están vigilando —añadió mientras corría ligeramente la cortina—. ¡Ahí están!
Peter pudo ver a dos tipos dentro de un coche negro al otro lado de la calle. En ese momento uno de ellos encendía un cigarrillo que le alumbraba la cara.
El camarero trajo el postre. Dufresne comió más rápido de lo habitual y pidió la cuenta. La presencia de los dos tipos en la calle le había puesto nervioso.
—Debo irme señor Lombard. Intentaré salir por una puerta de servicio —encantado de conocerle.
—Lo mismo digo —replicó Peter.

Dufresne se levanto y fue donde se encontraba el maître. Peter vio como le deslizaba en la mano un billete de 10 marcos. A continuación Dufresne y el maître salieron del restaurante.
Peter corrió la cortina para vigilar a los dos tipos en el coche negro. Cual fue su sorpresa cuando vio que en el coche sólo quedaba uno de ellos vigilando la entrada principal. Rápidamente salió tras su nuevo amigo.
El maître acompaño a Dufresne a una puerta de servicio que daba a un callejón lateral del hotel. Era un callejón estrecho donde se acumulaban los cubos de basura del restaurante. Dufresne salió y comenzó a caminar. De repente oyó como armaban una pistola a su espalda.
—¡Queda usted detenido! —dijo alguien tras él.

jueves, 9 de octubre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autora del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (32. Ian).

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo arranca con las tremendas dudas que se le plantean a Olga al reencontrarse de nuevo con Ian. Esta situación la transporta a tiempos pasados, a su encuentro en el "Love boat" y a cómo, tras descubrir que las consecuencias de aquella noche de desenfreno eran un embarazo, decidió tirar para adelante y abortar. Sola, sin apoyos de nadie... excepto de Ana. Y ahora su relación está tan deteriorada...
Recuerda cómo tras resolver el asunto el destino la volvió a unir con Ian, y esta cayó locamente enamorada del pelirrojo. La relación hizo que Olga cambiara su actitud, se convirtió incluso en mejor persona. Estaba feliz, hasta que... Ian desapareció sin saber por qué. Esto provocó un fuerte dolor en el corazón de Olga y se prometió que nunca ningún hombre la haría sufrir, serían a partir de ahora un juego para ella.
Y ahora allí estaba, frente al hombre que la enamoró y le hizo pasar semejante calvario. Sus sentimientos se agolpan uno tras otro, porque al verlo todavía siente algo por él. Cuando de repente suena su móvil. Es Pedro, presa de la ira la llama para terminar de una vez por todas con esta insana relación... ¿Y ahora qué? Pedro… Ian…
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Se decantará Olga por Pedro y dejará plantado al pelirrojo? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo se desarrollará la escapada a Pau de Ramón y Patricia? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creadora solo puedo decir que ha creado un capítulo que personalmente me ha fascinado. Ya se lo comenté en su momento nada mas recibirlo, es una suerte poder con ella como colaboradora del blog, pero mucho más es tenerla como amiga. Ha tenido la clarividencia de comprender perfectamente al personaje de Olga, de darle una oportunidad y premiarla con un capítulo exclusivo. Además lo ha hecho de una forma brillante. Definitivamente gracias por este brillante enfoque, el personaje lo necesitaba. Ahora comprendemos las circunstancias que perturban la vida de Olga. Un placer contar con tu participación.
Gracias a... Barbara López Díez
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook:
https://www.facebook.com/barbarita.lopezdiez?fref=ts

martes, 7 de octubre de 2014

Conocemos a...

Hoy conoceremos al escritor de la semana, autora del capítulo del lunes pasado de Nuestra historia (31. Zarracatalla de sentimientos). Queremos disculparnos por no haber podido subir esta sección como correspondía el pasado jueves, pero hay ocasiones en que el reloj tiene 24 horas y un servidor también. Así que lo dicho, lo sentimos por la gran ilusión que tenía la autora de la semana en desvelar su identidad y por todos vosotros que nos seguís todas las semanas y merecéis el mejor trato posible.

ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
El capítulo continúa tal cual se quedó la trama la semana pasada, con Olga dentro del piso de Ana y Pedr,o revolviendolo todo y complicando aún más la situación. Descubre que Ian es el hijo de la mujer contra la que chocó Pedro en el accidente y es quién ha puesto la denuncia. Es también aquel joven irlandés con quién tuvo su encuentro sexual hace muchos años en el "Love boat" y trajo como consecuencia un embarazo no deseado.
En ese momento se oyen ruidos y la pareja entra en su apartamento. Olga para no ser descubierta tiene que tumbarse debajo de la cama y permanecer en silencio. Cuando van a entrar a la alcoba llaman a la puerta. Es la señora María que pasa a invitarlos a tomar café y ante la insistencia de la anciana se ven obligados a aceptar. Esta les advierte de su encuentro con Olga y la pareja se pone en alerta.
Olga mientras tanto aprovecha la coyuntura para salir sigilosamente del apartamento, y aunque con dudas decide llamar a Ian. Los tonos se agotan y este no responde.
La joven pareja tras despedirse de la señora María regresa a su piso y mientras Pedro se queda rezagado para ver una película, Ana entra en la habitación y se encuentra todo revuelto. Llama a su novio y le exige explicaciones, aunque este también está perplejo y no puede dárselas. Ella le pide un tiempo y él se ve regresando a casa de sus padres y forzado a pedir consejo a su hermana, aunque sabe perfectamente que esto ha tenido que ser obra de Ana. Decide llamarla pero da ocupado.
Olga, ya en su casa, al tiempo de acostarse recibe la llamada de Ian y se citan para el siguiente día. Tienen muchas cosas pendientes y una zarracatalla de sentimientos aborda a Olga, que perfectamente arreglada acude a su cita...
¿Qué ocurrirá en la cita con Ian? ¿Qué pasos seguirán Ana y Pedro en sus procesos judiciales? ¿Cómo se desarrollará la escapada a Pau de Ramón y Patricia? ¿Podrá Ana atender a razones y perdonar a Pedro por algo que no ha hecho o triunfará la perversa jugada de Olga? No os perdáis el próximo capítulo.
En cuanto a su creadora mencionar que es una gran aficionada al blog, que nos sigue desde el principio y que aunque con numerosas dudas afrontó el reto, finalmente nos ha dejado un capítulo muy entretenido y con unos cuantos frentes abiertos. Otra semana muy divertida de mensajes y conversaciones que han dado como fruto este capítulo. Polifacética donde las haya, lo mismo te baila una jota que te hace un tupé, que te da el pregón de las peñas como te escribe un capítulo:
Gracias a... Elisa Cebollada Bailón.
Aquí os dejo el enlace a su página profesional en facebook:
https://www.facebook.com/peluqueriaelisa.mixta?fref=ts

lunes, 6 de octubre de 2014

Nuestra historia. Capítulo XXXII. Ian.

XXXII.     Ian.


Desde esa noche, desde esa llamada a las doce de la noche, Olga no había podido dejar de pensar en Ian… “Dios mío… cuánto tiempo ha pasado, cuántas cosas…”
Durante todo el tiempo transcurrido, ocho largos años, había intentado imaginar cómo sería aquel reencuentro y si existiría alguna vez en su vida. De hecho, por alguna extraña razón nunca había sido capaz de borrar aquel número de teléfono.
Su cabeza no paraba de dar vueltas y sentía un nudo constante en la boca del estómago que le producía cierta ansiedad. Estaba nerviosa, no podía negarlo.
“Dios mío, Olga, ¿quieres tranquilizarte? Respira, ¡por favor respira!” —no paraba de gritar una voz en su cabeza.
No paraba de hablar en voz alta consigo misma, intentando controlar los nervios y recorría el pasillo de arriba abajo, una y otra vez, de forma constante e incansable. No podía controlarse. Estaba en plena ebullición.
—¿Quieres tranquilizarte de una vez, por favor? Sólo has quedado con él para hablar. ¡Serénate!
No se lo podía creer, estaba fuera de sí, ésa no era ella, la chica fuerte y segura de sí misma que proyectaba como imagen hacia los demás.
Se sentó en la cama, respiró hondo y dejó que su cabeza volara a Estocolmo.
Recordó aquella noche loca en la que todo pasó de forma fugaz y tras la que Ian desapareció de su vida. También el día en el que había descubierto su “sorpresa” y los días que pasó con Ana, su amiga del alma, con la que consiguió desahogarse y con la que había conseguido medio poner sus ideas en orden. Nunca podría olvidar esos días con Ana, pero cómo cambian las cosas, ahora ya casi ni se hablaban y habían perdido la confianza la una en la otra…
No quería esperar más, no podía esperar más. Era joven y estudiante y su familia nunca iba a entender su desliz pues venía de una familia más bien tradicional. Había tomado la decisión, aunque algo le provocaba dudas y le echaba para atrás.  Sin embargo no tenía escapatoria, los días pasaban y cada vez iba a ser más complicado.
Decidió entonces no contar nada a nadie, ni a su familia, ni mucho menos a sus compañeras de piso o a Ian, al que conocía sólo de una noche de borrachera y no había vuelto a ver.
Se puso en contacto con una clínica de interrupción de embarazos y decidió no esperar más. Al cabo de dos días salía de la clínica con el “asunto arreglado”.
Olga volvió a la rutina de la vida diaria. Eso le daba fuerzas para continuar y le evitaba tiempos muertos para pensar en aquello que había hecho. No tenía ni sentía remordimientos. Se había autoconvencido de que aquello era lo correcto. Era ante todo una chica práctica y decidida, y un bebé en ese momento iba a desbordar su vida, su futuro y no estaba dispuesta a hipotecarse desde ya. Quería vivir su vida paso a paso y un bebé en estos momentos no iba a hacer mas que interrumpir sus planes. Al fin y al cabo había sido un desliz de una noche sin más y la vida continuaba.
Su falta de remordimientos le hizo dudar si era buena persona, si tenía sentimientos, pero ganó su lado pragmático y no volvió a pensar más en ello. Pese a todo tenía la conciencia tranquila.
Sin embargo el azar es impredecible y quiso que a los pocos días, al volver de las clases de la universidad y girar una esquina camino de casa, Olga se cruzara con un chico que le resultaba familiar, demasiado familiar, pero no lograba identificar de qué lo conocía.
—“¿Quién era? ¿De qué conocía a ese chico?” —de repente lo supo— “¡Ian! ¡Era Ian!”
Comenzaron a hablar y entablaron una amistad, la amistad creció a pasos agigantados y se convirtió en algo más y Olga, la chica que era capaz de conquistar a cualquier hombre del planeta con su imponente físico, se enamoró locamente de Ian… ¿Quién lo iba a decir? Pero sí, Olga estaba coladita por aquel chico pelirrojo del barco.
Estaba feliz. Había roto su caparazón de chica superficial y rompecorazones. Ian había sabido mirar su interior y hacer de ella una mejor persona.
Olga se volcó en la relación. En experimentar por primera vez el amor de una pareja estable y feliz. Eran tal para cual y estaban hechos el uno para el otro. Compartían el mismo sentido del humor, hablaban de millones de cosas y estaban deseando pasar tiempo juntos. Se sentían tremendamente atraídos el uno por el otro y el sexo entre ambos era bestial. Se necesitaban continuamente y no había día que no se viesen, se besasen, se abrazasen… Estaban felices juntos. Olga se acostumbró a esa estabilidad que Ian le daba y deseaba que aquello durase mucho.
Pero nada es eterno y de repente un día… sin saber por qué Ian comenzó a estar distante, cada vez más distante. Olvidaba mandar los mensajes a los que había acostumbrado a Olga:
“Buenas noches princesa…”
 “Buenos días preciosa…”
Olga comenzó a ponerse nerviosa. Es ese sexto sentido que tienen las mujeres cuando algo va mal. Y llegó el día que Olga tanto temía. Ian desapareció.
“Necesito pensar qué es lo que siento por ti” —dijo.
Esas fueron sus palabras. Olga supo que no lo volvería a ver más, que no continuaría esa conversación pendiente y que recordaría siempre esas palabras.
Se fue. Se fue sin dar más explicaciones, sin decir nada más, sin echar la vista atrás y en ese mismo instante empezó el calvario de Olga.
Olga sólo tenía ganas de llorar, su sonrisa había desaparecido y en su lugar sólo existía un rictus de tristeza. La luz de sus ojos se apagó y aparecieron unas profundas ojeras que enmarcaban su mirada. El tiempo pasaba demasiado despacio y los minutos se hacían horas. No se reconocía en el espejo.
¿Dónde estaba la chica sonriente, fuerte, capaz de comerse el mundo con su desparpajo habitual?, ¿por qué no era capaz de sacar fuerzas y hacer como si nada hubiese pasado tal y como estaba acostumbrada en sus otras relaciones?
Dejó de ir a clase, de salir, de quedar con los amigos, y sólo lloraba ante la incomprensión del momento. Ésa no era ella.
“No se puede obligar a nadie a que te quiera” —pensaba.
Pero no podía dejar de preguntarse qué había pasado. Lloraba, lloraba desesperadamente por no poder dejar de llorar.
Le costó superarlo y cuando logró reponerse del batacazo estaba tremendamente enfadada consigo misma por permitirse quedarse en ese estado de letargo.
—“¡Hijo de puta!” —Se  repetía continuamente—. “¡Serás capullo!”
A partir de entonces se prometió que nunca nadie le volvería a hacer daño y se hizo fuerte. Los chicos serían para ella un juego, un capricho, pero no se permitiría volver a llorar por un hombre.
Fue en ese momento cuando comprendió que había hecho lo correcto con el embarazo. Sí, era lo correcto.
El curso escolar terminó y Olga volvió a España. Se reencontró con su pandilla y aparcó todos los sentimientos vividos en Estocolmo. No había podido olvidar a Ian, pero tampoco había podido recordarlo hasta entonces. Pese a todo seguía siendo demasiado doloroso. Era la única vez en la que Olga había sido completamente feliz.
Y ahora míralo, sentado en la mesa del bar  Rock and Blues. No había cambiado nada, estaba tal y como lo recordaba.
—¿Olga?
—Hola bombón, cuánto tiempo…
Tenía demasiados sentimientos, el corazón le latía tan fuerte que le dolía el pecho.
—“¡Contrólate, Olga!” —era su voz interior la que hablaba…—, “¿pero por dónde empezar?”
Se le agolpaban las preguntas y las sensaciones. ¿Cómo debía actuar?
Muy a su pesar, Ian sigue resultando extremadamente atractivo y pese a que es consciente del daño que le hizo, no puede evitar sentir cosquilleo en el estómago.
—“¿Qué coño me está pasando?” —piensa para sus adentros a la vez que siente que se ruboriza.

En su casa Pedro estaba que trinaba.
“¡Puta Olga! ¡Será zorra! Esto ha llegado ya demasiado lejos. No voy a permitirle que rompa aquello que he conseguido con Ana. No va a ser ella la que rompa mi familia. Esto tiene que terminar ya de una vez. Tengo que poner fin a esta historia de una vez por todas.”
Presa del enfado decide volver a llamarla.

Olga nota que su teléfono vibra y lo mira.
—“¡Mierda, Pedro!”
¿Y ahora qué?
Pedro… Ian…