lunes, 21 de abril de 2014

Capítulo XVI. Destino diagnosticado

Lunes. ¡Ya estamos aquí de nuevo! Hoy un nuevo capítulo de Nuestra historia. Tras el intenso capítulo de Arancha Ruiz titulado "Cuerpos atados" en el que se describe el obsesivo secuestro de Ana por el perverso Ramón y su más que interesante conversación. Además nos suelta otro final tremendo que nos deja en vilo a la expectativa del capítulo de esta noche. ¿Qué pasará con Ana hoy de nuevo? ¿Será grave su situación? ¿Como responderá Ramón? Os dejo con la lectura. Nos leemos. Besetes a tod@s.



XVI.  Destino diagnosticado


Siguiendo las indicaciones que recibieron de Pedro en el hospital, Sandra y Rafa se dirigen a casa de Ana. Durante el trayecto hasta su casa, intentan localizarla en varias ocasiones sin obtener resultado alguno. Hasta entonces no estaban preocupados, pero al ver que Ana no respondía a sus llamadas, comenzaron a ponerse nerviosos y a hacer suposiciones.
Al llegar al bloque de Ana y después de insistir con llamadas continuas al portero automático, Sandra siempre tan positiva,  pensó en varias posibilidades del por qué Ana no contestaba
–Si no contesta es porque no escucha el sonido del timbre, ¿tal vez esté escuchando su MP3 a todo volumen? o ¿quizás esté en la ducha? ¡Ya lo tengo! ¡Está usando el secador de pelo!….
Y Rafa dándole vueltas al asunto de como poder entrar y llamar directamente al timbre de la puerta del piso se acordó de los vecinos de Ana.
–Bueno, podemos avisar a Mario o a la señora Maria. Recuerdo que son los vecinos con los que Ana tiene más contacto,  pero no sé el piso exacto en el que viven. ¿Lo sabes tú Sandra? –preguntó Rafa.
–Pues no tengo ni idea. Mario vive una planta más arriba que Ana, ¿cierto? Pues probemos uno al azar que esté en esa planta. Si Ana vive en el “4ºA” probamos en el “5ºA“, 5ºB” y si no en el “5ºC” ¿qué te parece?
–Buena idea, probemos.
Llamaron al “5ºA” y enseguida reconocieron la voz de Mario. – ¡Hola Mario! soy Sandra la cuñada de Ana ¿me recuerdas? Nos conocimos hace poco en el hospital.
-¡Si claro! La hermana de Pedro, ¡que grato escucharte de nuevo! ¿Ocurre algo? ¿En qué puedo ayudarte?
–Pues mira, resulta que desde ayer no localizamos a Ana y mi hermano está bastante preocupado, sobre todo porque le dijo que por la noche se pasaría por su habitación y ni lo hizo, ni sabemos nada de ella. Él me ha pedido que pase por casa para ver qué ocurre, pero ni siquiera contesta al telefonillo.
-¡Pues sí que es raro! pero ¡yo ayer no la vi en todo el día! ¡Ni tampoco la oí llegar por la noche! ¡Pero sube! ¡No que quedes abajo! Si realmente está en casa nos va a oír seguro, aunque tengamos que aporrear la puerta fuertemente.
-OK, gracias. Me acompaña Rafa ¡subimos los dos!

Ramón se quedó pálido al ver a Ana con las manos ensangrentadas, mirándole a los ojos y suplicándole ayuda -¡Dios mío! ¿Qué hago ahora? Esto se me está yendo de las manos-. Pensó Ramón.
Cargo a Ana en sus brazos y apresuradamente cogió el ascensor y bajó hasta el garaje. Con la ayuda de su rodilla y como pudo, desplazó hacia delante el asiento del conductor para poder acceder a la parte trasera y cuidadosamente  tumbó a Ana en los asientos traseros de su deportivo. Arrancó el coche y se dirigió a toda velocidad hacia el hospital.
Durante todo el trayecto Ramón no paró de hablar para intentar calmar a Ana ¿o más bien para calmar sus culpas? –Lo siento Ana, no pensaba que esto iba a suceder, debes de estar tranquila, llegamos en seguida al hospital, yo sólo quería hablar contigo y aclarar las cosas-. Ana permanecía detrás tumbada, sin poder articular palabra ni dejar de agarrarse el vientre con las dos manos.
Ramón, gracias a su trabajo de varios años como celador en el hospital, conocía perfectamente a qué lugar de este debía llevar a Ana para que la atendieran lo antes posible. Así que sin dudarlo subió la rampa de urgencias, volvió a cargarla y pidió ayuda inmediatamente.
El hospital materno-infantil se encuentra en el edificio adosado al hospital principal, lugar donde ambos trabajan. Esto le permite a Ramón no ser visto por ningún conocido, pero aun así, para tomar precauciones, en cuanto estuvo seguro de que Ana estaba bien atendida, volvió a su deportivo y desapareció rápidamente.
De vuelta a ninguna parte y con lágrimas en los ojos empezó a pensar en lo que había hecho, el por qué y en qué debía hacer para reparar el error.
–Nada, no puedo hacer nada. ¿Cómo voy a quedarme allí esperando?
Y buscando otra alternativa decidió avisar a alguien:
-¿A Pedro? –pensó-. ¡Ni de coña! -y sopesando las posibilidades decidió llamar a Patricia, de la que siempre echaba mano para estos casos.
-¡Hola Ramón! Me pillas comenzando el turno de trabajo por lo que no puedo entretenerme ni hablar mucho, dime ¿qué ocurre?
-Patri, no puedo explicarte mucho ahora, pero Ana está en urgencias de maternidad. Ha tenido una pérdida, no sé si será grave, espero que no. Te llamo para que avises a su gente.
-¿Qué? ¡Oh Dios! Entonces por lo visto, la sospecha de Olga era cierta, ¡está embarazada! ¿Y cómo está? ¿Qué le han dicho? ¿La han ingresado? ¿En qué planta?....
-Patri, ¡tranquila! No sé mucho más, la he dejado en buenas manos pero por motivos que ahora no vienen al caso no he podido quedarme con ella. Es una larga historia que ya te contaré. Tu, ¡por favor!, da el aviso al resto. Gracias Patri, nos vemos, adiós-y colgó sin más explicaciones.

-¡Ana, estás ahí!... ¡Ana!... Yo creo que no está, esto es raro. Igual salió temprano… o igual no durmió aquí…. ¿tiene algún otro sitio donde quedarse? -preguntó Mario.
-De los lugares donde ella puede quedarse, ninguna persona sabe nada -y sin darle tiempo de volver a repasar la lista de lugares donde Ana podría haber pasado la noche, el móvil de Sandra sonó.
-¡Es Patricia! No lo había pensado, seguro que Ana está con ella. ¡Hola Patricia! ¿Qué tal?
-Pues no muy bien, la verdad. Llamo para decirte que Ana está en el hospital…. Tranquila no es nada grave, probablemente una pequeña pérdida sin importancia, supongo que sabes que está embarazada ¿no? Es que no sé a quién llamar primero ¿Pedro está al corriente? ¿Y tus padres? Bueno, que sepas que estoy aquí en el hospital, que no me han dejado verla pero que está en observación. En cuanto tenga nuevas noticias me pongo en contacto contigo. ¡Ven en cuanto puedas!

-Doctor, dígame la verdad ¿he perdido al bebé? –preguntó Ana sollozando.
-Según la primera ecografía vaginal que te han realizado en urgencias, no, pero hay riesgo de aborto –le explicó la doctora-. De momento no debes ponerte más nerviosa y deberías estar varios días en reposo, pero como hemos comprobado que no tienes hecha ni siquiera la primera analítica del embarazo, vamos a aprovechar para hacerte varias pruebas, para lo cual vamos a subirte a planta. Primero debemos de saber la fecha de tu última regla.
-Bueno a ver… No suelo ser muy regular, pero estoy segura de que pasé con ella el puente de la Constitución… Así que un poco antes,  no sé, entre el dos y el cinco de diciembre –afirmó Ana, pues este cálculo ya le había tocado hacerlo antes.
-De acuerdo. Pues con estos datos vamos a comenzar. De momento haremos otra ecografía para comprobar cómo se encuentra el feto y viendo las medidas de esté podremos calcular aproximadamente de cuánto tiempo estas embarazada. Mañana a primera hora tomaremos la primera muestra de sangre. Ahora descansa todo lo que puedas.

-¿Sandra? Han subido a Ana a planta. De momento parece que no ha perdido al bebé, aunque no está fuera de peligro. Habitación 618, en la sección de embarazos de alto riesgo. Está bastante tranquila. Mañana le comenzarán a hacer pruebas. ¿Dónde andas? –preguntó Patricia
-Pues Rafa acaba de dejarme en la puerta del hospital y estoy entrando. Subo ahora mismo.
En uno par de minutos su cuñada se encontraba en la citada habitación junto a ella.
-Ana, ¿cómo te encuentras? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te ha traído Ramón? ¿Qué hacías con él? Te hemos llamado muchas veces y no te hemos localizado en casa. Estábamos muy preocupados -soltó Sandra casi sin respirar.
-Tranquila Sandra, ahora parece que todo está bien -y comenzó a contarle lo ocurrido a su cuñada-. No quiero que esta conversación salga de aquí. Llama a tu hermano y dile que al final estaba en casa, que no me enteré de las llamadas porque estaba tan cansada que dormí profundamente y más de la cuenta y que el móvil lo tenía en silencio. También le dices que lo llamo luego, que ahora estoy en la ducha y que tú te vas a quedar un rato conmigo. Y ves pensando en alguna otra excusa para poder alargar la mentira y justificar que no iré a visitarlo. En cuanto suba Mario y Rafa los pones al corriente de que Pedro no debe enterarse de momento de que estoy en el hospital hasta que no tenga más información. Y a tus padres cero patatero ¡que ni siquiera saben que estoy embarazada! -y a la vez que hablaba iba pensando si dejaba algún cabo suelto-. Y de lo de Ramón, lo dicho, ni una palabra.
Sandra inmediatamente llamó por teléfono e informó de todo a Pedro, tal y como Ana le había indicado. Parece ser que Pedro de momento se quedó convencido con su mentira y tras esto, bastante ocupado comunicándolo al resto de la familia, para que se quedaran más relajados y tranquilos.
-¡Cuídala mucho Sandra! No sé si sabes que está embarazada, supongo que te lo habrá contado –le indicó Pedro antes de colgar.
A la mañana siguiente comenzaron con todas las pruebas, trasladando de aquí para allá a Ana pero siempre con mucho cuidado. Y en un par de días subieron a planta para comunicarle los resultados.
-A ver Ana, hemos tenido que realizarte de nuevo una ecografía vaginal porque con la ecografía abdominal no veíamos el feto. Una vez conseguido ver el feto a través de esta ecografía, hemos comprobado que el bebé está bastante bien, aunque el latido de su corazón todavía no es regular. Hemos de informarte de que, si no hemos podido detectar el feto desde una ecografía normal es debido a que el embarazo no ha llegado a la octava semana, por lo que hemos deducido que no estas embarazada de tantas semanas como tú piensas.  Estás embarazada de seis semanas aproximadamente, probablemente echaste mal las cuentas.
Ana notó un dolor en el vientre, pero en este momento no era la molestia del bebé, sino su estómago encogido por la noticia y se entrecruzó una mirada con Sandra que estaba tan sorprendida como ella.
-¡Pero eso no es todo! -continuó la doctora-. Debemos repetir los análisis de sangre. Nos ha extrañado mucho haber detectado cloroformo en tú sangre. Qué sepas que esto no ha afectado al bebé porque no ingeriste o inhalaste una dosis inadecuada, pero deberás de darnos alguna explicación. Aunque ahora no, más tarde cuando haya terminado tu periodo de reposo, ya que esto no es lo más importante que tenemos que decirte –Ana callada y sobrecogida no podía quitarle la mirada a la doctora, como si de esta forma pudiera descifrar con antelación lo que le iba a decir. Pero en este caso ni la mejor adivina podría haber hecho tal predicción. La doctora continuó informando-. Debido a la intrusión de tal sustancia, con toda seguridad deberemos de repetirte los análisis ya que el cloroformo en sangre puede alterar los resultados de estos, y en este caso he de decirte qué  ¡ojala estos resultados sean erróneos, ya que nos diagnostican que eres portadora del virus VIH!

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