jueves, 20 de febrero de 2014

Conocemos a...

Hemos modificado el nombre de la habitual entrada de los jueves. A partir de ahora pasa a llamarse "Conocemos a..." y la dividiremos en dos secciones. La primera será para desvelar al escritor anónimo del capítulo de cada semana de Nuestra historia y en la segunda haremos una retrospectiva para conocer mas detalles de los autores que han colaborado con el blog. Esperemos que estos nuevos contenidos os gusten y sea todavía mas divertido compartir estas líneas con esta ZARRACATALLA de gente maravillosa.


ESCRITOR ANÓNIMO DE LA SEMANA
Esta semana hemos tenido un capítulo muy interesante. Con una duración un poquito superior a la media y que por vuestros comentarios vía facebook ha gustado mucho. Conocemos un poquito más a la familia de Pedro (padres y hermana) y la relación de Ana con su cuñada. Además y como viene siendo habitual nos ha dejado un final mas que sugerente...
Seguiremos en ascuas hasta el próximo lunes. Esto parece que va a seguir siendo así capítulo tras capítulo y me parece GENIAL. Mantiene a los lectores enganchados toda la semana e incluso muchos piden otro episodio a mitad de la misma.
Todos los autores os volcáis con el proyecto desde que recibís la propuesta. Es de agradecer enormemente vuestra implicación. El de hoy no ha sido menos. Un tipo genial, sin duda... Diego Serrano Satué
https://www.facebook.com/diego.serrano.7121?fref=ts
Aquí os dejo su perfil en facebook como siempre para que podáis felicitarlo por su gran labor.


CONOCEMOS A...
Inauguramos esta sección con el autor del primer relato que apareció en Zarracatalla Editorial. Se trata de Eduardo Comín Diarte. Una persona intelectualmente inquieta. Tiene muchas aptitudes y muy diversas y no deja de sorprendernos incluso a los que lo conocemos desde que eramos chicos. Autor de los relatos "Cuando el río suena" y "Puerta con puerta". Parece que se ha especializado en textos "aragoneses" aunque sé que pronto nos sorprenderá de nuevo con otra temática. Hoy va a responder a vuestras preguntas.

Así se describe el mismo

-         Soy un habitante de esta Zarracatalla de mundo, atraído por los sonidos que producen las cuerdas de nylon al zumbar en una caja acústica, increíblemente atrapado por los aromas y texturas que salen de mis cazuelas y fogones, hipnotizado por las líneas que describe mi bolígrafo al escribir sobre lo que adoro que es mi tierra Aragón, y locamente enamorado de mi pequeña familia con olores y matices a bizcocho, chocolate y magdalenas. Compuesto a partes iguales de fórmula magistral de rebotica y golpes de contador de taxímetro. Y a caballo (nunca mejor dicho) de los adoquines de la ciudad del viento y la chimenea de la azucarera. Una hoja de Higuera y una rosa de Azafrán marcaron mi infancia. Puede que no entendáis nada… pero si lo metéis en una coctelera y agitáis saldrá un coctel muy freak llamado Eduardo José Comín Diarte.

Nos va a responder a las preguntas de nuestros seguidores:
    En qué te inspiraste para escribir estos relatos

o        Los dos relatos que han visto la luz y uno que se está gestando, han sido inspirados en mi tierra Aragón, y sobre todo fundados en los recuerdos de las charlas con mi abuela Nieves. Mi yaya ha tenido una vida intensa. Ha trabajado a lomo caliente toda la vida y aun así, le ha quedado tiempo para tener miles de anécdotas, que os puedo asegurar nos ha contado miles de veces a mi hermana y a mí. Unas graciosas y otras tristes. Conozco sin haberlos visto nunca,  a mis antepasados del pueblo de Odón (Teruel) de donde proviene mi familia por medio de sus historias. Y esas historias mezcladas con mi imaginación y un poco de investigación en libros e historias antiguas de foros etc.… fueron dando forma a mis historias.

    Donde, cuando y cual era tu situación cuando los escribiste


o        Donde, en mi casa de Luceni y en Salou. Cuando, en el verano del 2012 escribí cuando el rio suena. Mientras esperábamos a que llegara nuestro hijo Izan. Y justo un año después y después de una charla con mis compañeros y compañeras de mi grupo de jota Arte Jotero me lance a escribir puerta con puerta con el fin de que sirviera de guion para uno de sus espectáculos pero la historia me gusto tanto que no pude recortarla más y dejar detalles en el tintero, por lo que se que quedo en un relato más que en un guion. Y mi situación en ese tiempo fue maravillosa porque empezábamos a disfrutar de una faceta nueva en nuestra vida… ser padres.





    ¿Cómo ves el proyecto Zarracatalla Editorial?

o        Me encanta. Creo que el alma de esto que es David Garcés, ha acertado de lleno con este proyecto, encandilando a tantos seguidores. Somos una legión de zarracatalleros ansiosos por devorar cada lunes un pedacito de nuestra historia. Y cuando llegue mi momento para colaborar, espero estar a la altura de todos los escritores, que hasta la fecha lo han hecho verdaderamente bien.

    ¿Escribes habitualmente? ¿Cómo te has encontrado al hacerlo?


o        Como os comentaba antes ya he escrito dos relatos y voy a por el tercero. También de temática aragonesa e inspirado en Luceni en los años de la Azucarera, de momento me quiero empapar de información para no errar en fechas ni hacer disparates. Al escribir me siento fenomenal, mi mente se transforma en una película en blanco y negro llena de adoquines, sallas, delantales y alforjas. Y si no fuera porque me dan algún toque de atención se me pasaría la tarde pegado a la libreta y el teclado.

    Algo que no sepamos y que te gustaría compartir acerca de los textos…



o        Aunque los personajes no son reales, todos tienen un poquito de mí. Por ejemplo Félix me recuerda a mi padre. Florencia se llamaba mi bisabuela y quería que ella apareciera por algún lado. Y el personaje de Alejandro, amigo inseparable de Félix lo quiero como quiero a mi tío Juan. Amigo inseparable de mi padre.
Por otro lado, en puerta con puerta esta Nicasio, que aunque en nada se parece su personalidad a la del personaje del relato. Quise homenajear al tío Nicasio conocido por todos los luceneros y recientemente fallecido. Ya que fue la primera persona con la que mi recién llegado abuelo Pepe hizo migas en este pueblo.




Como podéis ver se trata de un tipo sin igual. Un autentico crack que me encanta tener en mi equipo. Aquí os dejo para los que todavía no lo conozcáis su espacio radiofónico en Radio 5 "Los Sabores de Radio Nacional": https://www.facebook.com/lossaboresderadionacional
Y es que este tipo no para....

Os recordamos que mañana tenemos un nuevo relato de la "Colección Cupido". Se trata de una maravillosa historia titulada "Una parada en el camino". Como siempre puntualmente llegará a las ocho de la tarde.

Nos leemos... besetes a tod@s

martes, 18 de febrero de 2014

¡Ya vamos por 6.000 visitas!

Volvemos a estar de celebración. ¡Que maravilla! Ya hemos superado las 6.000 visitas a nuestras páginas. Gracias de nuevo a todos vosotros porque esto que empezó como un juego, una locura colectiva, se está convirtiendo en una de las más cuerdas y maravillosas costumbres. Prácticamente vamos a un ritmo de 1.000 visitas por semana. Esperemos que la cifra no decaiga y todas las semanas podamos subir un nuevo regalito musical. En esta ocasión os traemos un tema de "Tres Tipos Infames", una formación zaragozana que nos presenta su tema "Revolución". Una canción que nos viene como anillo al dedo para expresar la que se ha formado con este blog: 1.000 visitas a la semana, una entrevista en Aragón Radio, varias formaciones musicales apoyando cada semana nuestro proyecto, "Colección Cupido" en marcha y funcionando, una ZARRACATALLA de gente disfrutando y compartiendo nuestros contenidos. En definitiva, una locura.
Además, como dicen estos chicos: "Sin amor, nunca habrá una revolución". Así que poned pasión en todo lo que hagáis y obtendréis grandes resultados.

Además hoy vamos a proponeos una nueva sección. La habitual entrada de los jueves pasa a denominarse "Conocemos a...", en ella desvelaremos el autor del capítulo del lunes de Nuestra historia de cada semana y haremos una retrospectiva para conocer a los colaboradores del blog. Debutamos este jueves con Eduardo Comín, autor de dos maravillosos relatos "Cuando el río suena" y "Puerta con puerta". Os proponemos que a través de nuestro email o vía facebook le lancéis las preguntas que os hayan surgido al leerlos y él las contestará el jueves, aquí en "Conocemos a...". Tenéis de tiempo hasta mañana miércoles (durante todo el día) para enviar vuestras preguntas. Otra nueva iniciativa del proyecto Zarracatalla Editorial. Veremos a ver como sale y si os gusta.




Aquí os dejo el enlace a su página de facebook y a bandcamp donde encontraréis otros temas suyos. Espero que os gusten.
https://www.facebook.com/pages/Tres-tipos-Infames/587879791303372?fref=ts
http://trestiposinfames.bandcamp.com/


lunes, 17 de febrero de 2014

Nuestra historia. Capítulo VII: Vaya panorama

Tras el inquietante final del capítulo anterior propuesto por Andrea Sánchez, aquí llega la séptima entrega de Nuestra historia. En esta ocasión nuestro autor anónimo lo ha titulado "Vaya panorama". El de hoy también os va a gustar mucho y nos deja con un final mas que sugerente...


  VII.     VAYA PANORAMA

¡De repente el corazón de Ana parecía una montaña  rusa!
Él estaba allí... y no sabía cómo reaccionar... desnuda, indefensa, sin ganas de afrontar aquella situación.
Aquello parecía su peor pesadilla. Su cabeza era un torbellino que no sabía cómo responder ante lo que se le venía encima. Estaba agotada física y emocionalmente, lo último que deseaba era aclarar la situación de la noche anterior. Le pasaba por la cabeza la imagen de Pedro, la imagen de Olga, el accidente... era una ZARRACATALLA de pensamientos. De repente la imagen de Ramón retenida en sus pupilas la hizo salir de aquella pesadilla y afrontar la dura realidad.
-Ana, yo no puedo seguir ni un día más sin aclarar la situación… tú sabes que te quiero y siempre te he querido, no puedo ocultar mis sentimientos. Es verdad que el momento..., el accidente de Pedro..., no ayudan a esta situación, pero yo la deseo... yo te deseo a ti...
-¡No sigas! -grito Ana.- No tengo fuerzas para nada en este momento. Ahora entiendo todo... mis llaves, tú las habías cogido. No estás en tus cabales. ¡Ahora no es momento! ¡Ahora no es la situación!, Pedro ha estado a un paso de morir, ¡¡¡¡ y todo o por mi culpa!!!!
-Ssshhh!  No sigas pensando eso ni por un momento más. Ha sido el destino. El accidente, lo nuestro...
-No hay nada... lo nuestro no puede ser. -Ana rompió a llorar como una niña desconsolada.-
Ramón no sabía qué hacer, y tras unos segundos de silencio decidió marcharse. Ana no podía dejar de llorar, aquel apetecible baño relajante se había convertido en un martirio. Decidió acostarse y dejarse llevar por el tiempo.
Al día siguiente Ana no quería aparecer por el hospital ni tampoco conectar con nadie que tuviese nada que ver con Ramón, así que decidió llamar a Sandra, la hermana de Pedro. Sandra era una niña, tenía 25 años pero siempre tenía una sonrisa despreocupada para cualquier situación… era muy extrovertida y quizás la haría ordenar sus pensamientos. En resumen, Ana pensaba que sería una buena terapia tener una charla con ella y poderse desahogar con alguien ajeno al ambiente del hospital.
Llamó a Sandra y quedó con ella en una cafetería del centro donde podrían hablar tranquilamente. Sandra acababa de llegar desde Barcelona donde está realizando su interminable carrera de veterinaria, y había pasado la Nochevieja con sus amigos. Estos siempre andaban de fiesta en fiesta y tomaban cualquier momento como el mejor para organizar una fiesta. A las cuales, claro está, Sandra era la primera en apuntarse.
Al encontrarse se abrazaron efusivamente, ya que no se habían visto desde el accidente de Pedro. Sandra le pregunto por lo ocurrido y se interesó por el estado de Pedro, y quedaron de acuerdo en pasarse por el hospital a visitarlo en cuanto se pusieran al día.
Mientras tanto en el hospital, Ramón no podía dejar de pensar en la noche anterior. ¡La había cagado! Pero ahora ya era tarde… ya no podía volver atrás. Concluyo en sus cavilaciones que en cuanto viera a Ana hablaría con ella.
Patricia y Rafa, estaban tomando el café de su pausa. Y comentaban la buena evolución de Pedro tras el accidente. -Ya le han quitado a Pedro la mayoría de las máquinas  y están intentando que inicie la recuperación mañana mismo. Es un milagro que después de ese accidente se vaya a recuperar tan pronto, creo que mañana o pasado le pasaremos a planta para que pueda empezar con todo el proceso de ejercicios y pruebas- aseguró Rafa. Patricia tuvo que volver a sus tareas de limpieza y marchó.


-Pues como ya te habrán contado tus padres, la colisión se produjo con otro vehículo que venía en sentido contrario, y los bomberos tuvieron que sacar a Pedro del coche porque quedó atrapado. Al principio temíamos por la movilidad de sus piernas, pero la suerte y el buen hacer de Olga han conseguido que ahora mismo podamos ser muy optimistas. Además tu hermano es muy fuerte y cabezota, ya sabes que cuando se propone algo lo consigue. – Ana ponía al día a su cuñada. Sandra miró a Ana con esa mirada cómplice que solo las amigas consiguen entender.
-Pero bueno, cuéntame de que querías hablar Ana, estoy para ayudarte en lo que necesites y tú lo sabes.
-Si Sandra, esto, yo…
-No me lo digas, ¡mi hermano volvió a emborracharse y discutisteis! –Si bueno, no es exactamente así. Tu hermano se emborrachó como de costumbre pero ese no es el problema. El problema es…-Ana rompió a llorar, y sollozando entre mormoteos explicó a Sandra todo lo ocurrido el día de Año Nuevo. Le contó lo del video, el mensaje de Whatsapp, la situación tan humillante en su casa cuando despertó a Pedro, la llamada telefónica, etc.
Sandra no podía dar crédito a sus oídos. Pero cómo te ha podido engañar ese gañán. Cómo ha podido acostarse con tu mejor amiga... ¡aggggghh! Solo de pensarlo se me revuelven las tripas. Será cabrón el muy cerdo. ¿Y tú que le dijiste?
Ana no podía parar de sollozar. Sabía que le quedaba por contar la peor parte de la historia. Sabía que había cometido una estupidez al acostarse con Ramón, pero en el fondo estaba orgullosa por haber devuelto la moneda  a ese “semental”… ¡Será puta! Encima lo llama semental. Como si no tuviera bastante con habérselo tirado. Las blasfemias y ganas de capolar a Pedro recorrían la cabeza de Ana como un torbellino. Estaba fuera de sí y no podía dejar de llorar, a la par que sin darse cuenta estaba descargando toda la tensión y la rabia acumulada  esos  días anteriores.
-¿Pero que piensas hacer ahora Ana?, tendrás que decírselo a mis padres. Esto no puede ir a más…
-Ana volvió a sollozar como una niña.- Ese es el problema… aún hay más… yo también he sido una estúpida y me he dejado llevar, las copas, el ambiente, mi soledad, la noche se convirtió en una nube oscura y maliciosa y también me tiré a Ramón.-
Sandra no podía entender nada. Todos aquellos sucesos, de repente, recién llegada de Barcelona. Aún no había visto a su hermano y Ana estaba mormoteando cosas que no entendía sin poder dejar de llorar. Ella intentaba entender cuáles eran las ideas que cruzaban por aquella cabeza tan desordenada, quería ordenar toda aquella maraña para comprender lo que Ana le intentaba explicar.
Vamos a ver Ana, tienes que calmarte. Así no vamos a ningún lado, no entiendo nada de lo que dices.
Sandra se levantó a coger unos kleenex del bolso y apretó la cabeza de Ana contra su torso. Intentaba sofocar aquella explosión de ideas que no entendía de ningún modo. Le extendió un pañuelo y esperó a que Ana se calmase.
-Yo no quería, fue una cosa espontánea. Ramón vino a mi casa, después de la operación y de todo aquel caos el día del accidente. Él solo quería hacerme compañía, cenamos, tomamos una copa, otra… el ambiente era agradable. Estábamos recordando viejos tiempos y olvidando un poco todas las horas anteriores. Solo recuerdo que al despertar Ramón estaba en mi cama. Yo no podía creerlo, como había podido pagarle a Pedro de la misma forma… como había podido después de aquel terrible accidente.- Un poco más calmada, Ana intentaba explicar a Sandra todo aquel zarapuezo que se había montado en su ausencia. Pero Sandra lejos de entender estaba cada vez más segura de que aquella Nochevieja no había sido una Nochevieja normal. Algo había desatado todo aquel disparate de acontecimientos. Ella estaba segura de que Ana no quería a Pedro como antes. Era normal, su hermano estaba hecho un botarate de mucho cuidado, era el desorden personificado y no era muy atento con Ana últimamente. Pero tampoco culpaba del todo a su hermano, como es normal la sangre tira mucho... Ella quería averiguar cuál había sido el desencadenante de todo aquello.
-Vamos a ver Ana, ¿y a Pedro se lo has contado?
-Cómo se lo voy a contar en su estado. Además, ayer notó que yo olía al perfume de Ramón. Eso me dejó petrificada cuando entre a verle a la UCI. No supe cómo reaccionar y me marche apresuradamente. No sé lo que voy a hacer. Necesito serenarme y pensar.
-¿Y qué piensas hacer? Porque la que habéis liado es pequeña… más que el año nuevo parece que haya llegado la primavera. ¡Estáis todos más salidos que el pitorro de un botijo! –Sandra con su sorna habitual, pero intentando quitarle hierro al asunto era especialista en volver las situaciones a favor de lo que pretendía. Y ahora mismo lo único que pretendía era ayudar a aquella persona a la que ella quería desde siempre. Su relación era y había sido siempre muy cordial, y ella sabía que podía contar con Ana para lo que hiciese falta. Su dinamismo le ayudaba a moverse como pez en el agua en situaciones adversas y por eso tomó una decisión.
-Vamos a ver Ana, ¿tú quieres a Pedro?
-¡Pues claro! Ya lo sabes.
–Vale, ¿y a Ramón?
-Qué cosas dices Sandra. Ramón es mi amigo, pero nunca lo he visto como otra cosa. Si, es atractivo y divertido, pero eso no quiere decir que pueda pensar más allá. Además ya sabes que yo soy muy tradicional, no me imagino la situación de tener que cambiar toda mi vida de un plumazo.-
Pues entonces está muy claro, hablas con Ramón y se lo explicas. Le dices que tú quieres a Pedro y que lo que ocurrió fue un desliz. Que para nada se haga ilusiones de nada más.
–Sí pero anoche estuvo en mi casa
-¿Ya estamos otra vez?
-Si Sandra, es más complicado de lo que parece. El me cogió las llaves de mi bolso, y cuando estaba en la bañera entro sin hacer ruido y se acercó hasta mí. Me dijo que me quería y que siempre me había querido. Es verdad que Ramón siempre ha sido muy simpático conmigo, pero yo no pensaba que el estuviese colado por mí. El es muy apuesto y ligón, pero sin saber cómo despierto en él un instinto animal.
-Pues bueno, eso tiene solución, si quieres yo hablo con Ramón y se lo explico todo.
–No Sandra, no quiero mezclarte en esto ni hacerte pasar por esas situaciones. Soy yo la que me he metido y seré yo quien lo solucione.

Pedro estaba con sus padres en la visita de la mañana y cuando estos salieron entraron Sandra y Ana. Las dos cómplices hicieron ver que no pasaba nada. Ana ya mucho más tranquila, intento aclarar los hechos acaecidos en el accidente. Pero Pedro estaba un poco cansado y no tenía ganas de hablar de aquello en ese momento. Se le veía inocentemente feliz al lado de sus dos seres más queridos. Sandra le dio un pequeño refrotón con la palma de la mano en la cabeza.
–Hay Pedrito, Pedrito… las que lías en tus ratos libres…
-Pues si Sandra, ya ves que faena he hecho. Por todo lo alto, como los buenos toreros…- Sandra y Pedro rieron a carcajadas y a Pedro le entro esa tos que entra cuando te acabas de estampar contra otro coche y llevas todo el cuerpo magullado.
Pedro miró a su hermana feliz, y de repente se acordó de todo lo de aquella mañana. No pudo evitar fruncir el ceño y mostrar un semblante preocupado. Sandra se dio cuenta al instante y no pudo evitar mediar en aquel ambiente contaminado.
–Pedro, Ana me lo ha contado todo. Eres un cabrón, pero ahora no es el momento de tratar ciertos temas, ¿verdad Ana?-
-¡Ejem…! No…  Tienes razón Sandra, es mejor que te recuperes y ya quedará tiempo de hablar de esto cuando estés mejor.- Pedro, con una mirada cómplice lanzo a su hermana un GRACIAS que iluminó toda la sala de cuidados intensivos.
Afuera de la sala, el ambiente era distendido entre los presentes. Estaban los padres de Pedro. Antonio escuchaba y disfrutaba del buen ambiente que había entre los amigos de su hijo. Era capaz de estar en un sitio sin que apenas se notase su presencia, pero era el primero en estar ahí cuando se le necesitaba. Irene en cambio era más como su hijo. Torpe en algunas cosas y algo cotilla, pero buena persona. Ambos estaban orgullosos de sus dos hijos y también de poder contar con aquel grupo de chavales que quizás o seguramente habrían salvado la vida de Pedro. Al salir Ana y Sandra, el ambiente se torno en expectación para escuchar lo que Pedro les había dicho, y la impresión que les había causado. Comentaron los detalles y Antonio ofreció a todos los presentes un refrigerio en el bar más próximo.
Ana entraba a trabajar a las tres de la tarde, aunque su responsable directo le había dicho que se tomara el tiempo necesario hasta estar en plenas facultades. Pero ella necesitaba trabajar, deseaba desconectar de aquel tumulto de pensamientos que la atormentaban. Rafa hizo mucho más llevadero el turno y se encargó de no dejar a Ana desocupada en ningún momento, cosa que Ana agradeció porque las horas pasaron volando.

Era por la mañana cuando Ana subió a la habitación de Pedro a saludar a sus suegros, Antonio e Irene, y a ver como se encontraba Pedro. Mucho mejor después de haberle realizado todas las pruebas el día anterior para ver el estado de su columna y sus contusiones. Ana explico con paciencia a Irene que la lesión de Pedro era menos grave de lo pensado en un primer momento, y que su hijo podría volver a caminar sin grandes problemas. Necesitaba un poco de rehabilitación tras curar las dos vértebras que se había dañado, pero nada que no estuviese al alcance de la ciencia. Una vez que Ana hubo explicado todo, Antonio muy disimuladamente, ofreció  a Ana la posibilidad de quedarse un rato a solas con Pedro mientras ellos bajaban a la cafetería a tomar un café, y cariñosamente le ofreció a Irene la puerta para acompañarle. Irene un poco reacia en un primer momento, entendió que allí no había nada que hacer y que Ana y Pedro querrían estar a solas.
Ana fue la que empezó la conversación, que ya traía preparada. Tras cocinarla lentamente en su cabeza los últimos dos días, desde su encuentro con Sandra, que además de ayudarla a desahogarse y ordenar sus ideas, le dio ese empujón que necesitamos las personas para plantarnos ante una situación con decisión. –Pedro… se que lo tuyo con Olga fue una equivocación, pero tenemos que rehacer nuestra relación. Yo no puedo estar con esta incertidumbre día sí y día también. Necesito que hablemos de lo nuestro tranquilamente y poder renovar las ganas con las que empezamos esta relación. Recuerdo los primeros días, el instituto, mis ganas por estar contigo a todas horas.  Eso es lo que yo quiero para nosotros.-  Pedro no podía ni mirar a Ana, pero al tiempo sentía una felicidad infinita de que Ana le pusiese las cosas tan fáciles. No esperaba lo que Ana tenía que decirle a continuación.
Ana intentó explicar los mínimos detalles de su historia con Ramón, y además hizo ver a Pedro que había sido una tontería por su parte y que no volvería a ocurrir, pero Pedro con su torpeza habitual no encajó muy bien el golpe recibido. Más bien pareció como que había vuelto al mismo coche para tener el mismo accidente en ese preciso instante.
Ana intentó por todos los medios que Pedro entrase en razones, pero su cabezonería no dejaba pensar a su parte racional. Era un cernícalo en toda regla, y en ese momento estaba expresándolo por todo lo alto. Ana empezó a molestarse porque no entendiera la situación, y porque no la perdonara como ella había hecho con él. Pero a su vez empezó a asaltarla una duda. ¿Qué hubiera ocurrido si Pedro no hubiera tenido el accidente? ¿Habría sido ella capaz de perdonarlo a él? Decidió que era mejor dejar pasar un tiempo y esperar a que Pedro lo asumiese. Y se despidió de Pedro con un seco –espero que puedas entender que todos nos equivocamos, pero si queremos luchar por lo nuestro debemos hacerlo juntos-
Ana no podía dejar de pensar en la cabezonería de Pedro. Por eso no dejaba de llorar, no sabía cómo hacerlo entrar en razón, no tenía claro que este accediera a lo que habían hablado.
Por su parte Pedro, estaba enfadado con Ana y no dejaba de darle vueltas a la cara de Ramón, si lo hubiese tenido cerca lo habría zarandeado.


Olga entraba de guardia esa tarde, así que decidió pasarse a por la habitación de Pedro para hacerle una visita y ver como estaba. Cuando llegó al hospital fue hasta el vestuario y allí estaba Ana, llorando como nunca había visto llorar a nadie.
-¿Qué te pasa Ana? ¿Por qué estas llorando, ha pasado algo con Pedro? ¿Se encuentra bien ?... Olga pensaba que Pedro había empeorado, o peor, que algo se hubiese complicado y… Ana empezó a hablar.
–Pedro y yo hemos tenido una discusión.- dijo entre sollozos.  A Olga le dio un bote el corazón, y fue de felicidad. Había pensado lo peor, y esta noticia le abrió una ventana de aire fresco.
– ¿Pero porqué habéis discutido?
-Yo no quiero hablar esto contigo, tú eres la culpable de que Pedro esté en esta situación. Tú eres la culpable de que nosotros tengamos que discutir…-Ana estaba fuera de sí, no sabía ni lo que había dicho.  Estaba confusa y enfadada, no tenía nada claro.
Olga decidió dejar aquella sala y no seguir discutiendo con Ana. No estaba con ánimo de empezar su turno de trabajo acalorada debido a aquella discusión. No entendía porque Ana la culpaba solo a ella de aquella situación. Pedro también había tenido algo que ver… ¿acaso el no había contribuido a su romance? Y era la segunda vez que hablaba con Ana del tema y no había acercamiento de ningún tipo, cada vez la entendía menos. Comprendía que Ana llevaba unos días de infarto, los diferentes sucesos que se habían desencadenado habían sido un tornado en la vida de Ana. Pero eso no le daba una carta blanca para jugar con sus sentimientos. Ella se podía haber equivocado, pero no toda la culpa había sido suya.
De repente Olga esbozó una sonrisa, se estaba acordando de Pedro la noche de Autos. La había hecho sentirse una completa  mujer, y le había dado momentos de placer como nadie antes lo había hecho. Olga se ruborizó al notar una humedad en sus muslos, que le hizo flojear las piernas y detenerse un momento a respirar profundamente.
Olga abrió la puerta de su habitación y allí estaba Pedro, acostado sobre su cama, con la sabana por encima de la cintura y su torso desnudo. Olga volvió a notar esa flojera en las piernas, esos recuerdos volvieron a su mente. La persiana de la habitación estaba a media altura, y una luz tenue entraba por ella. Olga se acababa de cruzar con los padres de Pedro que se marchaban a comer. De repente una perversa idea recorrió su cabeza. Intentó borrarla de su cabeza –Estás loca, eso no puede ser. Estás en tu puesto de trabajo.- pero las hormonas hacían muy bien su trabajo, y el recuerdo de la grosería de Ana acabó de aclarar la situación. Olga se acercó a Pedro, su cara era un encanto, Pedro no era muy apuesto pero tenía unos rasgos cuando estaba enfadado que a Olga la hacía sentir intrigada, era una cara que a ella le parecía divertida y encantadora.
-Hola Pedro, ¿qué tal estás hoy?... Pedro se alegró de ver a Olga, era una diosa, esos labios carnosos, ese físico imponente la hacía una mujer muy atractiva.

Vaya panorama…

domingo, 16 de febrero de 2014

Y el autor de "Sabor a café" es...

Vamos a desvelar quién ha sido el escritor de este fantástico relato. Arranca la "Colección Cupido" con él y estamos encantados de que así haya sido. Es una historia genial que desde el principio te engancha. En este caso con final feliz. Ha sido un honor poder comenzar esta andadura de este modo y un privilegio el tenerte en nuestro elenco de escritores aficionad@s. Hemos descubierto una faceta tuya que muchos no conocíamos. Eres una caja de sorpresas Mercedes Comín Diarte.
Este es su perfil de facebook para que podáis felicitarla si os ha gustado el relato:
https://www.facebook.com/mer.comin

Seguimos esperando vuestros relatos, así que ya sabéis. También esperamos recibir alguna portada para la "Colección Cupido".
Mañana nuevo capítulo de "Nuestra historia". "Vaya panorama" se titula, no digo mas...

Nos leemos mañana. Besetes para tod@s.

viernes, 14 de febrero de 2014

Colección Cupido: Sabor a café

Hola a todos. Estamos de estreno y tremendamente ilusionados. A partir de hoy los viernes subiremos vuestros textos de temática "sanvalentinera": amor, desamor, reencuentros, rupturas, reconciliaciones, rechazos, engaños, fantasía, pasión, erotismo, etc. Todo lo que puede abarcar el amor. Hoy lo hacemos con una joya que os va a encantar. Su aut@r se revelará el domingo a las 20 horas para seguir con la dinámica emprendida con Nuestra historia. Así que deberéis esperar para felicitarl@.
Todavía podéis enviar vuestras historias a nuestra dirección de correo: zarracatalla@gmail.com. El plazo inicial era el 28 de febrero, pero es meramente orientativo. Solo necesitamos saber antes de esa fecha si hay alguien escribiendo un texto para darle fecha de publicación y poder programar un poquito las subidas.
También podéis enviarnos una portada para la publicación en la que debe aparecer Colección Cupido, Zarracatalla Editorial y Varios autores. Lo demás sois libres de componerla como queráis. El viernes 28 de febrero subiremos las que hayamos decidido y elegiremos una.
En cuanto a la duración del texto también hemos recibido varias preguntas. En principio debéis configurar word con el interlineado sencillo (1), fuente Times New Roman, tamaño 10 y el papel en A5 y entre 20 y 30 páginas (Archivo/ Configurar página/ Papel/ A5). Pero entendemos que cada historia debe tener su duración, ni la alarguéis y la comprimáis demasiado. Si con seis páginas habéis contado lo que queríais es suficiente. Si tenéis problemas para configurar el procesador de texto tampoco pasa nada, escribid la historia como os sintáis mas cómodos que esto es simplemente porque os hagáis una idea de la duración, pero ni mucho menos es un imperativo.
Explicado todo esto os dejo ya con la lectura de esta semana. Espero que la disfrutéis.





Sabor a café 

Cuando la vi del brazo de su padre,  caminando lentamente hacia al altar, con esa música de fondo y observada por tanta gente que vestía sus mejores galas, me di cuenta, que por fin, lo nuestro se acababa.
No pude evitar ir a verla, aunque algo dentro de mí, quizá el angelillo que dicen que llevamos en nuestro hombro derecho, me decía que no fuese. Que iba a dolerme tanto verla allí… que no podría sacarme esa imagen de mis retinas.
Preferí escuchar a mi corazón, a mi esperanza, y poder verle la cara. Descifrar la situación y ver si sus ojos desprendían felicidad, y sin más, me marcharía a refugiarme en el rincón más oscuro de nuestra habitación.
O por el contrario, seguía deseándome…

                Vivo en el centro de Zaragoza, en una zona donde igual te encuentras a plena luz del día  un sinfín de tiendas de “mírame y no me toques”, que a plena noche, de un martes cualquiera,  unos cuantos celebrando que no tienen nada más, que una miserable adicción.
Muy cerca de allí, está mi cafetería, en la que paso la mayor parte del tiempo. En la que cada mañana a eso de las once, pasaba ella a tomarse el café de mediodía. 
Café con leche, descafeinado de máquina, con la leche fría y dos azucarillos. Palabras que, con los días, fueron tomando más importancia para mí.
La verdad es, que yo nunca pensé en fijarme en una chica como ella. Tenía una melena morena y estaba  algo rellenita. Muy guapa de cara, y muy expresiva. Vestía siempre de negro y blanco, supongo que sería el uniforme de la tienda donde trabajase.
No teníamos conversación más allá, de la de pedir el café, servirlo, cobrarle y desearnos buenos días con una agradable sonrisa.
Una mañana, vino con la mirada triste, yo diría que había estado llorando toda la noche. Pidió su café, echó el azúcar y removió millones de veces,  cómo si el azúcar de esa mañana, no quisiese deshacerse.  Tenía la mirada perdida en la nada.
-¿Qué te ocurre hoy? ¿No lees el horóscopo del periódico?
¿Cómo? ¿A mí que me importa que esa chica no lea hoy el periódico?, y es más, ¿por qué sé que lee el horóscopo cada mañana?
-No.
Me contestó bastante seria.
-Lo siento, no quería meterme donde no me llaman.
-Oh, no. Perdona. Tengo un mal día. No quería ser grosera. Quizás lo lea más tarde, Gracias.
Dios mío, ¡qué guapa! me quedé mirando sus ojos verdes que estaban a punto de rebosar unas lágrimas. Se ruborizó, no sé si por mi indiscreción o por lo tajante que había sido en su respuesta.
Cogió la taza, bebió el café de un trago, dejo el dinero sobre la barra, y se marchó.
Al día siguiente, cuando pasaban ya de las once y media, me di cuenta que todavía no había venido, y pensé que igual le había sentado mal mi inoportuno comentario, y habría ido a cualquier otro bar de la zona. Mientras pensaba esto, me pidieron un par de cafés, y me puse a prepararlos. Cuando estaba de espaldas, poniendo las cucharillas en los platos, oí su voz, y me giré para comprobar si era ella.  Esbocé una sonrisa y he de reconocerlo, me alegré de verla allí.
-¡Hola! ¿Lo de siempre? -¿cómo? ¿Lo de siempre? ¿Desde cuando sabía yo qué era lo de siempre?
-Sí, gracias.
Me empezaron a temblar las manos, cosa rara en mí, he hice el café como siempre.
No podía evitarlo… Quería saber más, me apetecía acercarme a ella, y hablar un rato. De lo que fuese, del tiempo, de trabajo, de cafés, de su maravillosa sonrisa… de lo que fuese.
-Aquí tienes, tu café.
Con una sonrisa, cogió el plato y lo acercó más hacia ella.
-¡Ah! Y hoy invita la casa. –Para eso era mía la cafetería, para invitar a aquella persona que despertase en mí, esas ganas de verla cada día.
-Gracias, pero no es necesario.
Desde detrás de la barra, cogí aire, extendí mi mano y dije:
-Soy María, encantada. –Si, María, así me llamo.
-Yo Elena. Igualmente.
-¿Trabajas por aquí?
-Sí, claro, de ahí el uniforme.
-Qué tonta, por supuesto. –Miles de mariposas revoloteaban por mi estómago, y debían de haber subido hasta mi cerebro, porqué allí estaba, mirándola sin seguir la conversación.
Removió el azúcar, dio dos tragos, leyó el periódico, y…
-Bueno, gracias por la invitación. Y hasta mañana.
Seguía allí parada, sólo me salió un tímido adiós.
Cuando desperté al día siguiente, me tiré de la cama, me duche, y en lugar de hacerme la coleta, me pasé las planchas, me puse un poco de maquillaje, y me eché mi mejor colonia, sólo tenía ganas de que amaneciese, y llegase la hora de verla.
Esa mañana, como siempre, en su rato del descanso, paso a verme, bueno, quiero decir, paso a desayunar, y ya pude establecer una conversación un poco más normal. Aunque mis mariposas seguían campando a sus anchas.
-Deberías invitarla a salir o al cine de una vez, ¿No crees?
-¡Cállate Fran! -Fran es mi empleado, mi amigo. El único que de momento se ha dado cuenta que vengo a trabajar de diferente manera.
-Sólo te digo, que no sabes nada de ella. Apostaría que no sabes ni donde trabaja.
Es cierto, no lo sé. Me quité el mandil. Cogí mi chaqueta y salí a buen ritmo de la cafetería. Giré a la izquierda, que es por donde ella siempre iba, y empecé a mirar escaparates, aunque no me fijaba en ellos, sino a ver si detrás de todas esas cosas expuestas, encontraba a Elena.
Allí estaba, atendiendo a una señora, de mediana edad, que iba acompañada de una joven. No lo pensé mucho, entre en la tienda y esperé mi turno.
Mientras esperaba. Miré a mis lados, y empecé a pensar que es lo que iba a comprar, o que es lo que le iba a decir.
Había muchas cosas, muchos objetos de regalo. Plumas, marcos de foto, figuritas, postales…
-Hola María, ¿Qué te trae por aquí?
Balbuceando, cogí el primer objeto que me alcanzó la mano y le dije:
-Venía a comprar uno de estos. –Mientras, miraba que es lo que había elegido y vi que era una espantosa figura.
-¿Sólo una?
-Sí, es para regalar.
-Normalmente, estos regalos, son detalles de eventos, bautizos, bodas, comuniones, y no se suelen vender sueltos, van en cajas de varias unidades.
- … si, eso…. Quiero… quiero varias unidades, una caja para ser más exacta.- Me titubeaba la voz, no sabía ni para qué era, ni que iba a hacer con ellas… pero las quería.
-Eh, esto… María. –Me rozó tímidamente la mano- ¿Quieres pasarte esta tarde a la hora del cierre? Te invito a tomar algo, y te puedo ayudar a buscar otro regalo.
No sé si sabía que estaba pasando. O sí. Sí que lo sabía. Bueno, no estoy segura.
Mi estómago decidió empezar a dar vueltas. Estaba paralizada mirándole la mano, a la altura de su pierna y pensando si había sido una casualidad. Levante la cabeza, y mirándola casi de reojo contesté.
-Sí, me ayudas. Me paso esta tarde, perfecto.
Caminé hacia atrás hasta que topé con una estantería llena de cosas. Afortunadamente, no tiré nada. Abrí la puerta, salí y volví a buscar sus ojos verdes. Aunque enseguida volvió al catálogo y a atender a la señora.
De camino a la cafetería, me falto volar. Habíamos quedado, y había sido ella la que me lo ha pedido a mí. Ya verás cuando se lo cuente a Fran- Pensé
                Antes de las ocho de la tarde, ya estaba allí, con mi pelo recién lavado, unos vaqueros ajustados, y unas botas con algo de tacón. Me puse una blusa que realzase más mi cuerpo,  un abrigo con cinturón, para que marcase bien mi cintura. Y la esperé en la puerta. Miré a través del escaparate y la vi allí, a sus cosas sin que ella supiese que la estaba observando. Se me hicieron eternos los minutos.
Un minuto antes de la hora, ella levanto la mirada, y me miró. Me echo una sonrisa y se metió en la trastienda. Al momento se apagaron las luces. Mientras salía rebuscando en el bolso las llaves para cerrar la puerta, me dijo:
-Hola, ¡qué puntual!
-Hola. Si, tenía muchas ganas de verte.
No aguataba más. Tenía que decirle que no había dejado de pensar en el roce de su mano, en su invitación, en ella…
-¿Te parece bien que vayamos al paseo? Allí hay muchos bares, y estamos un poco más alejadas de aquí.
¿Cómo no me iba a parecer bien? Me parecía estupendo.
Estuvimos hablando de un montón de cosas, pero todas de carácter muy general. De películas, de libros, del mal tiempo que estaba haciendo. Pero he de reconocer que ninguna nos acordamos de hablar del regalo que yo tenía que comprar.
Se hacía tarde, nos levantamos de la mesa y salimos del bar. Lejos de despedirnos, comenzamos a andar y seguíamos hablando y riéndonos. No quería que pasase el tiempo. De pronto le dije que tenía el coche ahí cerca, y era muy tarde. Ella se quedó parada, se le borró la sonrisa de la cara y me dijo que no, que cogía el autobús. Cuando insistí más, me dijo que tenía que contarme una cosa. Y sólo con el cambio de su expresión, noté que algo no iba bien.
                Eran las seis y media de la mañana, no tenía ganas de levantarme de la cama, pero tenía que ir a trabajar. Me levanté, recogí mi pelo en una coleta, me lavé la cara y salí de casa.
Abrí la cafetería, encendí todas las luces, y comencé a rellenar las cámaras. Se abrió la puerta y antes de que pudiera ver mi cara, con un tono triunfador, comenzó la ronda de preguntas.
-Fran, no estoy de humor. Termina de bajar las sillas y trae más paquetes de café, el molinillo está casi vacío. –Pensé que con eso, sería suficiente para evitar que mi amigo mantuviese su boca cerrada.
-Venga María, que nos conocemos, ¿Qué tal anoche?
-Mal, muy mal. Te lo resumiré para que lo entiendas y dejemos la conversación. Está a punto de casarse con él. Su novio de toda la vida. El hijo de los mejores amigos de los padres. Así que no hay nada que hacer.
Fran, que si hubiera podido hubiera metido la cabeza en el molinillo, no volvió a preguntarme nada.
Eran las once de la mañana, estaba a punto de llegar. Me puse el abrigo, y deje a mi amigo al frente de todo. Quería dar una vuelta y que el maravilloso cierzo, me despejase las ideas.
A las doce, volví a mi puesto de trabajo, y a los pocos minutos entre café y caña, me dijo en voz muy baja, que no había venido. Seguí así toda la semana.
Pasaron casi dos meses, cuando de pronto, una mañana, volví a oír su voz entre todas las conversaciones del bar.
Me giré, nos miramos y me dijo:
-Un café con leche, descafeinado e máquina, con la leche fría y dos azucarillos, por favor.
Mi mundo se vino abajo, y le pedí a mi amigo, que le sirviese el café.
Observé que tenía los mismos ojos que el primer día que me fije en ella, tan llenos de lágrimas, como de tristeza.  Me metí a la cocina, y comencé a llorar.
-Sólo la conozco de unas horas Fran, pero las mejores horas de mi vida.
Mi amigo me abrazó, me seco las lágrimas, y me dio una nota. Salió mientras yo leía la nota.
“Me gustaría volver a verte”
Elena
Salí de la cocina,  y la vi marcharse. Cuando iba a salir de la barra, Fran, me cogió del brazo y me dijo que le había dejado su teléfono. Y que sólo si salía a buscarla en ese mismo momento, me lo diese.
Me apresuré en mandarle un mensaje. No tenía nada que perder. Quedamos esa misma tarde, a las ocho, cuando ella salía de trabajar. Nos volvimos a mirar entre las figuritas y los carteles de ofertas del escaparate, y nuestra mirada lo decía todo.
Cerró la puerta, me dio dos besos, y comenzamos a andar hasta el mismo bar de aquella noche.
-No he podido olvidar aquella noche, María. He dejado pasar el tiempo, pero no he logrado olvidarte.
Madre mía… en ese momento, no sabía qué hacer, ni que pensar. ¿Qué quería decir eso? Para mí eran buenas noticias, pero ella no lo decía con buena cara.
-He dejado a Jorge. No podía seguir con él teniendo estas dudas, y menos a 6 meses de la boda.
-¿Por mí?  - ¡Qué pregunta, María! Claro que por ti.
-Nos hemos dado un tiempo.
¿Qué decirle cuando me está diciendo la mujer más guapa del planeta, que ha dejado a su novio plantado a seis meses de la boda por mí?
-Me gustas. --¿Qué? ¿Quién ha hablado por mí, ahora? Yo sólo lo estaba pensando.
-Vámonos de aquí.
Salí del bar, sin saber a dónde íbamos. ¿Dónde me llevaba? Sin mediar palabra, y a paso muy ligero, la seguía. Anduvimos un par de calles, y llegamos a un portal. Entramos  y subimos a la segunda planta, abrió una de las puertas del rellano, entramos a casa, y dio dos vueltas de llave. Seguía sin decirme nada. Me miró un buen rato, yo abrí los ojos con cara de no saber que estaba pasando, y en ese momento, me agarro la cara y me besó. Me quede inmóvil, y sin saber reaccionar, cuando se apartó, se llevó las manos a la boca y más allá de arrepentirse, repitió.
Mientras me quitaba el abrigo sin separarme de sus labios, íbamos yendo hacia el salón. Allí dejé mi bolso y las llaves del coche que llevaba en la mano. Cuando me giré ya no estaba, pero vi al fondo del pasillo la luz tenue de una mesita de noche. Fui hacia ella, y efectivamente. Estábamos en su habitación, donde pasé la mejor noche de mi vida.
                A la mañana siguiente, me despertó un olor a tostadas recién hechas, y el ruido del exprimidor. Abracé la almohada y olisqueé su perfume. Suspiré mientras saboreaba la felicidad. 
Me levanté, y allí estaba, con una bata de hace mil años, toda despeinada y haciéndome el desayuno. La abracé.
Nos sentamos en la mesa y seguíamos riéndonos mientras cogíamos fuerzas. Estaba todo buenísimo. Era perfecto.
Nos arreglamos, nos besamos, nos pusimos los abrigos y salimos de su piso. Fuimos andando hasta la puerta de su trabajo, donde me dio un beso en la mejilla y me dijo que luego se pasaba. ¿Se pasaba? ¿Por dónde? ¡Mierda! Por la cafetería, ¡Fran!
Eché a correr, mientras sacaba el móvil de mi bolso. Un montón de llamadas pérdidas y mensajes. Cuando llegue allí, estaba el bar “manga por hombro” mientras seguía preparando tapas, y demás él solo.
-Lo siento, lo siento, lo siento…
-¡Calla y ayúdame! Pero luego me cuentas. –Y se echó a reír.
Recogí todo lo deprisa que pude, y serví a los clientes que llevaban un rato esperando. Pobre Fran.
Cuando nos juntábamos en la barra, me intentaba sacar información rápida. Pero no solté prenda hasta que no tuvimos un rato para contarte lo maravillosa que había sido la noche.
                Ya era casi la hora, estaba a punto de venir, y estaba hasta nerviosa de volver a verla. Su pelo, su forma de remover el café… no podía pensar en otra cosa.
Abrió la puerta del bar, y desde la otra punta, le pregunte.
-¿Lo de siempre? – Sí, esta vez sí. Ahora sí que sabía que era lo de siempre.
-Sí, gracias.
Le lleve el desayuno, pero también el periódico abierto por la página del horóscopo.
Dejó el dinero en la barra, y se marchó.
Nos enviamos decenas de mensajes a lo largo del día. Y volvimos a quedar esa tarde. Esta vez, vino ella a buscarme, y nos quedamos allí. Le dije a mi amigo, que podía irse antes, que ya cerraba yo. Y aceptó encantado.
Recogí, cerré el bar, pero nosotras nos quedamos dentro. Apagamos las luces, y volvimos a besarnos en la oscuridad.
Así fueron pasando los días. De escondite en escondite. Mi casa, era ya casi su casa. Tenía cosas suyas por todos sitios. De hecho, un mes más tarde,  ya la llamábamos nuestra habitación.  Todo me recordaba a Elena.
Era jueves, y estrenaban en el cine una película que tenía muchas ganas de ver. Le propuse ir juntas, y no contestó al mensaje.
Pasé por la tienda y vi que no había nadie. Entre a verla un rato. Cuando sonaron las campanitas de la puerta, como que entraba alguien. Se oyó su voz diciendo:
-Voyyyyy
Cuando se retiró la cortina de la trastienda,  y salió, le vi los ojos y la cara hinchados. De haber llorado.
-¿Qué te pasa cari?
-Tenemos que hablar, María.
-Claro, dime. ¿Qué te pasa?
-No, aquí no. Mejor cuando salga de trabajar, paso por el bar.
No sé qué podría pasarle, era todo maravilloso, nos entendíamos, nos queríamos…
Luego lo entendí.
Cuando cerré el bar, mientras me ayudaba a recoger todo, me contó lo que le pasaba. Había vuelto a verle.
Se me escapó de las manos la escoba, noté como mi corazón se paralizaba, mis ojos se convertían en un mar de lágrimas y necesitaba estar sola. Me apoyé en una de las mesas, y le pedí que se marchase. Para ella, esto sólo había sido un juego, pero para mí, había sido diferente.
Estaba paralizada viendo cómo se ponía la chaqueta y  se colgaba el bolso. Sacó su melena que se había quedado dentro del abrigo y abrió la puerta de cristal. Se giró y secándose las lágrimas me dijo:
-María, Te quiero. Pero no debo tirar tantos años y las ilusiones de nuestras familias, por algo que nunca van a aceptar de mí.
Cerró la puerta y se marchó.
Jorge era una persona que no tenía problemas de dinero, un hijo de papá. Tenía unas cuantas empresas y viajaba mucho. Además era un chico atractivo, casi rubio, ojos claros, un cuerpo perfecto y un coche para cada ocasión. Lo tenía todo, menos a ella.
 Mientras nosotras nos amábamos, mientras yo pensaba que lo nuestro había cogido el rumbo de una relación, él estaba de viaje de negocios de un país para otro, sin llegar a creerse que Elena, le había dejado.
Al día siguiente, casi a la hora del cierre,  cuando reaccioné a lo que había pasado, decidí pasarme a verla. Necesitaba algún tipo de explicación.
Cuando entré en la tienda, y las campanillas de la puerta sonaron,  levantó la cabeza y se quedó mirándome. Se levantó de la silla y vino hacia mí. Me abrazó.
-María necesitaba verte, pero no sabía que decirte cuando descolgases el teléfono.
Yo estaba muda, sin saber que decirle. Agarré su cintura y la apreté correspondiendo a su abrazo. Se apresuró en cerrar la puerta de la tienda. Me cogió de la mano, y nos metimos en la trastienda. Me volvió a besar. En su mirada notaba el deseo, pero también sus dudas.
-Necesito que me digas lo que pasa. No sabía nada de ti desde anoche. –Le dije cogiéndole la cara.- ¿Has vuelto con él?
Los segundos se hicieron eternos, y después de una pausa, sus brazos se desprendieron de mis hombros, me dio la espalda y me contestó.
-No es fácil explicarlo, María. Te deseo. Me gusta estar contigo. Esta mañana cuando ha sonado el despertador, he visto que no estabas. Pero le he visto a él.
Dios mío, han dormido juntos.
-¿Has vuelto con él? –Repetí.
-No es que haya vuelto con él. Es que nunca le dije que lo nuestro se acababa.
-Me mentiste. –Mi corazón se arrugó. Dejó de latir.
-Él se iba unas semanas de viaje, y quería estar segura antes de decírselo.
-¡Pero no se lo vas a decir! Hoy habéis dormido juntos. Me mentiste.
Salí de la trastienda, abrí la puerta y antes de marcharme, me agarró por el brazo y me forzó a volverme.
-Dame tiempo María. No sé cómo enfrentarme ni a él, ni a mi familia. Esto es nuevo para mí.
-Déjalo Elena, -Le dije con voz entrecortada- No hay tiempo. Te casas en tres meses y te has enamorado de una mujer. Jamás tendrás tiempo suficiente para aceptarlo y decírselo.
-Quiero seguir viéndote.
-Elena, de verdad. Déjalo. No voy a seguir con esta farsa. Sólo he sido un juego, una novedad. Tú tienes tu vida, y yo la mía.
Se oyó un claxon de un coche, me giré y vi a Jorge que había venido a recogerla. De un golpe seco, quité mi brazo de su mano. Y comencé a andar sin mirar atrás. Cada paso que daba, me alejaba más de Elena.
Antes de llegar al bar, oí como alguien venía corriendo hacia mí. No me importó quién era. Hasta que escuché mi nombre, en una voz que no había escuchado nunca. Era Jorge.
-¡María! ¡María!
No tuve tiempo de reaccionar. Era él.
-¡Hola María! Soy Jorge, el novio de Elena, la chica de la tienda. –Estúpido, ¿te crees que no sé quién es Elena?-No quería molestarte, sólo quería conocerte. Elena no hace más que hablarme de ti. Y sentía curiosidad por saber quién eras.
¿De qué va esto?
-Pues ya me conoces. Encantada.
Comencé a andar, cuando volví a escuchar a mis espaldas a Jorge.
-Gracias por quedarte estos días con ella.
De lejos vi cómo se acercaba Elena hacia nosotros.
-¡Vamos Jorge! –dijo ella mientras llegaba-
Yo con las manos en los bolsillos y parada frente a él, observando esta situación, sin saber que pasaba y cómo reaccionar.
-Bueno lo dicho María, Encantado de conocerte. Y gracias otra vez por estar estos días con ella. Eres una buena amiga.
¿Amiga?
Ella se agarró del brazo de él, y fueron hacia el coche. Me quedé mirando cómo se alejaban.
                A la mañana siguiente, casi a las once, volví a acordarme de ella. No paraba de mirar el trozo de barra dónde se sentaba cada día a desayunar. La amaba.
-¡María!
Me gritó Fran casi en el oído. Lo miré mientras empecé a notar que la mano me quemaba.
-¿En qué estás pensando? Hace rato que la leche que hay en la jarra se ha calentado.  -Había rebosado, y me había puesto perdida.
-¿En qué voy a pensar, Fran? Es casi la hora.
-No puedes estar así. Vete a casa, descansa y vuelve esta tarde. Te vendrá bien dormir un poco.
No le pude decir que no. No quería estar allí para verla entrar. Pero tampoco quería perderme el único rato al día que la veía.
Al llegar a casa, me puse el pijama y me metí en nuestra habitación.  Desde allí comencé a mirar su lado de la cama, a oler su perfume en la bufanda que se había dejado. Me derrumbé.
Me costó más dormirme, que el rato que había dormido. Me levanté, me duche y me recogí el pelo en una coleta. Me puse el abrigo y baje a la calle.
Eran las siete de la tarde, y solíamos cerrar sobre las diez. Así que sólo volvía para ayudar a mi amigo a cerrar y recoger todo. Cuando llegué sólo había una pareja en una mesa. Estaba todo tranquilo y limpio. Mi amigo esperaba que se hiciera la hora para cerrar e irse a casa.
-Tienes mejor cara, ¿Has descansado?
-Sí, algo. Tú, por el contrario tienes un cara… -Dije sonriendo—
-Venga María. No es para tanto. Sólo la conoces de un tiempo y tú eres muy fuerte. Seguro que encuentras a otra. –Me dijo Fran mientras me ofrecía un chupito-
Detrás de ese trago, llegaron dos más. Y más tarde, cuando cerramos la cafetería, siguieron otros cuantos. A ratos reíamos, a ratos lloraba y mi amigo me consolaba. Se nos hizo muy tarde.
                Fran, que no vivía en el centro, y tenía que coger el coche para ir a casa, iba igual de perjudicado que yo. Y le ofrecí quedarse en casa. Él, soltero de nacimiento. Aceptó encantado.
-¡Tendrás que dormir en el sofá! No hay más que una cama y es la mía. –Le dije mientras intentaba atinar en la cerradura.
Mientras él estaba en el baño, preparé dos jarras bien llenas de hielo, y saqué una botella de ron. Puse la televisión y dejé el canal de la teletienda, tampoco había mucha opción a esas horas.
Bebimos un par de tazas cada uno, cuando empecé a verle más atractivo de la cuenta. Era hora de irnos a dormir. Saqué una manta del armario, para que no pasase frío. Cuando volví ya estaba dormido. Menos mal.
Me fui a mi habitación, y sin quitarme ni la ropa me eche encima de las sábanas donde Elena y yo, habíamos pasado las noches. ¡Cuánto la quería! Y como la echaba de menos.
Oía el despertador a lo lejos. Pero quería seguir entre sus brazos, besándonos y rozándonos sinfín. De repente la voz de Fran dándome los buenos días,  hizo darme cuenta que sólo estaba soñando.
Pasaron los días, las semanas. Y yo, seguía pensando en ella. Cada mañana, cuando se acercaban las once y pasaban las once y media, y seguía sin venir, la notaba un poco más lejos. ¿La estaba olvidando?
En ese mismo instante, cuando el reloj llegaba casi a las doce. Noté une escalofrío. Cerré mis ojos y pedí al cielo, que cuando me diese la vuelta no fuera ella. Ya casi no me dolía cuando alguien me pedía dos azucarillos o la leche fría.
-¡Hola! -Titubeé mientras la miraba.
-¡Hola! ¿Me pones lo de siempre?
Estaba a unos días de su boda. Tres exactamente. Y había venido a verme. ¿Porque?
-Te preguntarás porqué vengo después de tanto tiempo. –Levanté mis cejas y se entendió perfectamente que la respuesta era afirmativa- Me apetecía un café y volver a verte.
-Muy bien. ¿Descafeinado, verdad?
-Sí, como siempre.
Preparé el café mientras me enfadaba, eché la leche fría mientras se me pasaba el enfado, y se lo puse en la barra  mientras se despertaba en mí lo poco que había dejado de sentir.
-Gracias. –Me dijo mientras dejaba dos euros en la barra.
-No hace falta. Invita la casa. –Llevé hacia su mano la moneda y rocé tímidamente sus dedos.
-María, ¿Volveré a verte?
No contesté. Me di la vuelta y me metí a la cocina, no quería que me viese llorar. Cuando salí, ya no estaba. Miré a Fran y moviendo la cabeza de un lado para otro me dijo que no. Se había ido y esta vez no había dejado ninguna nota.
                Era hoy. Eran las malditas once y media de la mañana. ¿Porque me había vestido e iba camino de esa iglesia?
Cuando la vi del brazo de su padre,  caminando lentamente hacia al altar, con esa música de fondo y observada por tanta gente que vestía sus mejores galas, me di cuenta, que por fin, lo nuestro se acababa.
Cuando pasó por mi lado, su mirada se cruzó con la mía. Fueron eternas las cosas que nos dijimos. Me levanté, salí de la iglesia y eché a correr hacia el bar que estaba enfrente.
Pedí un ron con hielo. Y me senté en la esquina de la barra del bar mirando los hielos. Cogí el vaso, le di un par de vueltas y bebí un poco. A mi lado se sentó alguien. No me importó lo más mínimo. Dejé el vaso y seguí mirando cómo se mezclaba el ron. Cuando de pronto la persona que tenía a mi lado, levantó la mano al camarero y pidió.
-Un café con leche. Descafeinado de máquina. Con la leche fría y dos azucarillos.

Levanté mi cabeza, la miré y allí, delante de la clientela del bar, nos dimos el beso más dulce de la historia. 

jueves, 13 de febrero de 2014

Conocemos a nuestro sexto escritor

Como todos los jueves vamos a conocer la identidad del autor del capítulo de esta semana que ha titulado "El cuerpo del delito". Es el sexto de la saga y en él nos presenta a un nuevo y entrañable personaje: la "señora María", vecina de Ana. Además de dejarnos un final más que interesante.
Agradecerle como no su predisposición desde que le hicimos la proposición de escribir este capítulo. Un enorme placer poder contar con ella en nuestro elenco de escritores:
Andrea Sánchez Izuel.
A continuación os dejo su perfil en facebook para que la conozcáis y podáis felicitarla. Gracias de nuevo.
https://www.facebook.com/andrea.sanchez.1004837?fref=ts
Os emplazo a todos para mañana a las 20 horas, que estamos de estreno. Arranca la "Colección Cupido". Todos los viernes mientras sigamos recibiendo vuestros escritos subiremos uno para nuestro deleite. Comenzamos con una joyica titulada "Sabor a café", a mi personalmente me ha gustado mucho. Espero que a vosotros también. Y recordaos que si alguien tiene dotes artísticas y se quiere currar una portada para la colección estaríamos encantados de poder ponerla en el blog con cada publicación.
Mañana nos leemos.
Un besete a tod@s.

martes, 11 de febrero de 2014

¡5.000 visitas!

¿Estamos locos? Pues claro que sí. Como no vamos a estarlo habiendo superado esta fantástica cifra en tan poco tiempo. Vuelvo a agradecer a todos nuestros seguidores su fidelidad y sus muestras de apoyo que nos llegan semana tras semana. Esto se está convirtiendo en una sana costumbre. Cada semana aproximadamente estamos de celebración. Hoy para festejar esta importantísima cifra vamos a compartir un vídeo de unos amiguicos del blog, que también nos siguen, y que han querido sumarse a la fiesta permitiéndonos subir este vídeo. Son O´Carolan y este tema se titula "El mar del arpa" que forma parte de su disco "La llave de los sueños". Ya pudimos disfrutar de ellos en la Bodega del Ayuntamiento de Luceni no hace mucho tiempo. Así que 5.000 veces gracias.
Recordad que el viernes subiremos la primera entrega de los relatos de San Valentín. A las ocho de la tarde como siempre. Si alguien creativo nos envía una posible portada para los textos de San Valentín la adjuntaremos en el blog para darle algo mas de glamour.  Seguimos creciendo, en visitas y en contenidos. Un besete para tod@s.



https://www.facebook.com/ocarolan su perfil de facebook para que los conozcáis. Un placer.


lunes, 10 de febrero de 2014

Nuestra historia. Capítulo VI: El cuerpo del delito

Lunes de nuevo. Sé que cada vez somos más. Se que esto sigue creciendo y creciendo. Somos una zarracatalla de gente ansiosa de descubrir como continúa Nuestra historia. Así que aquí os dejo con la sexta entrega de la saga. Un muy buen capítulo en el que conoceremos a un nuevo y entrañable personaje que se une al Universo Zarracatalla y que contará con un final.... esto es demasiado chavales, como se está poniendo la cosa. Un besete y a disfrutar. Luego lo comentamos en nuestro perfil de facebook.



VI.- EL CUERPO DEL DELITO

Ana, fruto de un combinado mental explosivo, a base de ingredientes pesados de digerir, tales que, el lamento del pasado que le arrastra a un miedo al futuro, se bloquea en ese instante y no ve otra salida que la puerta de la habitación de Pedro. Situación que no pasa desapercibida para Pedro, quién, al ver a Ana desconectada de la situación se arranca a llamarla, como si tuviera ésta que aterrizar de un breve viaje a las nubes.

-¡Ana! ¡Cielo! ¡Hooooooooola! ¿Estás ahí? 
Ana seguía perpleja, con la mirada perdida hacia el frente, sin otro punto de atención que la puerta de la habitación. Pedro vuelve a alzar la voz pero esta vez unos tonos por encima de su tono habitual.

-¡Anaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Qué piensas? ¿Estás bien? No entiendo nada cielo…Estábamos conversando y me estabas ayudando a recordar quiénes me habían venido a visitar y creo que lo último que me estabas intentando explicar es que al parecer mi don olfativo ha despertado del accidente un tanto despistado porque no he reconocido el perfume de Ramón y “¡zassss!” te has quedado callada cariño. Sé que lo has pasado muy mal y puede que estés colapsada por todo lo ocurrido pero hemos de plantearnos esto como un borrón y cuenta nueva.

Ana al margen de la reflexión ingenua de Pedro sólo aterriza de su breve viaje a las nubes y de los reproches mentales que atormentan sus pensamientos, para ladear su cara levemente y apretar la mano de Pedro para decirle:-Pedro me tengo que ir, descansa.

Pedro ajeno a la verdadera situación que aturde a los pensamientos de Ana, no le da mayor importancia: “Siii, claro que si Pedrito, eres un machote. Y claro que con Ana todo volverá a ser lo que era. Y que lo que acaba de ocurrir es algo normal estando todo tan  reciente. No hay más que dejar pasar el tiempo para que las aguas vuelvan a su cauce”. Sin embargo ese pensamiento es tan objetivo como él mismo se cree o más bien es una idea subjetiva, proveniente de un varón práctico, un tanto inmaduro y confiado en que el perdón de Ana, sólo será cuestión de un tiempecito de “pico y pala” trabajando la reconquista… 

Ana camina por los pasillos del hospital rezando no encontrarse con Ramón, con la mirada puesta al frente sin otro pensamiento que el de abrir su taquilla, coger su bolso y largarse a su casa. Soñaba con tumbarse en el sofá, taparse con una manta, fumarse un cigarro (solo fuma en estados de puro nerviosismo) y llamar a su madre por teléfono.
Durante el camino no dejaban de invadirle recuerdos, anécdotas y en definitiva momentos buenos, malos y regulares de su relación con Pedro, la infidelidad de él y de paso la suya, e intentaba poner en orden sus ideas para poder contarle todo lo acontecido a su madre (más bien amiga consejera de Ana).
Por fin llega a su portal y mete la mano sin mirar en el bolso, algo característico en mujeres que llevan maletas por bolsos, para coger sus llaves de casa. Ana sigue rebuscando por todos los bolsillos de su “maxi” bolso y… “las llaves no están”.- Argggg pero qué narices he hecho yo con mis llaves, esto es lo que me faltaba para acabar el día, pues claro que no, que solo me pasa porque no estoy en lo que debo de estar.- Marmoteaba Ana quién se respondía a sí misma. 
Ana permanece inmovil en su portal intentando recapitular todos los movimientos desde que recogió sus cosas de la taquilla hasta que llegó a casa, y es que, pese a que no pasa por un buen momento, es una mujer bastante metódica y organizada.- A ver Ana piensa, piensa, piensa “¡joderrrr!”, que tú no pierdes las llaves tan fácilmente. He abierto mi taquilla y sí, ahí estaba mi bolso, me lo he colgado al hombro y no lo he abierto ni una sola vez hasta este preciso momento. Y no, las llaves no están… Pues nada, no va a quedarme otra alternativa que por suerte llamar a mi vecina de enfrente y pedirle el juego de llaves que le di cuando me mudé a este apartamento, y es que si algo soy es previsora…- Ana seguía hablando en alto mientras pulsaba el timbre de la señora María, una mujer viuda que vivía sola en compañía de sus macetas, sus periquitos y sus hijos y nietos durante las comidas domingueras. 

“Din-don, din-don” 

- ¿Quién es?- pronunció a través del portero automático Doña María, con un acento maño bien arraigado, y es que nació en un “pueblico” de la Ribera Alta del Ebro.
-Señora María soy Ana, “la vecina”, ábrame por favor, no llevo llaves.
-“Hijica”, empuja la puerta que te abro.
La Señora María tan alegre y hospitalaria como de costumbre, espera a Ana bajo el marco de su puerta con una sonrisa tan tierna que por un momento Ana al abrir el ascensor y verla allí se olvida del momento por el que pasa.
-Señora María, siento mucho molestarla a estas horas, pero no me ha quedado otra opción que llamarla.
-Cariño no tienes que disculparte, los jóvenes de hoy en día lleváis una vida muy estresante y estas cosas es normal que pasen. Anda pasa que tengo unas sopas de ajo y una merluza en salsa muy rica que te templarán el cuerpo y de paso me haces compañía un ratico corazón.- La Señora María era muy larga y notó en Ana cierto decaimiento y un rostro desmejorado que le hacía pensar que ésta no atravesaba un buen momento.
-No de verdad, se lo agradezco en el alma, pero necesito descansar, no tengo ganas ni de cenar. Voy a meterme en la cama y mañana será otro día.–Ana ya ni se acordaba de la llamada que tenía pendiente a su madre, con la pérdida de las llaves al parecer ya no le quedaban fuerzas ni de llamar por teléfono.
-Ana, “hijica”, algo tienes que cenar y como sé que si te dejo marchar a tu casa no lo vas a hacer, te pido por favor que no me hagas el feo. Anda pasa hazme el favor…
-Bueno me ha convencido, muchísimas gracias Señora María, es usted una persona muy buena. Tengo que decirle que a pesar de pasar poco tiempo en el vecindario por mi trabajo, mis guardias, mis urgencias…en fin, mi vida en conjunto, sé que tengo una vecina inmejorable y que es, como si tuviera viviendo enfrente a la abuela que no tengo.
-Bueno hija, una ya ha vivido todo lo que tenía que vivir y ahora solo me queda ayudar en lo que puedo a los que me rodean, que vivís desenfrenados y una no tiene otro que hacer que el de ayudar. Bastante tenéis los jóvenes con la que está cayendo…Yo no querría volver a nacer en estos tiempos.
Ana siempre esbozaba una sonrisa, cuando oía hablar a Doña María y es que todo lo que su viejita vecina decía estaba envuelto de una gran sabiduría, sabiduría llamada “experiencia de la vida”. 
- ¿Está rico? 
-Mummmmm no me ve que no articulo ni palabra jajaja, está buenísimo. ¡Ay María! No hay nada mejor que la comida de puchero a manos de una cocinera bien curtida como usted.
- Jajaja ya sabes que tienes tu plato en esta casa cuando tú quieras, y yo agradecida de que me hagas un rato compañía, de verdad que sí.
La Señora María, sabía que Ana no estaba bien, que algo ocultaba, algo que la decaía, algo que le hacía pensar. Pero ella no era la típica persona mayor que intentaba cotillear la vida de los demás por aburrimiento y por ello no quería lanzarle preguntas intimidatorias para lograr saber que le que ocurría. Si algo tenía la Señora María es que era muy prudente. Así que simplemente le lanzó unas sabias palabras.
- Anita hija mía, vida solamente hay una, o por lo menos solo conocemos una. Así que ponle una sonrisa a los problemas porque al único problema al que no se le puede poner sonrisa es a la muerte. Todo tiene solución y si no la hay, pues se cambia de rumbo y se mira hacia adelante. Aprovecha la vida, que es muy bonita y no te estanques en lo malo. Rodéate de lo bueno y de los buenos.
Ana escuchaba con gran atención a María, sabía que tenía razón en lo que le decía. Y sabía de sobras que la Señora María había notado en ella que no pasaba por su mejor momento y es que la cara es el espejo del alma.
- Tiene toda la razón pero Señora María me resulta tan difícil llevarlo a la práctica. Sé que usted no me dice estas palabras porque sí. Se que usted ha notado que no me encuentro muy bien, que digamos. Ahora mismo tengo la cabeza saturada y no me encuentro en condiciones de explicarle, aunque sé que de usted iba a recibir los mejores consejos. Necesito meditar, necesito tiempo. Sí tiempo, esa es la palabra. Tiempo que me haga ver las cosas desde un punto de vista más objetivo, sin rencor y sin remordimientos. Le prometo que le contaré Señora María, pero es eso, necesito tiempo.
-Hija no tienes que prometerme nada. Tú ya sabes dónde estoy y que tienes a esta viejecita siempre que la necesites.
- ¡Ay Señora María! Se lo agradezco tanto…Muchas gracias por esta comida y este rato, ha logrado sacarme una sonrisa. Ahora sí que sí, me paso a mi casa a darme una duchita, ponerme el pijama y descansar, lo necesito con todas mis fuerzas. 
-Sí cielo, toma tus llaves. Ahora me quedo tranquila de que hayas metido sustancia al cuerpo.- Y con un beso en la frente la Señora María despidió a Ana.
Ana, por fin, estaba en casa, después de un día, más que ajetreado, o por lo menos lleno de emociones. Ana dejó el bolso y su abrigo, como de costumbre, en el perchero del recibidor y mientras avanzaba por el pasillo aprovechaba para quitarse la ropa y arrojarla al suelo. Ya en el baño, dejó correr el agua sobre la bañera y aprovechó para desprenderse de la braguita y el sujetador, espolvorear unas sales minerales sobre la bañera, encender unas velas aromáticas y crear la situación perfecta para relajarse, sumergida en el agua y disfrutando de unas caladas a un pitillo. Ana lo estaba consiguiendo, estaba llegando al éxtasis, un orgasmo de relax, mente en blanco, desnuda, agua borboteando y piel envuelta en espuma. 
Ana con los ojos cerrados ajena a cualquier ruido que no fuese el burbujeo del agua, no se percataba de que alguien había entrado sigilosamente en su apartamento. Alguien que la estaba observando. Alguien que la conocía muy bien. Alguien que le había quitado las llaves de su taquilla y que iba sin otra intención que la de mantener la conversación que tenían pendiente desde aquella tórrida noche…Sin embargo, él estaba olvidándose del motivo por el que estaba en casa de Ana, por segundos, y su temperatura al contemplar aquella escena estaba haciéndole imaginar…y volver a pecar, Ana para él era el cuerpo del delito.
Ana de repente nota un ligero calor, calor que desprende alguien que respira rozando el lóbulo de su oreja produciéndole un cosquilleo que recorrió todo su cuerpo. 
Ana abrió los ojos como si de un sueño se tratase y ahí esta. Es él. Ramón.

jueves, 6 de febrero de 2014

Desvelamos la identidad de nuestro quinto escritor

¡Jueves! Día de sorpresas. Me encantan los jueves. Hoy desvelamos la identidad del autor del capítulo de esta semana. El quinto de la saga titulado "Estoy de vuelta".
Agradecerle como siempre su máxima implicación con este proyecto, su rapidísima entrega y su predisposición total. Gracias, ha sido un placer descubrir esta faceta tuya. Y eso que ya conocíamos otras muchas relacionadas con el arte. Con todos vosotros:
María Elena Arenas Gimenez.
Aquí os dejo el enlace a su perfil en facebook para que podáis felicitarla como se merece. Gran capítulo que nos hace entender mejor el mundo interior de los personajes y sus relaciones. Y con un final de los que nos encantan. Ahora esperemos que te animes con un relato un poquito mas largo y personal para San Valentín. Comenzamos el próximo viernes día 14 a publicar vuestras obras.
https://www.facebook.com/e.sabbie?fref=ts
https://www.facebook.com/esleir.luceni?fref=ts (este es el de Esleir, del cual forma parte y ya los hemos tenido también por aquí).

lunes, 3 de febrero de 2014

Nuestra historia. Capítulo V: Estoy de vuelta

No os quiero entretener. Os dejo con la lectura de este fantástico capítulo.


V.- Estoy de vuelta­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­_______________________________________________


Ana y Olga, a pesar de desear con toda su alma estar cerca del paciente, salieron de la habitación y dejaron que el médico y su equipo hicieran su trabajo. Sabían perfectamente cómo comportarse en esos casos.
La puerta de la UCI se cerró y Pedro quedó tras ella mientras le hacían los chequeos oportunos.

Las dos amigas se encontraban solas, en silencio. Fue el silencio más largo y tenso que jamás habían experimentado. ¡Llevaban toda la vida juntas! Y ahí estaban…como si fuesen unas completas desconocidas. 
Olga rompió el hielo: -Ana, yo…
-No Olga. No digas nada.-dijo Ana sin levantar la cabeza- Los últimos acontecimientos me han hecho pensar mucho y cuestionarme muchas cosas. Incluso nuestra amistad. No sólo fue culpa tuya pero…¿cómo pudiste? Sabes lo que siento por Pedro, ¡tú siempre has formado parte  de nuestras vidas! De todas formas…-Ana, por primera vez en varios días, miró a Olga a los ojos- ahora mismo, a pesar de la rabia y la impotencia que siento por lo ocurrido, sólo puedo estarte agradecida. No me quiero ni imaginar lo duro que debió ser para tí estar en quirófano mientras Pedro se debatía entre la vida y la muerte. No podía haber nadie mejor a su lado en ese momento. Gracias Olga.
Olga tenía los ojos llenos de lágrimas. Miró fijamente a su amiga y las dos se fundieron en un abrazo.
Justo en ese momento llegó Ramón. Sin verlo, sabían que  estaba allí. Su fragancia siempre le acompañaba. Jamás cambiaba de colonia. Al verlas en esa situación se temió lo peor. No tuvo fuerza para seguir caminando. –Chicas…qué ocurre…¡qué está pasando!
-Pedro ha despertado. –Dijo Ana. –Ahora están los médicos con él y luego debe descansar.
Poco a poco fueron llegando todos al hospital. Los primeros en llegar fueron los padres de Pedro. Su madre se aferró a Ana y no la soltaba mientras le decía: -¡Ay mi niña! ¡Mi Ana! ¡Pedro no se ha ido!
Ana no sabía muy bien cómo reaccionar. La cabeza le daba mil vueltas. Allí estaba Pedro, al otro lado de la puerta, luchando por vivir, ¡luchando por ella! y  al fondo de la sala, hablando con Rafa estaba Ramón. Tan apenas habían cruzado un par de miradas en toda la mañana. Por supuesto, ni una palabra. Finalmente fue Patricia la que decidió que ya era hora de comer y que después tal vez les dejasen ver a Pedro un momento. Todos tenían unas ganas enormes de abrazarle. 

La comida fue menos tensa de lo esperado. Todos estaban aliviados. El estrés vivido en las últimas horas poco a poco se iba disipando. Incluso Rafa se atrevió a bromear para que el ambiente fuera más distendido y lo consiguió. Por fin los amigos sonreían. Bueno, sonreían todos menos uno. Ramón estuvo toda la comida especialmente pensativo y lo que era más raro todavía: callado. Esto, claro está, no pasó desapercibido. Olga comenzó a chincharle, pero ni por esas. Ramón seguía serio. Se excusó diciendo que estos días habían sido muy tensos también para él. Que a pesar de intentar mantener el tipo, se encontraba muy afectado por todo lo ocurrido y que era ahora cuando lo manifestaba. A todos les pareció una respuesta de lo más lógica. Aunque tal vez Ana tuviera sus dudas de que eso fuese completamente cierto.
Salieron del restaurante, un lugar al lado del Rock & Blues, donde la comida casera era la seña de identidad y fueron de nuevo al hospital. Patricia y Rafa los habían dejado un rato antes porque tenían turno de tarde. Quedaron en pasarse a preguntar por Pedro en cuanto tuvieran un rato libre.
Ana caminaba lentamente. –Chicos, id por delante. Necesito que me dé un poco el aire. Ahora subo.
Ramón la miró interrogante, pero ella le devolvió una mirada tranquilizadora.

¡Ana no podía más! ¡Le iba a estallar la cabeza! No hacía nada más que pensar en la noche pasada con Ramón. ¡No recordaba prácticamente nada! Esto la atormentaba más y más. Ahora se ponía en la piel de Pedro. Con lo que a ella le dolió la infidelidad de Pedro y Olga…¡cómo podía haber hecho lo mismo! Y Pedro…¡había estado a punto de morir! Ana sólo tenía ganas de despertar y de que todo hubiese sido un mal sueño. 
Con un andar taciturno, casi sin darse cuenta, llegó al hospital.

Pedro mientras tanto, seguía inmóvil en su cama, algo más cómodo, con menos tubos y pitidos a su alrededor pero sin dejar de pensar desde que había despertado:
-Uf…me duele la cabeza…¿y esto del brazo? Ah, vale, es el gotero. Estoy agotado…¿y mi móvil? ¡Ana me estaba llamando y no he podido contestar!...Me duele todo el cuerpo…¿y el otro coche? Todo está difuso, pero creo que me golpeé con otro coche. Ana…Ana…mi Ana…si Ana no está conmigo, de poco me sirve estar vivo.  ¿Qué demonios estoy pensando?. Ana es mi mundo, cierto, pero la vida me brinda otra oportunidad. Ana…mi vida…

Ramón se quedó en las proximidades de la entrada al hospital acompañando a Olga mientras se terminaba el cigarrillo antes de entrar. Los padres de Pedro ya habían subido a verle. Era justo que fueran los primeros en estar con él. Sus amigos lo harían después.
En el instante en que   Olga y Ramón se disponían a entrar al hall, llegó Ana con la mirada infinita. Ramón le tocó el brazo: -Ana, ¿podemos hablar un momento?
A Olga no le extrañó que los dos amigos se quedaran charlando. Después de todo, por qué le iba a extrañar. Era demasiado intenso lo vivido por todos desde que empezó el año. Lo más normal es que Ramón tuviera que desahogarse con alguien. Todos lo hacían con la dulce Patricia, pero Ramón prefería hacerlo con  otro del grupo.
-Ana, lo de esta noche… -dijo Ramón.
-¡Lo de esta noche no tendría que haber sucedido! ¡Me siento la persona más ruin del mundo! ¿Cómo he podido estar recriminándole a Pedro su comportamiento? Incluso he hecho que se encuentre en esta situación. ¡Casi ha muerto por mi culpa! Y voy yo y pago con la misma moneda. Ahora mismo no puedo hablar de lo de esta noche Ramón. 
-¡Ana! Espera por favor, no subas todavía. No puedes culparte por lo ocurrido. Llamaste tú, pero podíamos haber llamado cualquiera. Pedro no debió mirar el teléfono mientras conducía. No te martirices por ello. ¡Tú no tienes la culpa! Respecto a lo de ayer…solamente déjame decirte que hacía tiempo que lo deseaba. Desde la otra vez que estuvimos juntos…no he conseguido sacarte de mi cabeza. Miro a todas, me entretengo con todas, pero mi pensamiento siempre vuelve a ti. Simplemente quería que lo supieras. Subamos a ver a Pedro.

Se abrió el ascensor y allí estaban todos. Los padres de Pedro ya tenían otro semblante más sereno. Habían podido estar unos minutos con su hijo y parecía que a pesar de quedar un largo y duro camino por delante, todo marchaba bien.
-¡Ya estáis aquí! Ana, hemos pensado que debes ser la siguiente en entrar. Además, Pedro sólo pregunta por ti. –dijo su suegra.
Ana abrió lentamente la puerta. Le temblaban las rodillas como cuando lo veía por los pasillos del instituto y sólo se dedicaban un tímido saludo. ¡Cuánto habían vivido juntos desde entonces! 
Se acercó a la cama, le tomó la mano y lo besó en la mejilla.
-¡Ana! 
-Ssshhh…tranquilo Pedro. No te alteres. Ya estoy aquí. Debes estar lo más relajado posible.
-Tengo tantas cosas que decirte Ana… (Ana pensaba que ella sí que tenía que contar, pero cómo, cuándo).
-Calma…ahora descansa. Ya tendremos tiempo de hablar.
- ¿Quién más ha venido? ¿Está Ramón? ¿Por qué no ha entrado esta mañana con Olga y contigo?
-¿Esta mañana? No Pedro, Ramón ha llegado después de haberte visto por la mañana.
-¿En serio? Juraría que había estado. He notado el olor de esa colonia tan peculiar que lleva cuando habéis entrado vosotras.
Ana palideció. Recordó entonces que si Pedro tenía un sentido desarrollado, ese era el olfato. 
Era ella. Era Ana la que olía a Ramón.


sábado, 1 de febrero de 2014

Superadas las 4.000 entradas

Ya hemos superado las 4000 visitas a nuestro blog en prácticamente un mes. Estamos muy contentos de como marcha la iniciativa. Además hoy mismo los amigos de Aragon Fin de Semana de Aragon Radio nos han invitado  participar en su programa.
Queremos celebrar nuestro momento con un regalito musical de los que nos gustan. En esta ocasión con la formación aragonesa China Chana, que ayer mismo nos permitieron colocar en nuestro blog su tema "De bar en bar", de su segundo trabajo "Que me quiten lo caminao". Les pareció muy interesante nuestro proyecto y accedieron a compartir el enlace. Así que gracias a estos pedazo de artistas que tan bien fusionan todo tipo de música
 Gracias también a todos vosotros por vuestro continuo apoyo.
Nos leemos el lunes, que Nuestra historia esta muy interesante.



De bar en bar